Elogio de la Sarasa, ahora Quequén, por Mempo Giardinelli

Hoy ni el Río Paraná ni el de la Plata son navegados por cargueros de bandera argentina. En todo lo que allí navega flamean enseñas extranjeras. Por eso esta columna sostiene que el comercio exterior argentino es una falacia.

La logística y la exportación de los bienes naturales del territorio nacional siguen en manos extranjeras, y así se ha convertido a la Argentina en mero lugar de paso de mercancías incontroladas que no dejan rédito alguno, y todo en ausencia de un Estado que controle, cuide esos bienes y vigile equilibrio de intereses.

Esta dolorosa realidad es ya un absurdo por donde se lo mire. Y es lo que mejor explica que este país tenga al 50% de su población en situación de pobreza, tragedia humana cuya causa profunda es haber entregado la soberanía del Río Paraná. Menem lo hizo, lo perfeccionó Macri, y hoy, insólitamente, lo sostiene el gobierno del FdeT.

Por eso duele tanto la sarasa que estimula el cipayo decreto 949/2020, que sigue vigente y la semana pasada se perfeccionó con la flamante resolución Nº 625/2022 del Ministerio de Transporte, firmada por el Ministro Alexis Guerrera y según la cual y de hecho se regala definitivamente el río Paraná a las multinacionales.

Además de doloroso porque tal resolución es obvio que no se pudo emitir sin aprobación presidencial, es sabido –como sostiene y explica esta columna desde hace por lo menos dos años– que al Canal Magdalena no se lo pone operativo porque en sí mismo es la principal y justa limitación a los negocios del modelo logístico colonial con que el menemismo empezó a pervertir la Historia política, económica y social de la Argentina.

Y engaño que para colmo se hizo en nombre del Peronismo, sembrando una confusión que todavía daña a la democracia y que en buena parte explica el auge de las propuestas de violencia, autoritarismo y racismo que en estos meses infectan la Paz de esta nación.

Esta nueva resolución 625, emitida a sólo dos días del regreso del Ministro Massa de los Estados Unidos, no puede sino vincularse a los mandatos foráneos para recolocar a este país en estado colonial.

Es sabido y es obvio, además, que entre tantos cipayos figura buena parte de la dirigencia opositora, ésa que alienta la violencia demencial de sujetos y sujetas despreciables que aspiran a incendiar la república mientras algunos dirigentes se arrempujan para ver quién será candidato/a a ocupar la Casa Rosada en 2023.

En ese contexto, la tragedia de los ríos Paraná y De la Plata, y del Canal Magdalena, simboliza una larga sucesión de entregas de soberanía, negociados y presumibles corruptelas.

Ahí está el puerto porteño destinado a ser mero auxiliar del Puerto de Montevideo, única razón por la que continúa la obra que iniciaron Macri y Caputo y que hoy sólo se justifica si se entrega nuestra salida al mar. Para lo cual se sigue demorando el Canal Magdalena con la colaboración objetiva de la confusa retórica de la Casa Rosada, donde o se guarda silencio sobre estos asuntos de Soberanía o cualquier día se afirma que se hará la obra que después y silenciosamente no se hace.

Por fortuna, y porque el sentimiento patriótico de Soberanía sigue siendo poderoso en nuestro pueblo, las resistencias también aumentan y son fenomenales, necesarias y esperanzadoras. Por lo que apoyarlas es un imperativo para el pueblo argentino si se comprende que no hay otros caminos hacia la recuperación de la Soberanía Nacional en todos los órdenes.

Esta misma semana, y a la vista de otra entrega cipaya, trabajadores y dirigentes de la ciudad de Quequén, sobre la costa suratlántica bonaerense, informaron a toda la nación del peligro inminente que corre su puerto, que es de enorme importancia porque es el más profundo del país y su operatividad en manos del Estado Argentino sería decisiva.

También balnearia, esta ciudad que comparte el río Quequén Grande con la ciudad de Necochea es uno de los mejores puertos cerealeros de la Argentina, con una altitud de 15 metros sobre el nivel del mar, lo que lo constituye en un puerto de gran profundidad natural y extraordinaria operatividad con eficiencia y bajos costos.

Pero virtudes seguramente inútiles mediante la maraña de decretos y resoluciones del MdeT, que ahora ha decidido concesionar este puerto nuevamente y casi con seguridad por otros 25 años. Y desdicha –una más–que se anuncia para noviembre, o sea el mes que viene.

La resistencia a esta nueva entrega la encabeza un patriota del lugar, el arquitecto Miguel Ángel Bayón, quien hace docencia cívica y económica subrayando «la oportunidad histórica de recuperar esta parte de territorio nacional que emerge en la ribera del Quequén, sin comprometer al Estado a ningún esfuerzo económico, pues las instalaciones se encuentran en perfectas condiciones de funcionamiento y sólo se trata de una decisión política».

Bayón, además, postula que las concesiones privadas son un sistema deficiente porque «las empresas realizan inversiones sólo inicialmente, calculan la rentabilidad para el período establecido en la concesión, y a medida que pasan los años las inversiones decaen por más que sean necesarias».

Junto con otros ciudadanos y ciudadanas, ante la Asamblea Popular por la Soberanía de ese puerto y en el marco del Concejo Deliberante local, Bayón viene explicando la importancia de que, al terminar la concesión, el puerto de Quequén vuelva a ser administrado por el Estado Nacional o «por una empresa mixta que funcione como empresa testigo y se controlen las cantidades, calidades y precios de los productos que se exportan por este puerto».

También admite que “se han perdido muchas de sus instalaciones y no es tan fácil reconstruirlas, pero de lo que existe y está en buen funcionamiento eso sí se puede rescatar para el Estado» a fin de tener una Terminal portuaria que permita transparentar el comercio exterior que, en manos de multinacionales monopólicas y privadas, facilitan la evasión impositiva y la fuga de capitales.

A la luz de los abusos de los monopolios multinacionales permitidos por el desguace menemista y su continuidad de por lo menos los últimos 30 años, es ya imperativo que el gobierno nacional reaccione. Y bueno sería que se contagie del espíritu recuperatorio del gobernador Kicillof, expresado en innumerables oportunidades respecto del Canal Magdalena.

A sólo un mes del nuevo sometimiento que implicaría volver a concesionar el Puerto de Quequén, es urgente eliminar los obstáculos para la libre participación de organismos como el Senasa, la Aduana y la Afip en el control de las exportaciones, lo cual permitiría además «reconstruir cuadros técnicos y políticos para administrar con eficiencia los bienes del Estado».

También por eso la nacionalización de Puerto Quequén disminuirá los delitos económicos «habituales» en las depredaciones de Soberanía, como el uso tramposo de precios de transferencia; el pago por falsos servicios en el exterior; la comercialización entre filiales de una misma empresa; el uso delictivo de derechos de exportación; manejos turbios con Declaraciones Juradas a futuro; contrabando y falsificación de guías de transporte, y falsos préstamos entre filiales para eludir el Impuesto a las Ganancias. Entre otras.

Controlar el Paraná es controlar la Cuenca del Plata y el 50% de la proteína vegetal que se consume en el mundo y es llevada por transporte marítimo. Controlar el Río de la Plata es controlar el Atlántico sur, y quien controla el Atlántico sur controla la Antártida y el pasaje bioceánico.

La resolución 625/22 no puede ser vista sino como otro paso decisivo hacia la definitiva entrega del Paraná, que fue y es el objetivo final del decreto 949/20. En el estado actual del mundo, sin el Paraná, la Argentina no tiene futuro.

Mempo Giardinelli

Página/12