#8M, más de un siglo de luchas no se resumen en un día

Fueron madres, hermanas, campesinas, migrantes, y en sí, trabajadoras, quienes, según se cuenta, desde el siglo XIX iniciaron la organización de movimientos colectivos para definirse y proclamarse como luchadoras, pensadoras y anarquistas feministas. No se privaron de ningún medio

para manifestar sus deseos. Con actos y protestas y mediante el arte y las letras, demostraron que la mujer, como ser humano, merece el mismo respeto y oportunidad que cualquier hombre, despreciando los argumentos inválidos de debilidad que tantos años se le han impuesto.

Ya no más esta historia de humillaciones, maltratos y abusos. Ya no más ser víctimas de una carga social tan antigua que el mismo pasado se ha encargado de demostrar a través de las luchas por el empoderamiento femenino.

Este martes se cumplen 41 años desde que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, a pesar de que las primeras celebraciones por esta misma causa iniciaran mucho antes de la proclamación oficial en 1975.

El 8 de marzo, como el día en que se conmemoraría a todas las mujeres, sin importar su origen, color de piel, religión, pensamiento u orientación sexual, puede remontarse a la época Clásica, cuando los hombres de la civilización grecolatina limitaron la participación de la mayoría de las mujeres en cualquiera de los ámbitos, fueran políticos, sociales o culturales, resaltando la antigüedad de los juicios equívocos entre un ser y otro.

A pesar de que se considera que fue en el siglo XVIII el comienzo de la toma de conciencia femenina sobre su lugar de explotación y las injusticias a las que era sometida, – bajo el influjo de las ideas ilustradas de Francia y su Revolución – es hasta el siglo XIX que se consolida la organización que da origen a los movimientos por los derechos civiles de las mujeres: las primeras reivindicaciones fueron el acceso al voto y la mejora en las condiciones laborales.

Es entonces cuando el pensamiento femenino se difunde como un virus entre las féminas de Europa y América. La bandera de la liberación fue ondeada por millones de mujeres, fortaleciendo sus denuncias y exigencias, sin temor, sin dar pasos atrás. Enfrentándose con firmeza a la brutal represión tanto de los gobiernos como de sus padres, hermanos y esposos, dejándolas con la única opción de formarse entre ellas mismas una familia que soportara e impulsara la lucha feminista nacida en los lugares donde cada día eran agredidas. Que lo personal también es político vinieron a decir las mujeres en el ágora pública.

Fue una lucha la que parió la fecha del 8. Una lucha dolorosa. Una fábrica textil de Nueva York donde 146 trabajadoras migrantes de entre 14 y 23 años murieron calcinadas en el incendio del taller donde lavoraban. Sus patrones las encerraron durante una protesta organizada por las mujeres en demanda de mejoras salariales y laborales, así como la reducción de la jornada diaria.

El trágico suceso llegó a los rincones del mundo y provocó la creación del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles.

Sin embargo, existen diferentes versiones que cuestionan las fechas en que sucedió el incendio.

Las protestas y las publicaciones feministas hicieron notorio el avance del movimiento. El 28 de febrero de 1909 se celebró en Estados Unidos el Día de las Mujeres Socialistas. Un año después, en agosto, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, cuyo propósito era promover la igualdad de derechos, se aprobó la resolución de la alemana Clara Zetkin, en la que se definía al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Este Día no se celebraría hasta el 19 de marzo de 1911 en países como Austria, Suiza, Dinamarca y Alemania, cuando se realizaron manifestaciones masivas de hasta un millón de personas para exigir el sufragio femenino, el derecho a la educación y formación profesional, así como el derecho al trabajo y a la no discriminación laboral.

El último domingo de febrero de 1913, Rusia inició con su primera conmemoración, y posteriormente, en 1914, junto con Alemania y Suecia se proclamó de manera oficial al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, al mismo tiempo que la Primera Guerra Mundial culminaba su arranque en los países europeos.

Con la aparición de las Guerras Mundiales las mujeres encontraron una causa más para demostrar su unión, y realizaron infinitas protestas en solidaridad con las víctimas y contra la continuación de la guerra.

Indudablemente el tiempo consolidaría las nuevas ideas, las formaría y puliría para así generar la incorporación de la celebración del Día de la Mujer en más países del mundo, pero no fue hasta 1975 que las Naciones Unidas declaró oficial la fecha del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

Dos años después se renombraría como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, como símbolo de conexión entre lo que las mujeres en el ayer y lo que las de hoy seguimos buscando.

Lo que ellas pidieron entonces resuenan en nuestras exigencia de ahora, nuestro ahora. Podría pensarse que hay un mayor avance en materia de equidad de los géneros y una mayor igualdad, pero que visto de cerca, lo que tenemos ahora son nuevas formas para denunciar los mismos abusos y crímenes, las mismas historias.

El 8 de marzo debe enseñarse y aprenderse no como una simple fecha a añadir en los calendarios, un día marcado en rojo al que nos obligan a mencionar, sino como una fecha viva, que fortalezca el espíritu de lucha de las mujeres y los hombres que ambicionan un trato igualitario. Que celebre una unidad fraterna y solidaria que florece cuando cada uno aporta lo suyo, cuando se supera la distinción entre dos géneros falsamente opuestos, en que nos reconocemos como un mismo ser.

Fernanda Peralta Muñoz

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