A no asombrarse, por Silvia Torres

A menos de 24 horas del contundente triunfo amarillo en gran parte del país, se lanza el verdadero programa del gobierno nacional: Reforma fiscal, reforma previsional, reforma laboral, reforma del Estado, fuerte ajuste y tarifazos.

Algunos medios locales y nacionales salieron a registrar el disgusto de ciudadanos por el aumento de los combustibles, al día siguiente de las elecciones… ¡Insólito! Insólito que ciudadanos se disgusten por una medida archi anunciada a los cuatro vientos, lo mismo que las reformas “al estilo Macri”, según definió Maurice Closs, el flamante senador por Misiones.

Se supone que ningún ciudadano deberá extrañarse tampoco cuando se empiecen a discutir y, sobre todo, a sancionar las leyes que van a definir el nuevo perfil de la Argentina, fundado en la reducción de los gastos del Estado –lo que durante el modelo kirchnerista se llamaban “inversiones”-, que van a impactar negativamente sobre derechos adquiridos por el pueblo argentino que ya empezaron antes de las elecciones de medio término, como la quita y retaceo de pensiones a discapacitados, la reducción de servicios de salud y medicamentos a jubilados, el notable achicamiento de inversiones en obra pública –especialmente en las provincias-, así como también las destinadas al fomento de la producción primaria, industrial, científica y tecnológica y en la creación de puestos de trabajo, más el endeudamiento, más los tarifazos, más el estricto control de los aumentos salariales.

El gobierno nacional recibió un contundente espaldarazo popular para continuar con estas políticas y profundizar el camino iniciado. Ahora pudo alcanzar una representación propia importante en el Parlamento nacional, lo cual le permitirá lograr las leyes que avalen sus reformas, evitando el desgaste de los DNU que, no obstante, Macri usó para todas sus necesidades operativas y dar cumplimiento a sus compromisos electorales, con el Grupo Clarín, por ejemplo, aunque con definitoria minoría logró leyes para su conveniencia personal, como la de Blanqueo para permitir que su hermano, Gianfranco Macri, pueda ingresar 6.500 millones de pesos fugados ilegalmente.

El déficit fiscal es pavoroso en la Argentina, alimentado por la política fiscal retrógrada, por el engrosamiento de la burocracia nacional improductiva con sueldos gigantescos para los nuevos funcionarios macristas, así como también para gastos superfluos como el rubro Publicidad, uno de los que más creció desde el 2015, mientras que el Presupuesto Nacional 2018 prevé una reducción de 3 mil millones de pesos, sobre todo en las áreas estratégicas como ciencia y tecnología, en educación, etcétera. El único aumento importante, es el destinado a Servicio de deuda, con un crecimiento de 12 %.

Provincia

Dentro de este marco, Misiones espera, en virtud del triunfo de la Renovación, poder negociar en el Parlamento cada una de los proyectos de ley conforme las necesidades y objetivos del Gobierno provincial. El margen se redujo, es cierto, ya que ahora el amarillo tiñó también al Legislativo, aunque no lo suficiente como para tener quórum propio.

La presión del macrismo para la reforma fiscal, por ejemplo, de neto corte neoliberal –es decir, perjudicial para los sectores populares pero altamente positivo para los más ricos-, será una de las luchas que deberán dar los legisladores misioneros para defender la política fiscal que sostiene la economía propia y permitió que no se resientan y/o paralicen servicios elementales.

La otra lucha, la que involucra a los recursos en riesgo por la presentación de la provincia de Buenos Aires ante la Corte Suprema de Justicia, reclamando por una actualización del Fondo de Fomento para el Conurbano y que cuenta con el aval del presidente de la Nación, puede alcanzar el éxito por el voto de los provincianos a favor de Cambiemos, que amerita una clara lectura: Están de acuerdo con que las provincias cedan recursos en favor de Buenos Aires.

Digamos que los representantes misioneros deberán agudizar su creatividad y su capacidad de lobby ante el gigantesco poderío que se entregó al gobierno nacional, con el aluvión de votos que cosechó en el país.

Por lo tanto, habrá que resignarse. ¿O habrá que aprender a estar feliz ante una “revolución de la alegría” que se presenta desocupando; endeudando en millonadas de dólares y billonadas de pesos; quitando derechos; reprimiendo, con presos políticos, desapareciendo y asesinando; devaluando la educación y la salud; entregando patrimonio natural a mansalva y empobreciendo para alcanzar “pobreza cero”?

Silvia Torres

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