19 de September de 2021

Cambio climático y la transición a una economía de bajas emisiones, por Ayelen Boryka

En Argentina, donde las problemáticas de empleo, pobreza, educación y reactivación económica están siempre entre las principales de interés público, parece no quedar lugar para la agenda climático/ambiental.

Sin embargo, es necesario incorporar en forma urgente esta dimensión y sobre todo cuestionar supuestos que plantean que el abordaje de las problemáticas socio-económicas son asuntos separados de la dimensión del ambiente.

El lunes 9 de agosto, se hizo público el último informe elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) en donde se manifiesta la inequívoca conclusión de que la actividad humana es la responsable del calentamiento de la atmósfera, los océanos y la tierra.

Asimismo, se informa que la ocurrencia de eventos climáticos extremos (inundaciones, ciclones, sequías) será cada vez más frecuente y que se requiere de una fuerte, rápida y sostenida reducción de emisiones que permita alcanzar al menos las emisiones netas cero para evitar aún más catastróficas consecuencias.

Esto necesita la asignación de recursos tanto para la mitigación de emisiones -pensando en la matriz productiva y de consumo- como para la adaptación, para morigerar el impacto en las comunidades afectadas.

El cambio climático es consecuencia del calentamiento global, y este a su vez se ve intensificado y acelerado por las emisiones de gases del efecto invernadero (GEI) generadas por la actividad humana.

De acuerdo con los datos publicados por el IPCC, las principales fuentes de emisiones de GEI son la generación de energía (35%), la agricultura, forestación y otros usos de la tierra (24%) y la industria (14%).

Si bien el volumen de emisiones se encuentra fuertemente concentrado en China, Estados Unidos y Europa, quienes explican más del 50% del total, la urgencia del problema plantea compromisos de todos los países del mundo.

Es así que gran parte de los países desarrollados, como muchos países de menor desarrollo relativo, están presentando planes para lograr emisiones netas cero para 2050.

Argentina actualmente representa menos del 1% de las emisiones de GEI a nivel mundial, siendo los subsectores más relevantes los vinculados a la actividad ganadera y al transporte.

En diciembre de 2020 nuestro país presentó la actualización de su Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) la cual resulta más ambiciosa que la anterior respecto de los compromisos a 2030, y se espera que haga oficial el plan para alcanzar el Net Zero para 2050 en la próxima Conferencia de las Partes (COP) a realizarse en Glasgow en noviembre de este año.

Estos compromisos requerirán de la acción del Estado para coordinar los lineamientos de lo que deberá ser una economía de bajas emisiones. En este sentido, recientemente el Ministerio de Desarrollo Productivo de Nación presentó los lineamientos de lo que sería el plan de desarrollo productivo verde.

El mismo plantea la relación entre la sostenibilidad macroeconómica, social y ambiental. Se está proyectando destinar, en el corto plazo, más de $10 mil millones en su implementación.

Entre los temas incluidos se encuentran: la electromovilidad, la producción de energías renovables y la producción sostenible que tenga como objetivo mejorar la competitividad.

Sobre el primero de los puntos, hay que resaltar que nuestro país cuenta con una larga trayectoria en la producción de automóviles, por lo que será necesario pensar en la adecuación de los proveedores locales y de las terminales automotrices a las nuevas exigencias ambientales que se le plantean al sector para poder mantener los niveles de empleo.

El mercado internacional está girando en este sentido. Estados Unidos y Europa, por ejemplo, definieron plazos cortos para reducir fuertemente la venta de vehículos a base de combustibles fósiles.

Autos y economía verde

Acerca de las energías renovables, Argentina tiene el desafío impostergable de incrementar la participación de estas y así generar un cambio en la matriz energética (en 2020 representaron el 9,7%).

El entramado productivo local permite pensar en oportunidades en este sentido. La reciente nacionalización de IMPSA puede ser clave en el despegue de este sector, junto con las oportunidades que nos brinda el litio.

Sobre este último, es necesario saber que, si bien es un recurso clave en una matriz energética sostenible, puede generar un fuerte impacto ambiental por la gran demanda de agua que se requiere en su extracción.

Adicionalmente, según las proyecciones climáticas, la región en donde se encuentra el recurso sufrirá mayor cantidad de sequías producto del cambio en los patrones de lluvia.

Impuestos de frontera

Vinculado a los obstáculos al comercio que puedan presentarse en el corto plazo sirven de ejemplo las medidas anunciadas recientemente por la Unión Europea y Estados Unidos.

Ambos anunciaron el cobro de un impuesto en frontera a los productos que contengan un alto porcentaje de carbono y no hayan pagado en sus países un impuesto/precio al mismo.

No adaptar el sistema productivo a los nuevos requerimientos en el comercio internacional puede terminar por limitar nuestras oportunidades comerciales.

Por otra parte, resulta fundamental entender que no tomar acciones activas contra las causas antropogénicas que generan el calentamiento global implica también un costo para el Estado.

En nuestro país se proyectan mayor frecuencia de inundaciones (sobre todo en la zona central) y sequías más prolongadas (en el noroeste). De acuerdo a un informe elaborado por el Banco Mundial esto implicaría caídas en los ingresos fiscales, como consecuencia de los menores rendimientos de la producción agrícola, y mayor demanda de asistencia social de quienes se vean afectados por estos eventos climáticos extremos.

Otro desafío que se plantea es el pensar políticas de adaptación y mitigación que contemplen las desigualdades de género existentes.

El bajo acceso a la propiedad de la tierra, la distribución de tareas dentro de los hogares, entre muchas otras causas, genera que las consecuencias del cambio climático sean mayores en las mujeres. Como ejemplo de esto sirve saber que el 80% de las personas desplazadas en el mundo por el cambio climático son mujeres.

La crisis climática nos plantea la urgente necesidad de coordinar acciones a nivel internacional, junto a una revisión del modelo productivo y de consumo que nos hizo llegar a este punto.

Revisar los patrones de consumo resulta necesario, junto al liderazgo activo de los Estados que mediante medidas y regulaciones promuevan un modelo de desarrollo sustentable y sostenible desde lo social y lo ambiental.

Ayelen Boryka

Paridad en la Macro / BAE Negocios