23 de septiembre de 2020

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Arabia Saudita: Los Saud y los negocios de la fe, por Guadi Calvo

Las tensas relaciones entre la República Islámica de Irán y el reino saudita, han tenido una nueva escalada, ya que a punto de cumplirse un año, el próximo 24 de septiembre, siguen sin conocerse las causas de la estampida y el verdadero número de peregrinos muertos en la tragedia de Mina, una de las tantas estaciones del hajj, la peregrinación anual a la ciudad sagrada de La Meca.

 

El ritual que se cumple desde hace más de 1400 años, debería ser una demostración de la unidad del pueblo musulmán y su sumisión a Allah, aunque las constantes interferencias del régimen saudita lo hacen imposible.

El hajj, es uno de los cinco mandamientos del Islam y de cumplimiento obligado, por los menos una vez en la vida, para cada creyente, mientras su capacidad física y económica se lo permitan.

Según la versión oficial, los fallecidos en la tragedia fueron 717, de ellos 460 de nacionalidad iraní, mientras que el número de heridos habría alcanzado a los 863, por lo que se vieron obligados a participar cerca de 4 mil rescatistas con más de 200 ambulancias.

Los hechos se sucedieron al tercer día de iniciado el hajj, en el valle de Mina a unos cinco kilómetros de La Meca, cuándo los profesantes se dirigían desde el campamento de Muzdalifa, donde se instalaron cerca de 160 mil carpas y creyentes pasaron la noche, rezando y recogiendo  piedras para lanzar contra los pilares, para cumplir con el rito de la lapidación. Los pilares, simbolizan la tentación del diablo, que intentó disuadir a Abraham, el patriarca del pueblo árabe.

Aunque Riad ha mantenido la cifra oficial, otras fuentes señalan que el número podría ser significativamente mayor y que alcanzarían al menos a los 2400 muertos, según las denuncias oficiales procedentes de 36 países cuyos peregrinos no han retornado.

Los medios sauditas insistieron en culpar a los peregrinos y defendieron la postura del reino, aunque hay grabaciones en las que se puede ver a un gran número de peregrinos que al querer atravesar una puerta son obstruidos por las fuerzas de seguridad saudíes.

El desastre sucedió a las 9 horas (local) cuando la temperatura trepaba a los 46º, en una avenida cercana al puente de Jamarat. El Ministerio de Salud Saudita culpó a las víctimas de lo ocurrido: “quizás porque algunos peregrinos se movieron sin seguir las instrucciones de las autoridades relevantes”.

Pocos días después del desastre, el viceministro de salud saudí, Hamad bin Mohamad al-Zeweile, había confirmado que la cifra de muertos había alcanzado a los 4173, lo que significó su destitución pocas horas después, al tiempo que la página web del ministerio fue suspendida.

Quizás el significativo número de víctimas iraníes en el marco de las complejas relaciones entre Riad y Teherán, sean la razón del ocultamiento ya que las investigaciones estarían señalando que la responsabilidad de lo sucedido la tendrían los organizadores de hajj.

El ministro de Justicia iraní Mostafa Pur Mohamadi informó, en junio pasado, que la República Islámica pretende imputar ante los tribunales internacionales, al Reino la responsabilidad de los hechos. Según importantes funcionarios iraníes la tragedia en realidad fue un “crimen”, y no solo achacable a la incompetencia de los organizadores.

Irán ha denunciado en más de una oportunidad la mala organización de Riad del evento anual que llega a congregar más de 3 millones de fieles de todos los orígenes y todas las escuelas islámicas, y que dejan para las arcas del Reino importantes dividendos.

Todas las áreas de la economía saudita se benefician con el hajj, incluyendo agencias de viajes y aerolíneas, compañías de telefonía celular, restaurantes, trasportes internos, y comerciantes de souvenirs y productos como alfombras para la oración o collares “bendecidos”.

Pero sin duda es la hotelería, el rubro más beneficiado. La Meca desde hace años vive en constante cambio, ya que las construcción de hoteles, en sitios sagrados que tienen que ver directamente con la vida del profeta, están siendo ocupados por las inmobiliarias a lo que hay que sumar los fuertes impuestos, aunque es imposible conocer el monto final, que se calcula en miles de millones. El “negocio” de la Fe para el régimen de los Saud es milagroso. 

No solo una cuestión de fe

Si bien la tragedia de Mina no ha sido la primera, ya que en el historial del hajj, se han registrado varias como la de 1975, donde mueren 200 peregrinos en un incendio; en 1987 se produjeron 400 muertos tras el enfrentamiento entre las autoridades saudíes y los manifestantes pro iraníes; en 1990 unos 1500 peregrinos murieron asfixiados y aplastados en un túnel que une La Meca con Numa; una estampida en 1994 produjo 279 muertos. Un incendio en 1997 dejó 343 muertos y 1500 heridos; en 2006, murieron 364 fieles aplastados en el ritual de la lapidación. Días antes de la tragedia de Mina, exactamente el 11, la caída de una grúa mató 107 personas.

Estas tragedias son solo las más evidentes de las causadas por el régimen saudita, contra todo el pueblo musulmán. Es responsable financiero e ideológico del genocidio constante que viene sufriendo el Islam desde la década de los setenta del siglo pasado.  

Arabia Saudita se apoderó y autonombró protector de los dos lugares más sagrados del Islam: La Meca y Medina y se atribuyó la potestad de fiscalizar el hajj. Esto  le ha dado la excusa para extorsionar a todos los gobiernos musulmanes que puedan oponerse a sus posturas políticas, como Irán, Siria y Libia, en su momento, de posiciones antinorteamericanas, al contrario de Riad, desde siempre aliada a los intereses norteamericanos, europeos e israelíes.

La wahabización del ritual, escuela religiosa sunita, hecha a la medida de los intereses de la familia Saud, es la razón de los continuos enfrentamientos dentro del mundo islámico, que le ha dado andamiaje filosófico y sustento material a organizaciones como al-Qaeda y el Estado Islámico.

A partir del triunfo de la Revolución en Irán en 1979, la hajj se ha convertido en una constante razón de disputas entre Riad y Teherán.

Las diferencias entre Irán y Arabia Saudita, más allá de las religiosas, son fundamentalmente políticas. El primero, con sus políticas anti-imperialistas y su decidida defensa del pueblo palestino, y el segundo que tiene sojuzgado y anclado a su pueblo al siglo XII y se ha convertido en uno de los responsables fundamentales de la actual situación palestina y los enfrenamientos entre los pueblos musulmanes.

Hoy, la guerra en Yemen quizás sea el más trágico y claro ejemplo, de los negocios de la fe acometidos por la tétrica monarquía Saudí. 

Guadi Calvo

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