29 de November de 2021

Bienvenida flacidez, por Silvia Risko

Definitivamente a Silvia le chifla el moño (mi locólogo les daría la razón je), ¿dar la bienvenida a la flacidez cuando el mundo gira en torno al fitness? ¿cuándo en todo momento nos bombardean que un cuerpo flácido es horripilante?.

No desesperen gladiadoras y gladiadores de la vida, no estoy colifa, sólo estoy madurando emocionalmente, pero los invito a leer hasta el final para dar un veredicto positivo o lapidario.

¿Qué es la flacidez? Según el amo Google, es la pérdida de colágeno y elastina (producto de la edad) que hace que de a poco (y sin tregua) se nos vayan “cayendo” las cachas o, para ser más exacta, la piel y, para evitar lo inevitable debemos ejercitar muuuuuuucho nuestros músculos para seguir teniendo (ilusoriamente) todo en su lugar. ¿Ya les dije que el proceso es inevitable?

Está demostrado que los músculos más entrenados son los más fuertes. Hasta ahí coincidimos, no?. Bueno ahora les propongo que imaginemos que “la culpa” es un músculo….aaahhhh, ahora les tiré un datazo de por dónde viene la cosa.

Desde que estamos en el vientre materno (gym con membresía vitalicia) recibimos entrenamiento para sentir y esparcir culpa a diestra y siniestra; convertirnos en seres culpógenos por el resto de nuestra existencia. Los padres somos el gym (me incluyo como hija y madre), la sociedad el coach.

Nos pasamos la vida tratando de justificar -ante los demás y ante nosotras/os- cada paso que damos; cada decisión o indecisión debe ir acompañada del peso brutal de la culpa.

Culpa por no ser lo que esperan nuestros padres (defraudación), por no estudiar (no valorar oportunidades), por estudiar lo incorrecto (para los demás), por tener pareja (nunca la adecuada), por no tener pareja (solterona/on), por llenarte de hijes (irresponsable), por no querer tener hijes (ombliguista), por nuestra sexualidad (vergüenza), por ser profesional y abandonar a tus “bendiciones” (egoísta), por ser profesional y abandonar la carrera por las “bendiciones” (estúpida…no pongo masculino porque ellos no lo hacen), por tener ambiciones (trepadora…tampoco va masculino), por no poder sostener la pareja perfecta (inestable), por engordar (no cerrar la boca), por enfermar (no cuidarte), por envejecer (descartable)…y hasta por morir (abandono).

Vaya si no es un músculo bien entrenado!

Lo tenemos tan pero tan desarrollado que nos es natural y espontáneo tanto el asumir con culpa decisiones como el echar culpas sin asumir una mísera cuota de responsabilidad. El ejemplo más gráfico de esto lo hemos vivido en los últimos días, raptaron a una niña en situación de calle, viviendo en condiciones paupérrimas y en total estado de abandono de parte del Estado y de la sociedad, pero la culpa la tuvo la madre. Fácil, re fácil, veredicto, condena y san se acabó.

La deconstrucción que nos debemos a nivel personal y social es dejar de entrenar ese músculo que sólo nos produce angustia, nos impide disfrutar (porque es pecado) y en definitiva nos convierte en víctimas eternas y victimarias/os crueles y apáticas/os desconectadas/dos de la realidad de los demás.

Cuesta ser consiente de esto, a la gran mayoría se nos pasa la vida y no lo podemos ver, por ende ni pensar en modificar la rutina de ejercicios de musculación emocional, pero (¿ya les dije que soy una optimista empedernida?) no sólo es posible sino también muy beneficioso.

Tomar decisiones siempre, siempre significa renunciar a algo por algo, sí…siempre tiene un costo (costo?) pero si le quitamos el peso de la culpa, les aseguro que no pasa nada, sólo es una decisión y tenemos todo el derecho a barajar y dar de nuevo, o ¿acaso no podemos permitirnos ser contradictorias/os o falibles?

Pretender eliminar el sentimiento de culpa de nuestra vida es tan utópico como pretender la paz mundial, pero lo que sí podemos es desinflarla, dejarla flácida, que esté ahí, quietita para usarla en raras y justificadas ocasiones, pero que no nos condicione (o cague) la vida.

De puro jodida que soy, las y los reto a que hagan una lista en papel, (sí, háganlo en papel para que las puedan observar gráficamente), de cuántas relaciones -importantes para ustedes- se han ido a la mierda por sentir o echar culpas.

La flacidez física viene con la edad, no queda otra que aceptarla; la vida sin culpas -o con menos- depende de nosotras/os, por eso, bienvenida flacidez con responsabilidad y espasmos de libertad.

Silvia Risko

Magazine Henryka