26 de septiembre de 2020

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Calladitas y sumisas, por Silvia Torres

“Calladitas y sumisas” fueron los calificativos usados por la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, para referirse a una nueva caricatura publicada en el diario del grupo hegemónico, que la mostraba una vez más con dos líneas cruzadas sobre su boca. Peligroso, en tiempos en que los femicidios son moneda cotidiana.

No es la primera vez que el caricaturista top del diario Clarín, -propiedad del hegemónico grupo argentino, uno de los más gigantescos del mundo, sino el único de semejantes dimensiones-, Hermenegildo Sábat, dibuja a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner con una cruz sobre la boca, para que le impida hablar. Toda una señal de la ideología del medio y del propio dibujante, a los que la palabra de una mujer –y mucho más si es una mujer con poder popular-, molesta, incomoda y, por lo tanto, merece que se le cierre la boca de alguna manera.

“Calladitas y sumisas” expresó a su vez la ex mandataria para sugerir cuál es el mensaje que encierra la caricatura que ella, con magistral precisión, hizo abarcativo para todas las mujeres. Es el conservadorismo salvaje, primitivo y decadente que emerge en el medio que se ocupó sistemáticamente de atacar a Cristina, en principio por ser indómita con los mandatos de los poderes fácticos –que el Grupo Clarín conduce-, y, luego, por su condición de mujer, a quien no le está permitido hablar, emitir opinión, comunicar o desobedecer.

Sábat contestó al cuestionamiento diciendo que por haber dibujado cientos de caricaturas de hombres “no hubo ni militares ni civiles que me acusaran de acosar al sexo masculino”, una justificación realmente insólita porque se desconoce que existan, sino excepcionalmente, casos de violencia contra los hombres, por el hecho de serlo o casos de masculinicidio (sic), o sea asesinato de hombres, por el hecho de serlo.

Lo que debe quedar claro, de una vez y para siempre, especialmente para quienes conducen los medios masivos de comunicación y la televisión, es que la violencia de género es una construcción cultural que se vale de mensajes, imágenes y palabras con alto contenido simbólico, que permitió desde hace siglos la existencia de una cultura machista y, por lo tanto, dominante, discriminatoria, denigrante y violenta contra la mujer que, en virtud de factores socio económicos, tiende a superarse, en un proceso de transición que golpea prejuicios y derriba muros, no sin resistencias por parte precisamente de los poderes fácticos, de los cuales forma parte, como empleado privilegiado y muy bien pago, el dibujante Sábat.

Estamos seguros que a cualquier mandatario varón que hubiera desobedecido los mandatos del Grupo Clarín con su fabuloso poder de fuego, hubiera sido motivo de un bombardeo incesante, -recuérdese la famosa expresión del Ceo del grupo: “ningún presidente resiste cinco tapas en contra de Clarín”-, pero ese ataque fue mucho más violento y mafioso contra la ex Presidenta, por su accionar desobediente con los intereses corporativos, en el que persistió de manera terca y valiente, como pocos.

En las caricaturas de Sábat está claro el mensaje: Atacar a Cristina, pero, también, la orden para todas las mujeres: Calladitas y sumisas.

Silvia Torres

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