20 de septiembre de 2020

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Brexit: otra caja de Pandora, por Guadi Calvo

Si con la crisis griega, cuando se acuñó el término Grexit, se produjo un extraordinario tembladeral político y económico al interior de la Unión Europea (U.E.), que llevó a sus líderes a extremar préstamos y condicionamientos para mantener dentro de la zona euro a una nación de tercera categoría en el marco de la comunidad, lo que puede llegar a suceder con el Reino Unido, que se ubica entre la segunda y la tercera potencia económica del continente, es insospechado.

Los ríos de análisis que están corriendo respecto a las consecuencias que sobrevendrán tras la decisión de los británicos por votar afirmativo la salida de la U.E. en el referéndum del 23 de junio pasado coinciden en que esas consecuencias serán gravísimas, aunque nadie esté en condiciones de arriesgar cuánto, ni cuáles, ni quiénes serán los más perjudicados. Los impactos, incluso hasta que deje su cargo el primer ministro y gran derrotado de esta justa David Cameron -lo que sucedería, si todo resultase más o menos bien, recién en octubre próximo-, no se notarán de inmediato. Las rajaduras producidas a la U.E. por el bombazo británico comenzaran a notarse recién más adelante.

Los cambios son imprevisibles tanto para Gran Bretaña como para Europa. Más allá de las cuestiones casi burocráticas y “triviales” sobre el Espacio Schengen (de libre tránsito de ciudadanos de y por los países miembros de la U.E.), el efecto sobre la radicación de unos y otros en el continente o en las islas está, en este momento, todavía lejos de poder preverse.

Según algunos expertos, la disolución total se demorará cerca de dos años aunque, por lo expresado en estos últimos días por diferentes autoridades europeas, la transición tendrá que ser más rápida aunque cuidada para no afectar más intereses de los que sin duda se afectarán. Para empezar, más de un centenar de miles de empleos, de funcionarios, representantes electos y colaboradores europeos se perderán en las dos márgenes del Canal de la Mancha.

Esto, por cierto, no hará más que agravar los problemas que Europa viene acumulado desde, por lo menos, 2008. Nos referimos a la crisis económica que extirpó el estado de bienestar, entre otras consecuencias, y que disparó una monumental crisis política y social, empujada por la inflación y el desempleo, dos variables que generaron postales impensables hasta hace unos años como las colas en las agencias de trabajo o en los comedores, o la gente revolviendo en la basura para comer.

 El Brexit, además, ocurre en una coyuntura particular. La crisis inmanejable de la guerra en Ucrania prácticamente ha llevado a un corte de relaciones comerciales con Rusia. A su vez, el hecho de sumarse como furgón de cola de los Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo, más allá de los gastos, ha resquebrajado de manera brutal el espíritu “democrático y de defensa de los derechos humanos”, que decía sostener la U.E.

Precisamente esa alianza militar con Washington ha producido en Afganistán, Irak, Siria, Libia, Yemen y lo que está filtrando hacia el interior del continente africano (Mali, Sudán de Sur, República Centroafricana y Somalia), no solo un genocidio inconcebible a esta altura de la Historia, sino también una incontenible ola migratoria -vía Libia-Italia y Turquía-Grecia- que se ha convertido, paradójicamente, en el motivo fundamental del resquebrajamiento interno de la U.E. y una de las razones principales del corte de manga británico.

 En ese sentido, si bien el resurgimiento de los nacionalismos en Europa no es un hecho reciente y los movimientos euroescépticos han crecido con fuerza en cada uno de los veintiocho países que conforman la U.E., al igual que partidos y organizaciones de ultra derecha, el Brexit es sin duda la primera gran batalla ganada por estas tendencias y ha renovado fuerzas para generar los mismos planteos y propuestas en otros países de la comunidad que, de triunfar -y eso es muy posible-, acarrearán una nueva era de fronteras y vallas para el continente que parecía estar dispuesto a borrarlas para siempre.

 La Caja de Pandora se ha abierto otra vez en la vieja Europa y todos los males del mundo parecen haber vuelto a escapar. ¿Habrá permanecido en el fondo la esperanza?

Guadi Calvo

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