24 de enero de 2021

A un año del robo fatal al banco, en El Soberbio el miedo continúa

A través de testigos directos, vecinos y fuentes que pidieron reserva de identidad, se conocieron detalles de cómo fueron los primeros minutos en el interior del Macro y cómo cambió la localidad desde entonces. Se cumple hoy el primer aniversario del brutal robo al Banco Macro

de esta localidad. Aquel 2 de febrero, la comunidad amaneció tranquila, con gran movimiento de gente y expectativas porque muchos empezaban cobrar los planes sociales. 

En el interior del banco había dos efectivos de custodia haciendo adicional. Eran Roberto Ballesteros y Jonás Batista. Hay, sin duda, un antes y después de ese día, en el que muchos comenzaron a tomar real dimensión de la situación sobre la (in) seguridad en la que estaba inmersa El Soberbio, ciudad que tiene servicios, banco, Pago Fácil, cable, instituciones provinciales, colegios secundarios y terciarios, “que está lejos de todo y cerca de Brasil”, como diría luego un jefe policial que pidió la reserva de su identidad. 

Unos meses antes, los concejales se habían reunido y habían declarado la Emergencia en Seguridad, hecho que les valió el reto de las autoridades provinciales y locales en su momento. A un año de ese trágico hecho, el miedo persiste aún, porque la población se dio cuenta que El Soberbio dejó de ser ese lugar donde quien se bajaba del auto, lo dejaba encendido o con las lleves puestas, ese lugar donde, si alguien salía, dejaba la puerta abierta de su casa.

Todo fue muy rápido ese día. A las 8, en forma puntual, el Banco Macro abrió sus puertas e ingresaron los primeros 30 clientes. Fue cuestión de segundos, minutos quizás, pero no más que eso, para que los delincuentes se hicieran presente. 

Hay testigos que cuentan que Ballesteros estaba en la casilla de seguridad y Batista en la puerta de acceso. En un momento dado, a la sucursal bancaria ingresan tres delincuentes, dos de ellos con el rostro cubierto. En forma automática, agreden de un culatazo a Batista, lo toman de rehén, le sacan la pistola y es trasladado hasta la casilla con un arma en la cabeza para intimidar a Ballesteros. Y así hacer que salga del interior de la casilla, previo disparo intimidatorio. Al ver lo que ocurría, Ballesteros demora aproximadamente unos 30 segundos en acceder al pedido de uno de los delincuentes. En el interior había dos integrantes más de la banda, que fueron detrás del gerente y el dinero. 

En todo momento hablaban un portugués cerrado, se notaba que no eran de la región. Mientras tanto, sólo se dieron cuenta de lo que ocurría quienes estaban adentro. Afuera, los que esperaban para ingresar no sabían nada.

“Me acordaré toda la vida”

Una comerciante que también pidió la reserva de su identidad, tiene su local a escasos 50 metros de la entidad bancaria: “Me va a quedar para toda la vida ese grito de la señora que dijo ‘están robando el banco y a los tiros’, era impresionante». 

Alberto, otro vecino cercano, dijo que “en realidad, hoy viendo a la distancia, esto se veía venir, sólo faltaba saber cuándo y tratar de no estar ése día”. Ademas, recordó que “yo veo corridas, me acerco y ya los delincuentes estaban saliendo con Ballesteros y Batista como escudos, y en ese entonces llega el jefe de la Comisaria, Espinoza”. 

Se asegura entonces, en base a los relatos de los testigos, que una vez que llega el jefe en su auto y es reducido, el delincuente que tenía a Batista lo suelta y toma como rehén al jefe, distracción que es aprovechada por Batista para escapar por unas escaleras en la galería contigua al banco y pedir ayuda. 

Otro comerciante dijo :“Estaba en el local y entra un cliente que me dice que están robando el banco, pero la Policía ya los tiene. Me acerco hasta la casilla de turismo y veo que un hombre que parecía Rambo, estaba arriba del policía, parecía que no terminaban más de pegar tiros».

La gran pregunta de todos hasta el día de hoy es por qué mataron a Ballesteros. En las calles y en el ámbito policial coinciden en que el policía asesinado habría reconocido a uno de los delincuentes, teoría que se sustenta en que el domingo primero de febrero, Ballesteros estuvo en paraje Tigrinho, haciendo adicional, custodiando la fiesta de los navegantes y ahí habría visto a los delincuentes. Esa versión se desprende de que la camioneta utilizada para realizar el atraco fue encontrada aproximadamente a unos 700 metros del lugar. Por eso no se descarta que hayan participado de la fiesta. Luego de ésta, Ballesteros hizo guardia y después se dirigió al banco para realizar otro adicional para no volver más. 

Una vez que se tomó conocimiento, efectivos de la comisaría de San Vicente, Comando y UR VIII, se trasladaron rápidamente a El Soberbio, aunque demoraron el tiempo lógico por la distancia y el agrupamiento de los efectivos. Aproximadamente 30 a 40 minutos. 

Uno de los efectivos que se movió rápidamente y que luego fue condecorado por su labor es el oficial Guillermo Mascheroni, de quien luego se conocería que había recorrido en quince minutos los 50 kilómetros que unen a El Soberbio con San Vicente en su propio vehículo. Fue quien persiguió con el oficial Donatti, el agente Keller y Ewaldo Katz, (jefe de la UR VIII en ese entonces) y se tiroteó con los delincuentes que pretendían pasar a Brasil. 

Los informes dan cuenta que con una camioneta de un vecino y cuatro policías llegaron a un camino abandonado que a simple vista no era transitable. Así tocaron la costa, divisaron la camioneta de los delincuentes y se desató el tiroteo. Y eso fue suficiente para que los policías se replegaran porque eran superados.

Otro vecino que debía pagar la luz, José, contó cuando comenzaba el robo: “Muchos empezaron a rezar, una señora escondió a su hijo y yo pensé que no volvía más, estábamos en el piso y escuchaba que hablaban, el portugués quería la plata, uno de ellos dijo que sabían que había plata porque el viernes había llegado el dinero”.

Martín Morinigo

FM Guaraní – El Soberbio

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