Breve historia de la xenofobia, por Daniel Barrios

Este texto se creó con la intención de contribuir al debate planteado por la periodista de Público.es Inna Afinogenova que dijo: Consulta a los historiadores que me siguen: ¿en qué momento de la historia la xenofobia estuvo tan institucionalmente aceptada e incentivada a nivel global? Gracias.

La xenofobia, la discriminación y el racismo deben ser tan viejos como la humanidad, pero supongo que la pregunta es respecto de actuales sucesos.

La institucionalización de la discriminación xenófoba fue tangible en los procesos coloniales británicos, dónde el colonizador era hasta moralmente superior al colonizado; el español, donde hasta se discutió si los pueblos originarios tenían alma; en la Alemania nazi, dónde ser distinto implicaba perder derechos incluido el derecho a la vida y dónde la mass media comienza a tomar preponderancia; y los procesos institucionales más recientes del Apartheid, en Sudáfrica, con su emblemática Ley de Registro de Población No 30 de 1950, y el actual corpus legislativo de Israel contra el pueblo palestino.

Adalah, una ONG que defiende los derechos de los árabes en Israel, elaboró una base de datos que incluye más de 65 leyes discriminatorias hacia los palestinos.

En la Historia, el Imperio Romano fue uno de los primeros en ser bien documentado y era por aquel entonces «el mundo conocido».

El historiador británico Edward Gibbon publicó en su “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”, obra de 1778, que una de las teorías para explicar las causas del colapso de ese Estado, junto a causas religiosas y morales, fue el trato xenófobo a muchos aliados militares que se rebelaron contra Roma y lucharon contra ella.

Existen varios tipos de desigualdad: edad, sexo, color de la piel, orientación sexual, status, religión y capacidad. El significado asociado a cada una de estas variables es cultural, ya que es a nivel social como se establecen en cada momento de tiempo.

Últimamente hemos visto como los discursos violentos de la derecha promueven la desaparición del otro, sin medias tintas. Ya ni siquiera se está ante la infravaloración de las diferentes capacidades de unos y otros, y el buscar transformar a los vencidos en esclavos de los designios del poder central.

Desigualdad por de raza o etnia. La raza alude a las características físicas y biológicas de las personas, mientras que la etnia, del griego «ethnos», incluye además de los aspectos raciales, los nacionales, tribales, religiosos, lingüísticos o culturales.

Siguiendo esta distinción, se dan dos tipos de desigualdad: la basada en las diferencias físicas, como el color de la piel o los rasgos faciales (Prenant, 1939), y la basada en el idioma o la cultura.

La discriminación tiene lugar cuando esas diferencias se materializan en la idea de inferioridad de unas personas en relación con las otras, dando lugar al fenómeno del racismo y la xenofobia.

Se pueden encontrar múltiples ejemplos a lo largo de la historia que muestran las creencias excluyentes de algunas sociedades hacia determinados grupos sociales.

Es el caso de los extranjeros, que no tenían los mismos derechos que los hombres libres en la Grecia Clásica; la «limpieza de sangre» del siglo XIV en España, que distinguía entre los cristianos que tenían «sangre pura» y los judíos y musulmanes de «sangre impura»; o en India con el sistema de «castas» basado en las diferencias de «sangre y espíritu».

Sin embargo, el racismo como ideología, que va más allá de la idea de superioridad de una raza sobre otra al perseguir la eliminación del «otro», es más reciente en el tiempo. Comienza en el siglo XVIII, se desarrolla durante el siglo XIX y adquiere su máximo apogeo durante el siglo XX con las ideologías totalitarias (Cisneros, 2001).

Es Alemania la receptora principal del legado de Gobineau con su tratado sobre la desigualdad entre las razas (Romualdi, 2008), al que se añaden los escritos del inglés nacionalizado alemán, Chamberlain, en cuyo tratado Los Fundamentos del siglo XX se refiere a los hebreos como enemigos de la consolidación de la Alemania imperial, ideología que sería recogida por el nazismo durante el primer tercio del siglo XX (Bochaca, 2009).

Estas ideologías racistas impregnaron el segundo proceso colonizador europeo que tuvo lugar en el último tercio del siglo XIX y primera mitad del siglo XX de la mano de los países que habían realizado las revoluciones burguesas, proceso que se cimentó sobre la idea de la superioridad de unas razas (la de los colonizadores) sobre otras (la de los pueblos colonizados).

Esta misma creencia fue la base de la ideología racista de Estados Unidos respecto a los africanos llevados al país como esclavos.

Otro ejemplo de legislación para la xenofobia es la que se aplicó en los Estados Unidos con la segregación en las escuelas y universidades, los lugares públicos, el transporte público y la segregación de baños y restaurantes; también existían fuentes de agua potable para los blancos y para los negros. El Ejército Estadounidense también fue segregado.

Las leyes “Jim Crow” (término despectivo con el que se denominaba a los negros) fueron derivadas de los códigos negros (1800-1866), que también habían limitado los derechos civiles y las libertades civiles de los afroestadounidenses. La segregación escolar apoyada por el Estado fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de los Estados Unidos recién en 1954, con base en el caso de Brown v. Board of Education.

En general, el resto de las leyes “Jim Crow” se anularon por la Ley de Derechos Civiles de 1964​ y la Ley de derecho de voto de 1965.

Ahora, cabe preguntarse si esta construcción de hacer ver a Rusia y a los rusos como enemigos mortales justifica hechos tan inexplicables como carentes de sentido que llevaron a cancelar exhibiciones de películas rusas, conferencias sobre Dostoievski, Tolstoi, Trotsky o Stalin, impedir presentarse en Polonia a Roger Waters por su simpatía hacia Rusia, impedir la presentación de deportistas en eventos internacionales por el solo hecho de haber nacido en Rusia o suspender la presentación del Ballet Bolshoi en el Teatro Real de Madrid.

Todos estos hechos remiten a una muy particular «Historia de Alemania», publicada en los Estados Unidos en donde a través de todos los capítulos nos enteramos que todos los líderes alemanes fueron desalmados, traidores, estúpidos, corruptos, avaros y criminales.

¿Cómo explicar que grandes empresas-símbolo del capitalismo, cuyo objetivo es ganar dinero, como Disney, Warner, Sony, Netflix, PlayStation, Nintendo o Spotify hayan suspendido su actividad en Rusia? Cuando empresas como IBM continuaran su actividad en Alemania durante toda la Segunda Guerra Mundial, tal como queda expresamente demostrado en el libro de Edwin Black.

Uno desearía que la cordura invadiese a uno y otro lado pero al ver las posiciones de Occidente queda muy poca esperanza de que ello ocurra. “No son meros gestos. La Cultura y el Deporte importan. Para Putin, sus compinches y para la población”, dijo Nadine Dorries, secretaria de Estado de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del Gobierno británico, que calificó esta batalla de potencial “tercer frente” de la guerra.

Agrego unos párrafos finales del diario «El País», de Madrid

Pero Ricardo San Vicente, profesor de literatura rusa en la Universidad de Barcelona y traductor de escritores como Tolstói o Zóschenko, avisa de que el bloqueo occidental puede fomentar la xenofobia y “un sentimiento muy extendido en Rusia que se resume en ‘Europa nos castiga otra vez”. “Ningún Estado o poder pequeño o grande tiene autoridad moral para limitar el acceso a la cultura.

No encontramos ningún sentido a censurar a personas cuya actividad personal y profesional es la creadora. Somos conscientes de que la creación va, y debe seguir yendo, más allá de los intereses políticos. Y son estos los que precisamente han tratado a menudo de instrumentalizar la libertad de los artistas.

Nos tememos que también es así en este caso”, escribe Anastasia Kostyuchek, codirectora del Instituto Ruso Pushkin, centro que organiza cursos de idiomas y actividades culturales en Madrid y que, por otro lado, se declara “rotundamente en contra de cualquier forma de violencia o guerra”.

Frente a ello, Algirdas Ramaska, director del festival internacional de cine de Vilnius, en Lituania, declaró a The New York Times que “el aislamiento total” llevará a más ciudadanos a levantarse contra su presidente.

Y la académica Jane Duncan, de la Universidad de Johannesburgo y experta en el impacto de los boicoteos culturales, explicó al mismo diario que iniciativas así pueden ser “extremadamente exitosas” si tienen muy claras sus reglas y sus objetivos.

Nunca me hubiese imaginado que en el mundo hubiese alguien experto en «impacto de los boicoteos culturales»… Creo que la cordura está a la misma distancia de nosotros que el telescopio James Webb.

Daniel Barrios