Atentado a Cristina: la investigación no avanza en la autoría intelectual.

La causa parece limitada al rol de los denominados «copitos», lo que hace presumir que, sin direccionamiento hacia el instigador, todo queda resumido a los responsables materiales.

Las defensas de los detenidos buscan mostrarlos como indigentes, simples vendedores o megalómanos.

El expediente judicial por el intento de magnicidio no está dando respuestas a la presunción de la víctima, Cristina Fernández de Kirchner, quien el viernes descartó públicamente que los cuatro detenidos sean los autores intelectuales del ataque.

Nada surge por ahora que conduzca a quienes pudieron pensarlo e instigarlo. La mayor parte de la prueba obtenida se limita a los mensajes de Whatsapp entre «los copitos» (a esta altura, una identificación risible) y los dos procesados como coautores, Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte.

En los próximos días la jueza María Eugenia Capuchetti resolverá la situación procesal de los otros dos detenidos, Agustina Díaz –amiga íntima de Uliarte- y Gabriel Carrizo, el dueño de la máquina de fabricar algodón de azúcar.

Todo indica que ambos serán procesados; el interrogante es por qué delitos. La Cámara Federal pareció demarcar el territorio (al menos en lo relativo a Díaz) al recordarle que el fiscal Carlos Rívolo la consideró, en principio, «partícipe secundaria» del intento de homicidio y «subsidiariamente», autora de «encubrimiento».

La pena en expectativa en su caso es ciertamente menor y la propia resolución urgió a la jueza a resolver sobre su procesamiento, lo que «eventualmente permitiría reevaluar el temperamento aquí adoptado» (el rechazo a la excarcelación).

Uno de los abogados de Díaz, Pedro Javier Molina, está convencido de que no hay nada en el expediente que pueda involucrarla en «actos preparatorios» del ataque.

¿Y Carrizo? Su abogado, Gastón Marano, insistirá el martes ante la Cámara Federal con su excarcelación. No tendrá éxito; el supuesto jefe de «los copitos» seguirá detenido.

Pero la defensa planea el despliegue de una batería de medidas para demostrar que se trata de un casi indigente, con una vida miserable de la que reniega y aspira a salir y a quien lo único destacable que le ocurrió en los últimos tiempos fue conocer al hombre que colocó un arma a cinco centímetros de la cabeza de la vicepresidenta y gatilló sin que saliera la bala.

Según esa visión, su narcicismo combinado con incontinencia verbal lo llevaron a la cárcel.

Para demostrar que es ajena al ataque, la defensa pidió la declaración de testigos, que la jueza aún no aceptó. Insistirá con que Carrizo fue engañado para obtener la clave de su teléfono y de esa manera autoincriminarse, cosa que Capuchetti también desestimó.

Pero su arma más importante será una secuencia de mensajes puestos en una línea de tiempo anterior al 1 de setiembre, con la que pretende demostrar que su defendido, Sabag Montiel y Brenda Uliarte exclusivamente hablaban sobre copos de azúcar. Nada de atentados.

La relación, según quedó documentado, se inició en julio pasado: hablaron sobre la forma de trabajo, sobre la compra de un «palito» para colgar los copos, sobre la venta de un colchón e incluso el 27 de agosto, el día de las vallas frente a la casa de la vicepresidenta, hay un contacto a la medianoche (cuando según el chat entre Sabag y Uliarte había fracasado un primer intento de magnicidio) en el que la pareja encarga “entre 60 y 80 copos” para el día siguiente para “un evento muy importante”.

En efecto, fuentes cercanas a los investigadores se preguntan, a raíz de esos mensajes: “¿Cómo pueden ser tan meticulosos para no nombrar a los ‘jefes’? ¿Cómo pueden hablar de tantas ‘pelotudeces’ juntas y que no se filtre nada?”.

Esos cuidados y precauciones con afanes de ocultamientos y secretismo son propios de agentes de inteligencia híper entrenados y claramente no parece el caso.

La propia Cristina Kirchner abonó esa línea el viernes, durante su alegato en la Causa Vialidad: “Sabemos ahora por las noticias los mensajes que intercambiaban quienes forman parte de la banda…, la de autores materiales, eh!, lo tengo clarísimo eso. Nadie puede pensar que esa banda planificó, ideó, la autoría intelectual de lo que me hicieron”.

Así planteado el escenario, el expediente parece encaminarse peligrosamente a un cuello de botella en el que probablemente haya algunas detenciones más.

En los próximos días se completarán los peritajes de los teléfonos secuestrados y atento a que fue esa la fuente de argumentación para las cuatro detenciones que ya se produjeron, algo más puede surgir de allí. ¿Conduce hacia los eventuales autores intelectuales del ataque? No, al menos por ahora.

Las líneas de investigación que Tiempo identificó en sus ediciones dominicales recientes flotan sin mayores definiciones, sólo empujadas por los abogados de CFK, José Ubeira y Marcos Aldazábal.

De tal manera, asoma en el horizonte la posibilidad de que se repita un esquema frecuente en las investigaciones penales: una vez detectados los autores materiales de un hecho, las razones que llevaron a ese hecho pierden relevancia.

A menos que haya un instigador que surja clara y rápidamente de la investigación, el sistema penal suele desentenderse de por qué Juan mató a Pedro.

Una vez probado que Juan lo mató, lo encierra, lo juzga, lo condena y a otra cosa. Es absolutamente secundario determinar si lo mató por una deuda de juego, por una rivalidad deportiva o por celotipia.

En una causa en la que se investiga el intento de homicidio de la figura política de mayor relieve de un país eso no debería pasar. No debería.

Además, parece haber pasado al olvido la figura de Sabag Montiel, el hombre del disparo fallido. Sobre él obra en la causa un informe que indica que tiene “asociación de ideas anormal, observándose disgregación del pensamiento moderado que vuelve el discurso confuso y poco inteligible.

En el pensamiento predominan ideas de tipo delirante con temas hipocondriacos (arterioesclerosis por fumar tabaco armado) y de perjuicio (se describe como víctima de múltiples robos y otras acciones por parte de allegados a los cuales ‘habría’ denunciado varias veces) y presencia de ideación mística con tendencia a la megalomanía”.

Sabag Montiel nunca declaró ante la jueza y el fiscal. Sin embargo en el peritaje psicológico al que fue sometido en el marco de la causa, cuando le preguntaron sobre el intento de magnicidio, respondió: “Yo no entiendo nada, fue un flash, como si apagaran la luz”.

Néstor Espósito

Tiempo Argentino