31 de July de 2021

Dólar, los devaluadores siguen perdiendo

En noviembre, el Banco Central volvió a ganar en el mercado de dólar futuro. Desde julio suma utilidades por 12.700 millones de pesos que, con un estimado de otros 2500 millones en este mes, alcanzarían en total más de 15 mil millones de pesos. ¿Hay ajuste económico? Lo que hizo CFK en su segundo mandato y lo que está haciendo el ministro Martín Guzmán.

Otro mes con ganancias del Banco Central y pérdidas del equipo devaluador. Noviembre reportó utilidades por unos 2500 millones de pesos al tesoro de la entidad conducida por Miguel Pesce por operaciones en el mercado de dólar futuro.

Ese monto se suma a los 10.200 millones de pesos acumulados en el período julio-octubre, meses en los que promotores de la devaluación brusca utilizaron artillería pesada.

Como se explicó en una nota anterior, ante la inquietud de este diario para saber qué estaba pasando en esa plaza tan sensible para alimentar expectativas de devaluación, un operador muy entendido del mercado de dólar futuro Rofex analizó las posiciones de compra y venta de julio a octubre. En estos días, ante el mismo pedido, hizo lo mismo para noviembre.

El saldo volvió a ser muy negativo para operadores financieros y mediáticos promotores de una devaluación. Del modo en que se está desarrollando la plaza en el último mes de este año, el Banco Central seguirá sumando muchos pesos de los bolsillos de quienes apuestan a una fuerte suba de la paridad oficial.

Desde julio hasta el mes pasado, las ganancias sumaron 12.700 millones de pesos que, con un estimado de otros 2500 millones en este mes, alcanzarían un total de más de 15.000 millones de pesos.

Ese monto es una de las razones -no la única- para entender la furia de financistas, empresarios y voceros de la city contra el gobierno de Alberto Fernández porque no devalúa fuerte. Están perdiendo mucho dinero en esa apuesta financiera y política.

Dólar futuro

Aunque parezca paradójico para personas alejadas de las finanzas, el negocio de dólar futuro no involucra billetes verdes. Por lo tanto no están en juego reservas del Banco Central.

Son transacciones que se cancelan en pesos sobre la base de la cotización oficial del tipo de cambio. Para algunos operadores es un negocio especulativo, para otros en cambio es una cobertura cambiaria, como para exportadores o importadores.

Se concretan sobre la diferencia entre el precio del dólar pactado y el que finalmente resulta del tipo de cambio oficial (comunicación BCRA A3500) en cada jornada hasta la fecha de expiración del contrato (fin de cada mes). Esa brecha se cubre en pesos; no en dólares, y se va saldando en cada jornada, a favor o en contra.

Es un mercado que refleja las expectativas de devaluación de financistas y agentes del comercio exterior. Lo hacen aplicando una tasa de interés implícita en las cotizaciones del dólar. En estos meses esa tasa en promedio ha estado como mínimo en el doble de la devaluación del tipo de cambio oficial.

En un escenario de estabilidad, la tasa de interés implícita y la tasa de depreciación de la moneda tenderían a igualarse, pero eso no ha pasado, lo que explica las ganancias acumuladas por el Banco Central.

Partido

En más de una oportunidad se ha mencionado aquí que las tensiones cambiarias seguirán y que unas semanas de tranquilidad en el mercado no significan que el partido con los devaluadores haya concluido.

En esa batalla que se extenderá hasta el último día del gobierno de Alberto Fernández es ilustrativo observar el actual comportamiento de la plaza cambiaria:

* La brecha que había superado el ciento por ciento el viernes se ubicó en 77 por ciento entre el tipo de cambio oficial (81,65 pesos) y el dólar contado con liquidación (144,90).

* El denominado dólar «solidario» (oficial + Impuesto PAIS 30 por ciento + pago a cuenta de Ganancias y Bienes Personales 35 por ciento) cotizó a 143,14 pesos por encima del dólar bolsa MEP (142,05) y casi al nivel del CCL (144,90).

* El dólar blue se transó 144 y 150 pesos en las dos puntas (compradora y vendedora).

* Las reservas del Banco Central dejaron de caer fuerte, aunque siguen bajando.

El blue llegó al máximo de 195 pesos el 23 de octubre pasado. La caída desde ese pico es de 45 pesos, casi 25 por ciento. Para quienes compran billetes verdes sin importar el precio es una oscilación más de la cotización. Sin embargo, para financistas que miden el costo de oportunidad de inversiones especulativas, ese retroceso implica un quebranto doble: la baja del precio más la pérdida de la rentabilidad en una opción financiera alternativa.

La pelota

En el terreno del juego cambiario, el frente de las reservas es el que todavía el equipo económico no ha podido cambiar la tendencia. El ministro Martín Guzmán está convencido de que el actual nivel de reservas es suficiente y de que en los próximos meses el Banco Central comenzará a sumar dólares.

Sacachispas entonces todavía no puede gritar el gol del triunfo, que será cuando las reservas del Central empiecen a aumentar y cuando la brecha se ubique como máximo en el 50 por ciento. Pero la pelota está cada vez más cerca de entrar al arco de los devaluadores.

Antes o después de ese momento, se debería eliminar el innecesario 35 por ciento de pago a cuenta de impuestos para que la nominalidad de los tipos de cambio descienda otro escalón. Sin ese cargo el dólar «solidario» se ubicaría hoy en 106 pesos. Con una brecha máxima de 50 por ciento, el CCL cotizaría en 122 pesos.

Frente a la ansiedad de muchos, la paciencia de Guzmán está entregando resultados positivos, como el acuerdo con acreedores privados, la reconstrucción del mercado de la deuda en pesos, el avance de las negociaciones con el FMI y la relativa recuperación del control de la plaza cambiaria. Esa paciencia también forma parte de la estrategia de reducción de la brecha cambiaria.

El verdadero ajuste

En estas semanas ha continuado el debate intenso acerca de las características de la política económica del gobierno de Alberto Fernández. Por derecha e izquierda, cualquier medida es definida como parte de un «ajuste».

El ajuste, el que está buscando la conducción política del poder económico, fue evitado al desarticular las maniobras especulativas para forzar una devaluación brusca.

La historia económica local enseña que los ajustes más severos que han castigado a los sectores populares han sido los provocados por intensas y continuas subas del tipo de cambio.

Confundir medidas coyunturales en contextos adversos (la doble pandemia: la herencia macrista + el coronavirus) como parte de un ajuste solo contribuye a la confusión deliberada diseñada por el dispositivo de difusión de la derecha.

Preguntas retóricas

En un diálogo mantenido con un economista cercano al gobierno sobre el desorden conceptual acerca del «ajuste», que incluye a sectores de la coalición de gobierno, él entregó este cuadro de situación:

«Noto que hay mucho ruido con Guzmán y su plan económico. Buena parte de la coalición lo empieza a acusar de ‘hacer el ajuste’ y de ser ‘ortodoxo'» en comparación con los gobiernos de CFK, afirmó. Para desarmar esa línea analítica compartió las siguientes preguntas retóricas acerca de medidas que implementó CFK en su segundo mandato, con consiguientes respuestas para alejar fantasmas:

* «¿Por qué CFK devaluó en febrero de 2014? Porque la apreciación cambiaria es el peor populismo, el de derecha, el que destruye la industria local».

* «¿Por qué luego de estatizar YPF llevó el litro de nafta de 80 centavos de dólar a 1,5? Porque de esa manera logró fondear a YPF y recuperar la producción, el empleo y reducir las importaciones del sector».

* «¿Por qué decidió subir las tarifas en dos de sus últimos cuatro años? Porque el congelamiento tarifario tuvo sentido a la salida de 2001, pero luego de eso fue uno de los gastos peor asignados».

* «¿Por qué decidió subsidiar la producción de gas pagándoles a las grandes empresas privadas? Porque se discutió a fondo con el sector y, con la ayuda de YPF, se entendió que había un problema de rentabilidad».

* «¿Por qué modificó la Ley del mercado de capitales? Porque apostó al financiamiento interno, y no al externo».

* «¿Por qué CFK decidió programas tipo Ahora12 o Procrear y no más planes sociales? ¿No será que se dio cuenta de que tenía un problema de dólares y entendió que el nivel de gasto público tenía un techo y que sólo se podía estimular el consumo “en el margen” hasta que no aparecieran más dólares?».

* «¿Por qué aceptó el swap de China? Porque entendió que sin reservas no llegaba a 2015».

* «¿Por qué mucho antes solucionó los conflictos con el CIADI (pagando), pagó por el 51 por ciento de YPF a Repsol, y le pagó la deuda al Club de París? Porque necesitaba abrir el mercado internacional de capitales luego de años de desendeudamiento».

* «¿Por qué emitió deuda en dólares en el mercado, unos 1200 millones de dólares con el AY24? Porque necesitaba dólares y esos dólares se usaron para que YPF pudiera invertir de manera más agresiva».

* «¿Por qué autorizó a vender bonos para bajar el CCL? Porque entendió que con una brecha alta no se podía gobernar».

* «¿Fue CFK ‘ortodoxa’? Creo que la historia me exime de mayor explicación. Yo veo a Guzmán con la necesidad de hacer muchas de las cosas que tuvo que hacer CFK ¿Es Guzmán un ortodoxo?»

Números

Muchos debates se apaciguan cuando aparecen cifras. El economista mencionado ofrece algunas muy interesantes para analizar acerca de la política económica de Guzmán, lejos de poder ser considerada de «ajuste».

Explicó que en este año de pandemia no hubo ni un argumento ortodoxo para frenar el gasto público, para precisar que el equipo económico heredó un déficit fiscal de 0,5 por ciento y lo subió a 7,0 por ciento del PIB.

Cinco puntos de esos siete corresponden a gastos covid-19. Calculó que neto de inflación, cuando en abril la economía caía 26 por ciento, el gasto público crecía 37 por ciento. O sea, fue una estrategia fiscal expansiva, no de ajuste.

En octubre, cuando la economía caía entre 8 y 5 por ciento, dependiendo de la estimación, el gasto público crecía al 13 por ciento anual neto de inflación. Se mantuvo entonces la política expansiva.

Ofreció una definición conceptual lúcida: «el gasto se fue ajustando en la medida que la economía se fue recuperando, no al revés. Guzmán no ajusta para que la economía crezca, sino que baja el ritmo del aumento del gasto en la medida en que la economía crezca».

En 2019, el déficit fiscal fue de 0,5 por ciento del PIB. Guzmán lo elevó al 7,0 por ciento este año, de los cuales 5 puntos fueron gastos covid. La cuenta es sencilla: con vacuna y dejando atrás la pandemia, el gasto covid baja sustancialmente, y el déficit previsto en el Presupuesto 2021 es de 4,5 por ciento.

Con estos números concluye: «¿Esto es un ajuste? No. Un ajuste sería quedarse con un déficit menor al que dejó Macri».

Alfredo Zaiat

Página/12