30 de septiembre de 2020

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¿A quien se parecen mas los argentinos?, por Gustavo Koënig

A mi también me cuesta ver, oír y reconocer a este tipo como nuestro presidente.

Hay algo desencajado en el fotograma de la realidad, como ese sutil momento onírico de descenso del sueño a la pesadilla.

Un hombre sumamente caprichoso que tocó con sus sucias manos de dedos impecables las alas del vuelo sutil de una mariposa. La sensación es de profanación. Peor que la usurpación del poder es la profanación de la política.

Hace una limpieza espiritual de su despacho expulsando cuanta carga energética ha dejado la Diosa Historia como marca en las instituciones de la República.

Todo profanador sabe cual es la pena para ese pecado.

Pero la limpieza fue previa cuando se intentó sacar la magia del imaginario popular. «No fue magia», fue un cierre contable con la gente adentro, apretados en el hacinamiento cotidiano por necesidad a migajas que no alcanzan ni para rebelarse. Sobreviviendo por la caridad progresista del que te detesta.

El acto de profanación fue sacar lo sagrado de la política, eliminar la inspiración y convertirla en un artilugio.

Los resultados a la vista.

A esta altura del agua el votante Pro se mira el pie y la sangre le sale a borbotones. Se puso un tiro y 

tiene bronca. Pero no olvidemos que el orgullo argentino es directamente proporcional a su estupidez. La culpa es del arma o del estúpido pie que se puso justo ahí delante.

El votante Pro para transitar su dolor, que es el nuestro, necesita perdonarse. Perdonarse como argentino.

Argentinos: Nos equivocamos.

Ahora necesitamos un gran puente entre nosotros, un puente de plata, un puente argentino.

Cuando el enemigo huye hay que hacerle un puente de plata, dice el Quijote. ¿De quien tenemos que huir hoy los argentinos? De nosotros mismos porque hoy somos nuestro peor enemigo. Estamos peleados con nosotros mismos, algunos explotando por dentro y otros por fuera.

Nuestro principal enemigo es nuestra enemistad. Ese es el enemigo principal, el enemigo estratégico de la Nación Argentina. Necesitamos construir un amplio y solido puente de plata para huir de nuestra enemistad. Un puente argentino hacia nosotros mismos, hacia nuestra verdadera, genuina y sagrada nacionalidad. Querer a la Patria es querernos entre nosotros porque la Patria somos nosotros.

La socialdemocracia celeste y blanca no caló hondo en nuestro corazón americano. El kirchnerismo fue demasiado blanco y clasemediero. Hoy a la blanca clase media la sucede la mas blanca clase oligárquica, la crema superior del postre del imperio.

El votante del Frente para la Victoria (muchos mas que el kirchnerismo, hablo de una fe popular al momento de depositar el sobre) siente algo raro. La conducción del espacio político que en esa coyuntura cristalizaba su fe por la Patria apareció jugando a la derrota de su candidato.

La política se avergüenza y corrompe frente a la indignidad del egocentrismo. La política esta contaminada por el ego, el ego del egoísmo, ese que es la esencia del capitalismo. Nada mas triste que producir dolor en miles de personas por soberbia.

El votante del Pro con el pie herido y el votante desconcertado del FPV saben que se van a terminar abrazando en la lucha. El primero deberá sobreponerse a su orgullo individual y salir a la calle por su orgullo nacional. Deberá preguntarse en sus adentros si es o no es un argentino. 

El segundo se siente traicionado y no se si es mas difícil sobreponerse al orgullo que a la traición.

Pero no se puede salir a la calle de la mano de los traidores. El peligro exige confianza. Una costra reseca de burócratas sin vida debe ser eliminada del escenario político. Merecen ser abucheados, son palabra muerta. El traidor es un muerto político porque esta muerto quien no tiene alma.

Hay que construir el Puente Argentino y a la construcción de ese puente esta convocada la raza latinoamericana, el espíritu ancestral de estas tierras.

¿Cual es la raza de los argentinos? ¿Con que color de piel nos identificamos? ¿Por que es blanco el patrón, el profesor, el político, el presidente, el periodista y es negro el obrero, el que limpia, el ladrón, el pobre, el que lucha y milita?

Potosí fue la minería a cielo abierto que hizo rica a la Europa que admiramos y pobre a la sudamericana donde vivimos. Seguimos en la misma.

¿A quienes nos queremos parecer mas los argentinos? ¿A Mauricio Macri o a Milagro Sala?

Ojala después de leer esto, en una mañana cualquiera antes de ir al trabajo, si es que todavía tenés, te mires al espejo y puedas hacerte esta pregunta.

Los ojos son los espejos del alma. Yo prefiero los de Milagro Sala

Gustavo Koënig

 

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