Cuando hay incertidumbre, la creación de expectativas gana terreno: el año que comienza llega con proyecciones de aceleración inflacionaria y rebote del PBI y la clave será lo que pueda hacer el Gobierno en un año electoral y con la pandemia como marco limitante

El 2021 será un año electoral: el Gobierno buscará retrasar la suba del precio del dólar para tener chances en las urnas.

Además, apelará a la obra pública para dinamizar la actividad. El gasto del Tesoro, junto con los crecientes intereses de las Leliq, presionarán algo desde lo monetario, en un marco en el que la brecha cambiaria y el rebote del PBI pueden generar salida de divisas por el canal comercial.

Todo eso, en un escenario pandémico inédito, en el que no se sabe si la vacuna podrá ganarle a la segunda ola de contagios. Para coronar, se descuenta que habrá una recomposición, aunque sea mínima, de tarifas y salarios, los otros precios relativos fundamentales.

Si las preguntas acerca del futuro siempre implican incertidumbre, las que asoman de cara al 2021 resultan paradigmáticas.

Desde el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (Ocepp), Matías Wasserman afirmó: “Cualquier proyección respecto a lo que pueda suceder con la economía argentina en el próximo año debe partir del análisis de dos variables fundamentales: por un lado, el desarrollo de la situación sanitaria, en el que las llegadas de las primeras dosis de vacunas parecen ser una buena señal; por el otro, el frente cambiario”.

El grueso de los analistas de consultoras proyecta una aceleración inflacionaria para el 2021. Desde Ecolatina prevén una en torno a 45%. Econviews, una de 57%, número que de concretarse batiría nuevamente el récord desde la salida de la híper, en 1991.

Ahí, las claves son los principales precios relativos: el dólar, con las mencionadas presiones; las tarifas, que van a ajustarse en alguna medida; y el salario, con la esperada presión sindical para recomponer.

El Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), en cambio, espera una de 33,2%, basado en que el año electoral es la principal de las variables.

Para la actividad económica se espera la primera variación positiva desde el, también, electoral 2017. Una suba del PBI en torno al 5%, que arranca desde un piso demasiado bajo. Para el Ocepp será de al menos 5,5%; para Econviews, de 5%; y para el CESO de 4,2%.

En materia de precios, la primera clave para el 2021 será lo que ocurra con el dólar.

En segundo lugar, lo que pase con las tarifas y el salario. Para los últimos dos se esperan leves recomposiciones, no demasiado por encima del IPC. El dólar, en cambio, es un gran signo de interrogación.

El director del CESO, Andrés Asiaín, señaló: “Proyectamos que la inflación va a seguir en valores similares a 2020, con una diferencia de que va a estar un poco más impulsada por la recuperacion de los salarios y un poco menos por el tipo de cambio oficial. Eso suponiendo un escenario electoral normal. Hay un Escenario B, menos posible, en el cual el FMI presione para acelerar una devaluación y que se acelere por ende la inflación”.

Y agregó: “Creo que la mayoria de los economistas ortodoxos que ven una aceleracion de la inflación el año que viene es que prevén una devaluación. Para nosotros es posible pero no es lo más probable. Además tienen una visión de que el mayor gasto público va a recalentar la inflación. Nosotros no compartimos esa visión”.

Qué ocurrirá con los precios

Para el economista jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman, el fin de la pandemia en versión más dura, y el reacomodamiento de tarifas y salarios bastará para elevarla en torno al 45%: “Algo va a acelerar. Hubo muchos meses en los que fue artificialmente baja, por la cuarentena. Abril, mayo y junio estuvieron en menos de 2% y no por un tema de consistencia.»

Además destacó que «en las tarifas va a haber un ajuste. Este año estuvieron planchadas. Por ende, así sea de 1%, ya es un movimiento importante. El salario también estuvo muy planchado. Aunque no tengas una megarecomposicion, cuando haya un poco de avance ya vas a estar por arriba del 2020. Y después está lo cambiario”.

La economista principal de Econviews, Lorena Giorgio, señaló que el año electoral, en lugar de jugar a favor de una estabilidad inflacionaria, suma presión: “A lo largo del 2020, los precios regulados fueron muy por debajo de la inflación núcleo, lo cual no es sostenible durante mucho tiempo. Por otro lado, los sindicatos van a querer recuperar parte de lo perdido este año y el año electoral les da más poder de negociación”.

Wasserman no descarta la importancia del factor tarifario, pero afirma que la clave en materia inflacionaria será lo que ocurra con el dólar: “Es probable que el Gobierno busque evitar la devaluación a toda costa tanto por sus efectos inflacionarios como por los efectos recesivos que golpearían aún más a una economía ya muy lastimada”. En ese sentido, resulta destacable que en el 2020 la brecha cambiaria generó salida de dólares por el canal comercial, incluso en momentos de superávit de bienes.

Por último avisó que, «en el 2021, con rebote económico, ese superávit, hoy ya virtualmente desaparecido, empeorará y podría forzar una mayor regulación de importacione.»

El PBI 2021

Respecto a la actividad económica, la lógica electoral permite entrever que habrá un fuerte impulso a través de la obra pública.

Analistas como el director de Macroview, Pablo Goldín, remarcan que eso implica mayor presión por el lado de lo monetario.

Otros, que el crecimiento del PBI implica un deterioro del saldo comercial.

Wasserman destacó: “La apuesta central del Gobierno esté ligada a la obra pública: un crecimiento de 48% de la inversión real directa, sumado a importantes transferencias de capital a las provincias, posibilitaría un círculo virtuoso que permita revertir la recha negativa de los últimos 3 años, caracterizada por caída del empleo y el salario real.»

Además agregó, «la construcción, por caso, presenta ventajas en múltiples aspectos: eleva los niveles de empleo por ser mano de obra intensiva, no altera significativamente la balanza comercial ya que requiere pocos insumos importados y ataca problemáticas sociales y productivas. Por otro lado, es de esperar que a medida que la actividad se recupere, el saldo comercial se deteriore, aunque los precios favorables de la soja podrían mitigar y hasta más que compensar el efecto importaciones”.

En ese sentido, Giorgio, afirmó que, más allá de los precios, “el agro es un gran signo de pregunta por cuestiones climáticas” y señaló que el cepo y un potencial incremento de la regulación de importaciones, por la caída reciente del superávit comercial, también imponen límites al crecimiento .

Mariano Cuparo Ortiz

BAE Negocios