26 de septiembre de 2020

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Con alegría,por Silvia Torres

¡Cuatro años!, por Silvia Torres

Rebosante de optimismo, Prat Gay anunció

el acuerdo con los fondos buitres que implica un fabuloso endeudamiento para la Argentina de, por lo menos, unos 6,5 mil millones de dólares, siempre y cuando los acreedores que entraron al canje del 2004 y el 2010 no retomen la teoría del me too  y encuentren más jueces condescendientes, en cualquier lugar del mundo. Generaciones futuras se ocuparán de pagar la deuda. ¿Y las comisiones para los operadores?

Finalmente, Adolfo Prat Gay, el ministro de Hacienda que hasta el momento erró en todos sus cálculos y pronósticos, pudo dar una noticia, rebosando de alegría, en la conferencia de prensa en la que anunció el arreglo con los fondos buitres, los que, sin dudas, también habrán sentido una lógica alegría, por haber conseguido que el gobierno argentino acepte sus pretensiones: Pagar los bonos en default con una ganancia del 1.200 %.

El “logro” será cubierto en efectivo por la Argentina, es decir, en dólares fresquitos contantes y sonantes, para lo cual el macrismo decidió no utilizar las reservas del Banco Central, sino emitir todos los bonos que sean necesarios, lo que, en términos reales, implica un nuevo y fabuloso endeudamiento. Los argentinos, ¿recuerdan la bicicleta financiera? Bueno, ¡así! Deuda con mayor deuda, como una bola de nieve que nunca se achica, sino que siempre se agranda.

Como es de manual, Prat Gay sostuvo que el cumplimiento de los deseos de los buitres y del sueño del juez Griesa, de NY, significa que la “Argentina se está integrando de manera inteligente en el mundo, porque entendemos que esta es la mejor manera de incorporarse al desarrollo (..) Nos pone en línea de largada del crecimiento”, gracias a aluvión de inversiones que ahora van a llegar al país y florecerán las industrias y los puestos de trabajo…

Palabras harto conocidas por los argentinos, dichas en tiempos no tan lejanos, cuando se aseguraba que los rescates de deuda –Plan Brady, “canje”, megacanje, etc.- eran las panaceas que nos colocaba en la mesa de los grandes del mundo y que las inversiones extranjeras no se harían esperar, destinadas a construir la grandeza del país y lograr la “reorganización nacional, el saneamiento de su economía y la modernización del Estado”, “la revolución productiva”, “el salariazo”, “el crecimiento y el fin de todos los males de la Argentina”, “la revolución de la alegría” y la “pobreza cero”.

Claro que, en términos de realidad, lo que el macrismo hizo no es más que repetir viejas fórmulas centradas fundamentalmente en una total claudicación de la Soberanía, ante un poder mafioso y descarado, como lo es la alianza espuria entre los financistas más agresivos con algunos jueces del mundo. (Y cuando se habla de soberanía, se está hablando del poder y del derecho que cada pueblo del mundo tiene para decidir sobre su propio destino y se supone que ese destino debe ser de bienestar, de dignidad, de justicia).

El arreglo se logró con una velocidad supersónica, fundada en la desesperación por obtener dólares para sostener la esencia de la política macrista, que no es otra que favorecer los intereses de los sectores más poderosos que quieren verdes para atesorarlos y, muy frecuentemente, fugarlos, tal como se pudo comprobar con las investigaciones del gobierno francés, que descubrió cuentas secretas en Suiza de sus ciudadanos y de 4.040 argentinos, mediante operaciones ilegales del banco HSBC. Una política que tendrá sus efectos negativos, como ocurrió históricamente, para los sectores populares, primero, pero también sobre la clase media, que verá afectadas sus posibilidades de sostener su estándar de vida, en virtud de la ya evidente caída en la capacidad de consumo de millones de argentinos.

El macrismo, ahora, necesita el aval del Congreso para derogar dos leyes, la Ley Cerrojo y la de Pago Soberano, por ser la condición impuesta por Griesa para perfeccionar el acuerdo: Imponer un stay (una cautelar) sobre el fallo original, ese que impide el pago a los bonistas del canje, hasta que se llegue al acuerdo definitivo.

Los macristas son optimistas: En diputados descuentan el apoyo del massismo, de los justicialistas encabezados por Bossio y algunos más. En el Senado, esperan que las presiones sobre gobernadores a cambio de recursos, será el elemento decisivo.

Si esto no alcanza, ¿correrá alguna “banelco”, a cuenta de las fabulosas comisiones que se van a originar con el acuerdo? Sea como sea, hay que alcanzar la alegría.

Silvia Torres

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