4 de marzo de 2021

¿Cómo construir las reglas del juego de la economía digital?

¿Cómo construir las reglas del juego de la economía digital?

La regulación inteligente de las innovaciones tecnológicas es el nuevo desafío de las instituciones públicas. Desde hace más de 10 años hay más objetos conectados a Internet que personas.

Este creciente acceso a la red ha venido acompañado con una explosión de tecnologías que generan y utilizan datos, y que están cambiando los mercados y la manera en que nos relacionamos.

Sólo para nombrar un ejemplo: los resultados de una encuesta realizada a compañías listadas en Fortune 1000 muestran que el 97% de las empresas analizadas están invirtiendo en proyectos de analítica de datos e inteligencia artificial, y el 73% reportan que dichos proyectos ya están agregando valor.

Pero no sólo los avances tecnológicos están teniendo un impacto transformador profundo en la sociedad, sino que la sociedad también tiene en sus manos contribuir a cómo esa transformación digital se produce. Hablamos, en concreto, de las regulaciones gubernamentales que coordinan las reglas del juego de la revolución digital.

Muchas de las discusiones actuales alrededor de la tecnología giran en torno a aspectos de carácter legal y regulatorio. Legisladores y reguladores de todo el mundo están discutiendo la mejor manera de regular las redes sociales, la privacidad de nuestros datos, o la seguridad de los vehículos no tripulados, entre otros. En medio de esta revolución tecnológica, la regulación inteligente se ha convertido en una herramienta fundamental para mitigar riesgos y promover que los beneficios del cambio tecnológico lleguen a toda la sociedad y sean superiores a sus costos.

En medio de esta revolución digital, la regulación inteligente de la innovación tecnológica se ha convertido en una herramienta fundamental para mitigar riesgos y promover que los beneficios del cambio tecnológico lleguen a toda la sociedad y sean superiores a sus costos

Los gobiernos de América Latina y el Caribe enfrentan un doble desafío. Por un lado, tienen que construir capacidades básicas para asegurar la calidad de sus regulaciones en áreas tradicionales de la economía y servicios sociales.

Al mismo tiempo, deben capacitarse para afrontar los nuevos riesgos y modelos de negocios que están surgiendo con la economía digital, manteniendo un equilibrio entre la protección de los ciudadanos y la necesidad de estimular la innovación.

Regulación inteligente: Las instituciones públicas ante los desafíos de la economía digital

En el ámbito de varias iniciativas, incluida la Red Iberoamericana de Mejora Regulatoria, el Banco Interamericano de Desarrollo ha estado trabajando con expertos internacionales y gobiernos de dentro y fuera de la región en acciones que buscan comprender mejor y generar capacidades para regular la economía digital. Aunque la experiencia internacional todavía muestra pocos consensos, existen ya algunas lecciones aprendidas;

  • No hay que empezar de cero. La modernización de la regulación de las últimas décadas son los cimientos de esta nueva agenda regulatoria. Sigue siendo necesario asegurar una buena gobernanza regulatoria, establecer mecanismos para identificar problemas y soluciones basados en evidencia empírica, tener en cuenta costos y beneficios, y revisar periódicamente las normas. Estos principios se aplicaron con éxito en el mundo analógico, y siguen vigentes para el nuevo entorno digital.
  • La colaboración entre reguladores y regulados es esencial. En los mercados que evolucionan rápidamente, es esencial crear espacios de diálogo con todos los actores involucrados, así como garantizar transparencia sobre las decisiones públicas. Por un lado, esto genera confianza en una actividad percibida como de alto riesgo y, por el otro, le permite al regulador acceder a información actualizada que de otra manera no tendría. También, dado el carácter global y complejo de la economía digital, es necesario promover y participar en iniciativas de cooperación regulatoria internacional, coordinar a los distintos reguladores a nivel nacional y monitorear prácticas de éxito implementadas en otros países.
  • El regulador debe mantener una actitud que promueva la innovación. Es posible, por ejemplo, favorecer alternativas que estimulen el cambio tecnológico como intervenciones basadas en principios, resultados o desempeño. También, algunos reguladores de sectores con niveles altos de innovación como el financiero están ofreciendo plataformas de apoyo de apoyo para que startups naveguen la regulación, así como creando espacios de prueba y experimentación.
  • La regulación tecnológica no puede perder de vista los efectos del uso de tecnología. Identificar y analizar las consecuencias de las regulaciones sobre los trabajadores (cambios en los vínculos laborales), consumidores (derechos de usuarios), o ciudadanos preocupados con el manejo de sus datos personales (privacidad y uso de información sensible), requiere mucha sensibilidad por parte del regulador. Asimismo, los efectos de nuevos productos y modelos de negocios sobre los mercados tales como barreras o asimetrías en la competencia, estímulos o restricciones a la innovación, y ganancias o pérdidas de productividad, pueden impactar en la competitividad de las empresas y de la economía en general. Cuando la regulación no contempla esos retos puede ser el origen de muchas resistencias que han surgido en contra de soluciones de la economía compartida en muchos países, como Uber o Airbnb.  Finalmente, hay consecuencias que las regulaciones de la economía digital pueden tener que afectan directamente la manera como los gobiernos funcionan, por redefinir la forma como se cobran los tributos, y por demandar recursos no disponibles para asegurar su cumplimiento.

Para tomar en cuenta todos esos aspectos, los reguladores de la nueva agenda tienen que desarrollar nuevas capacidades y explotar nuevas herramientas.

La ventaja es que los gobiernos cuentan hoy en día con ciudadanos mucho mejor informados, lo cual abre la posibilidad de superar el tradicional dilema entre “regular más” o “regular menos” a través del empoderamiento de los usuarios.

La construcción de capacidades pasa también por el uso intensivo de las tecnologías por los propios reguladores para establecer conexiones, incrementar su eficiencia, y tomar mejores decisiones…

Pedro Farias / Ana Maria Zárate Moreno

Banco Interamericano de Desarrollo

 

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