Diputados debate la posibilidad de alcanzar una moneda única con Brasil.

El proyecto que apoya la creación de la misma fue presentado por la oposición, pero cuenta con el beneplácito del oficialismo.

Se trata de una alternativa que estuvo cerca de concretarse en 2019, y que es vista con buenos ojos tanto por Bolsonaro como por Lula.

Quienes peinan canas -y no necesariamente tantas- saben adónde conduce la inflación espiralizada que sufre la Argentina y que ya nos ha puesto a las puertas del 100%. Hay generaciones que estaban acostumbradas a los dos dígitos, mas con cifras que hoy hasta pueden considerarse “razonables”, si bien quintuplican la media de la mayoría de los países.

En ese contexto muchos se preguntan cuál es el camino para encontrarle una solución a este problema que tiende cada vez más a complicarse, en lugar de mejorar. Difícil, cuando los que definen ni siquiera se ponen de acuerdo en las causas de la inflación. La grieta también está ahí.

Tan grave es la situación que muchos han sugerido en los últimos tiempos alternativas drásticas como la “dolarización”. Un camino de ida, que entusiasma a muchos, pero que despierta pasiones encontradas, por cuanto implica una pérdida de la soberanía monetaria. Pero sobre todo exige una rigurosidad fiscal que nuestros antecedentes ponen fuertemente en duda.

Hay quienes miran con nostalgia la única gran victoria que nuestra economía tuvo en esa materia, cuando la convertibilidad logró frenar sucesivas hiperinflaciones y nos llevó a casi una década de inflación controlada. Supimos entonces de un tiempo largo de inflación cero.

Pero ya se sabe cómo terminó esa experiencia, aunque las razones no la tuvo esa medicina, sino los tratamientos que acompañaron la experiencia.

Lo cierto es que esa es la génesis que se haya reflotado en el Congreso una idea que en rigor nació con los padres fundadores del Mercosur, Raúl Alfonsín y José Sarney, quienes la soñaron cuando todo estaba por hacerse aún, y que por lo que se ha sabido en este último tiempo, cerca estuvo de concretarse en tiempos recientes: el nacimiento de una moneda única con la República Federativa de Brasil.

Es una alternativa que rescató el diputado del Pro Fernando Iglesias, que la tradujo en un proyecto de declaración que simplemente expresa su apoyo a la creación de esa moneda única. En el mismo texto del proyecto se detallan las incidencias que rodearon esta posibilidad que podría llegar a convertirse en una herramienta drástica contra la inflación.

No fueron argentinos los que se encargaron de reflotar esta posibilidad, sino brasileños. En efecto, el 19 de agosto de 2021, en el marco de una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño, el ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, planteó la necesidad de crear una moneda única para los países que son miembros del Mercado Común del Sur (Mercosur).

En mayo de este año y durante el Foro de Davos, Guedes volvió sobre la propuesta de crear una moneda común entre Brasil y

Argentina. La idea fue también tomada por la oposición de ese país, ya que el PT ha diseñado un plan de mediano plazo para que exista una moneda regional sudamericana que evite el uso del dólar en el comercio internacional.

Como hemos dicho, en los últimos treinta años la cuestión estuvo en agenda ya sea con las “monedas del Mercosur” ideadas por el expresidente argentino Carlos Menem; el “peso real” de Jair Bolsonaro y el proyecto de Lula Da Silva, por mencionar solo algunas iniciativas. También fueron parte de la agenda regional los criterios a adoptar en materia de temas afines, como el Arancel

Externo Común y la creación de un Banco Central supranacional.

La comparación con el euro

Hoy, vistas las dificultades que atraviesa nuestra economía, no cabe duda de que la creación de una moneda única argentino-brasileña o del Mercosur generaría una herramienta regional contra la inflación capaz de fortalecer el comercio exterior común, y constituiría un paso firme en la integración regional y la apertura económica con el mundo.

Es lógico que cuando se habla de moneda común se piense en la experiencia europea. Hay que tener en cuenta que Unión Europea desarrolló su economía empleando el mismo método, y fue el propio Guedes el que hizo la comparación al defender su propuesta.

El ministro brasileño contó que “Europa comenzó su proceso de integración con un mercado común, luego condujo a la uniformidad de los tipos de cambio y, finalmente, llegó a la unión monetaria, la cima de la integración”.

Y luego, centrando la cuestión en la moneda común del Mercosur, agregó: “En el futuro se podría seguir el camino de la integración monetaria. Aunque cada Estado pueda tener su política fiscal, Brasil debería imaginar una aproximación mayor, con área de libre comercio. Podríamos tener una integración completa y en este sentido Brasil asumiría una función como la de Alemania en Europa”.

Una alternativa capaz de seducir a los brasileños más refractarios a la idea.

Cuando estuvo a punto de concretarse

En este marco, las propuestas de unificación monetaria llegaron a estar cerca de concretarse en el pasado reciente. Fue a mediados de 2019, en plena inestabilidad cambiaria de la Argentina, cuando los ministros de Economía Nicolás Dujovne y Paulo Guedes, y los presidentes Mauricio Macri y Jair Bolsonaro estuvieron a pocas horas de anunciar la creación de una moneda común: el peso-real.

Pocas horas antes del anuncio, la propuesta fracasó por la oposición del presidente del Banco Central de Brasil, Roberto Campos Neto, temeroso de que la crónica inestabilidad monetaria argentina terminara contagiando a su país.

El debate en Diputados

La propuesta fue presentada, como dijimos, por Fernando Iglesias, y acompañada por más de una decena de legisladores de todos los sectores de Juntos por el Cambio: Sabrina Ajmechet, Rubén Manzi, Juan Manuel López, Florencia Klipauka Lewtak, Gabriela Lena, Hernán Lombardi, Martín Arjol, Gerardo Cipolini, Adriana Ruarte, Alfredo Schiavoni, Ana Clara Romero, Carlos Zapata y Virginia Cornejo.

Ha habido propuestas similares, como la que en el Senado impulsó en 2003 Luis Falco, un radical rionegrino. Pero el tema es bien transversal, pues ese mismo año también presentó un proyecto de declaración solicitando al PEN dirigir todas las acciones necesarias para acceder a la implementación y puesta en marcha de la moneda única y común del Mercosur, el diputado peronista Francisco “Barba” Gutierrez.

El de Iglesias es un proyecto de declaración que fue girado a las comisiones de Finanzas, de Relaciones Exteriores, y de Mercosur. Esta última es presidida por el propio Iglesias, quien con la intención de comenzar a dar el debate sobre el tema convocó a una reunión de la Comisión de Mercosur el pasado jueves 15 de septiembre, a la que invitó al exministro de Hacienda Nicolás Dujovne, para que contara la experiencia casi desconocida que nos puso tan cerca de alcanzar un acuerdo en esa materia con nuestros principales socios del Mercosur.

Imprevistamente para ese mismo jueves se terminó convocando a una sesión especial, pero así y todo la reunión de la comisión se llevó a cabo a partir de las 10, y si bien no pudieron exponer todos los invitados, sirvió para abrir el debate y mostrar la buena predisposición de todos los sectores para explorar al menos esta alternativa.

Un dato digno de tener en cuenta es que la presencia de Dujovne no fue utilizada por los diputados del oficialismo para hacerle referencias al endeudamiento contraído durante su gestión con el Fondo y la atención estuvo puesta en sus comentarios sobre el tema puesto a consideración.

“Estaríamos hablando de la opción de una moneda para la Argentina, que garantice la estabilidad macroeconómica más allá de quien gobierne. Además es una idea que tranquilamente puede integrar a los países del cono sur latinoamericano”, expresó Dujovne durante esa reunión.

En ese marco, el exministro de Hacienda de Macri confirmó que la posibilidad de alcanzar un acuerdo “estuvo muy cerca” en 2019, pero “tras varios actos de generosidad, pero al no ser revalidados en las elecciones de ese mismo año, el proyecto quedó solo como una conversación”, dijo.

En ese marco, el invitado confirmó que la posibilidad de alcanzar un acuerdo “estuvo muy cerca” en 2019. “En abril de 2019 comenzamos a hablar con el ministro Guedes acerca de la posibilidad de crear una moneda entre Argentina y Brasil.

Lo vi entonces como un acto de enorme generosidad por parte de mi par brasileño, puesto que Brasil lleva desde el año 94 una disciplina monetaria muy estricta, con un esquema de metas de inflación que se inició en el 94, y que finalmente, después de casi 30 años logró llevar a la inflación brasileña a niveles cercanos al de los países más desarrollados”.

“Por supuesto, nuestra moneda no goza de la misma performance en los últimos 20 años, con lo cual, que Brasil propusiera empezar a conversar con nosotros acerca de esto, para mí era un acto que demostraba la voluntad integradora de Brasil”, reconoció Dujovne, que amplió esa integración a nivel regional, porque “una moneda única luego podría extenderse hacia otros países del Cono Sur”.

A su juicio, existirían “sinergias” para lograr que una moneda única entre Argentina y Brasil pudiera extenderse luego a otros países de la región.

Dujovne contó que siempre se habló de crear un Banco Central Supranacional, por debajo del cual se conservaran los bancos centrales locales, y generar un proceso de convergencia macroeconómica, con metas fiscales para luego dar el paso final de la moneda única.

En ese momento, recordó el exministro, la Argentina “tenía una inflación en baja; teníamos un mercado de cambio único; estábamos ya cerca del equilibrio primario en las cuentas públicas; no estábamos tan lejos de poder empezar un proceso de convergencia a la moneda única con Brasil.

De hecho, nuestra inflación era más alta, pero nuestras cuentas fiscales en 2019 estaban en mejor posición que las cuentas fiscales de Brasil”.

Aclaró Dujovne que solo se trató de conversaciones, no de una “negociación”. Recordó un viaje suyo a reunirse con Guedes en sus oficinas para hablar específicamente de ese tema, y la idea era armar una hoja de ruta de convergencia macroeconómica no muy larga, para luego iniciar un proceso similar al que llevó adelante la Unión Europea, en el cual se fueran fijando los tipos de cambio alrededor de la moneda más fuerte en la cual se unificó la Unión Europea, y mecanismos de swaps entre los distintos bancos centrales hasta converger en la moneda única.

“Las conversaciones se interrumpieron por el proceso electoral de 2019”, reconoció Nicolás Dujovne. En rigor, hablaba de la estruendosa derrota de Cambiemos en las PASO, tras lo cual el ministro dejó el cargo y Argentina tuvo otras urgencias en el segundo semestre de 2019.

“Finalmente este proyecto quedó como una conversación que eventualmente podrá ser retomada en los próximos años”, observó el exfuncionario, que luego abogó para alcanzar estabilizar la cuestión fiscal, para recién después comenzar a pensar en acuerdos monetarios.

En ese sentido advirtió que “un acuerdo monetario implica, primero, menos riesgos de reversibilidad: al tratarse de un tratado, no es que yo adopté el dólar y dentro de 5 años me voy… Tiene mucha más credibilidad un acuerdo bilateral, multilateral”.

Habrá además un Banco Central Supranacional que tendrá en cuenta a la hora de hacer política monetaria los shocks a los que están sometidos todos los países de la región.

“Es decir que uno no abandona la posibilidad de que si, por ejemplo, si viene una pandemia, ese Banco Central baje las tasas de interés teniendo en cuenta lo que está sucediendo con los distintos miembros”, agregó Dujovne, que sumó también que “al tener un tratado monetario, también yo voy a poder recibir el señoreaje que genere sobre las reservas la demanda de dinero generada por la integración de mi país a ese tratado bilateral”.

Reconoció finalmente que hoy estamos muy lejos de alcanzar una posibilidad semejante, y una propuesta de ese tipo debería venir del lado brasileño. “Nosotros estamos acá coqueteando con una moneda única con Brasil, pero la propuesta tiene que venir del otro lado”, admitió, destacando las grandes expectativas de un acuerdo de ese tipo tendría para la Argentina, pero también para todo el mercado común.

Brasil, sin incentivos

Luego expuso Fabio Giambiagi, funcionario del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil, hijo de argentinos, quien contó que en el año 1999 escribió un artículo con Roberto Lavagna en el que plantearon que “la región debía tener a Argentina y a Brasil como protagonistas en acuerdos bilaterales de moneda única”.

Giambiagi expuso a través de un video grabado previamente, en el que terminó admitiendo que “hoy no hay espacio político en la sociedad brasileña, en el establishment, para que haya una renuncia a la soberanía que está implícita en procesos de integración monetaria como los que se dieron en el euro, o como los que Roberto Lavagna y yo proponíamos por el año 99”.

En todo caso, dijo, la posibilidad de reflotar esa posibilidad dependerá de los desenlaces electorales en ambos países. Hoy Brasil “no tiene incentivos para sumarse a un proceso de integración monetaria como el que se dio, con renuncia a la soberanía, en los países de Europa.

Creo que habría incentivo para que Brasil se sume a un esfuerzo del Gobierno argentino, asociado a las ideas que fueron recientemente defendidas en un artículo periodístico por el diputado Martín Tetaz por las cuales el país, por decisión de la sociedad argentina, adoptase el real como moneda nacional, hay alternativas que dependerán de la sociedad argentina.

Ahí sí, con cualquier presidente brasileño estaría dispuesto a participar de conversaciones que lleven a algún tipo de acuerdo monetario”.

La opinión de Martín Tetaz

La inminencia de la sesión de ese día generó una interrupción de la reunión. Desde el Frente de Todos se mostraron muy interesados en continuar ese debate, y de paso proponer ellos invitados.

La exposición del diputado Tetaz quedó para el próximo encuentro, por lo que parlamentario.com consultó su opinión sobre este tema, partiendo de diferenciar esta alternativa con la posibilidad de una dolarización.

“En principio es muy superadora por muchas razones a la dolarización”, aclaró el diputado de Evolución Radical. La primera, comenzó, “es que, en ambos casos, con dolarización y con ‘realización’, o convertibilidad al real, parás la inflación. Convergés monetariamente al país con el cual te estas juntando, y por lo tanto baja la tasa de interés, baja la inflación, baja el riesgo país.

Todo esto es el lado positivo y pasa en ambos casos. Pero la ventaja de ir al real es que tenés menos vulnerabilidad cuando el país este devalúa el tipo de cambio”.

Tetaz se remontó en el tiempo para recordar que “la gran experiencia argentina con la convertibilidad es que aquel plan nunca resistió la devaluación de Brasil de enero de 1999, y entró en una recesión que terminó en el 2002, nunca pudo corregir eso. En cambio, si nosotros en vez de haber estado atados al dólar hubiéramos estado atados al real, no nos hubiera hecho nada. De hecho, probablemente hubiéramos evitado la crisis del 2001 – 2002”.

A continuación, Tetaz apuntó que “lo que la Teoría de las Areas Monetarias Optimas de Mundell recomienda es, esencialmente, que busques una convergencia, una moneda con la cual tengas un ciclo común. Es decir, que le pasa a tu economía lo mismo que le pasa a la otra economía en general; las afectan los mismos shocks, en los mismos momentos del tiempo”.

“Eso no pasa con Estados Unidos -ejemplificó-. Las crisis de Estados Unidos no tienen nada que ver con las nuestras; pero sí nos pasa con la de Brasil. Entonces nos conviene ir a esa convertibilidad con Brasil, sería ampliamente beneficiosa”.

Finalmente, tiene ventajas políticas grandes, remarcó el diputado de Juntos por el Cambio. “Porque para nosotros es mucho más fácil, desde el radicalismo al peronismo, todo el mundo simpatiza con la idea de una moneda con Brasil, y en Brasil también. Estaba de acuerdo Lula y estaba de acuerdo Bolsonaro; de hecho, los antecedentes argentinos, el primero fue Alfonsín con Sarney, que hablaban de una moneda común en los 80. Y el último es el de Macri con Bolsonaro, que hablaban también de ir a una moneda común en 2018/2019. Entonces, gane Bolsonaro o gane Lula en Brasil, hay plafón político para ir a buscar esto”.

Y por último, concluyó Tetaz, este acuerdo “mejora mucho la integración con el país con el cual vos haces la moneda común, o en este caso la convertibilidad, eso hace que sea mucho más barato el comercio internacional con ese país, aumenta la integración, va a aumentar mucho el flujo comercial que tenemos con Brasil y entonces potencia mucho la región”.

Qué dice el proyecto

Que el valor de la moneda argentina esté atado a un banco supranacional responsable de controlar la emisión similar al Banco Central Europeo, y no simplemente a una ley, le daría a la estabilidad monetaria una perspectiva de largo plazo, mucho mayor a los cuatro años de gestión por parte de un mismo gobierno que habilitaría la sola reforma de la Carta Orgánica del BCRA, siempre a tiro de las mayorías parlamentarias y de una ley que lo modifique.

Eso es lo que plantea el proyecto que se analiza en el Congreso, según el cual se terminaría además con el hábito de las devaluaciones competitivas, esas “políticas de empobrecer al vecino” -según la célebre definición de Keynes- que fueron cruciales para el colapso de la Convertibilidad pocos años después de la devaluación brasileña.

La asociación monetaria con Brasil posee varias ventajas respecto a la dolarización. Según el proyecto de Iglesias, en primer lugar, siendo Brasil nuestro principal socio comercial (13% de nuestras exportaciones e importaciones), la estabilidad monetaria y la simplificación de cálculos y trámites facilitarían la integración de cadenas productivas y la planificación y financiación de inversiones a largo plazo.

En segundo lugar, una moneda argentino-brasileña asociaría a dos economías similares, exportadoras de commodities e importadoras de insumos y equipo industrial; lo cual tiende a sincronizar sus necesidades monetarias. Es todo lo contrario a lo que sucedía en los 90 con Estados Unidos, cuya estructura productiva completamente diferente generaba necesidades opuestas y creaba enormes problemas de sincronización monetaria.

En tercer lugar, las ganancias futuras de productividad de Brasil y Argentina serán previsiblemente similares, mientras que una asociación con el dólar estadounidense ataría la economía argentina a otra economía con notables diferencias de productividad, generando un progresivo atraso cambiario y problemas de competitividad.

Una moneda única argentino-brasileña favorecería también el desarrollo del Mercosur y la integración económica regional; generando un espacio económico de la escala necesaria para estimular las inversiones e impulsando la integración de cadenas internacionales de valor. Favorecería también la modernización de ambos países a través de la concreción final del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, generando el mayor espacio económico común del mundo, regido por solo dos monedas.

El proyecto presentado en Diputados concluye que “una moneda única con Brasil tendría la ventaja de anclar nuestra política monetaria a un factor externo evitando el inconveniente de que sea el dólar la moneda que desempeña esa función; lo cual la hace políticamente más viable. Algunos verán en ella la posibilidad de acabar con la inflación; otros la mirarán como un instrumento favorable a la integración regional. En todo caso, su viabilidad política y, por lo tanto, su perspectiva de aprobación y duración a largo plazo, resulta mucho mayor”.

José Angel Di Mauro 

Parlamentario