No hubo milagro para Vélez y Flamengo jugará la final

Luego del 4 a 0 recibido en Liniers, el Fortín se ilusionó con un gol de Pratto a los 21 minutos pero no pudo ante un rival muy poderoso que definirá el certamen ante Athletico Paranaense.

Vélez volvió a caer ante Flamengo, en el estadio Maracaná por 2-1, luego de perder 4 a 0 en el cotejo de ida en Liniers, y se despidió esta noche de miércoles del certamen en las semifinales de la Copa Libertadores.

Y ahora habrá una nueva final entre equipos brasileños, la tercera consecutiva, el próximo 29 de octubre en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, cuando se enfrenten los rojinegros Flamengo y Athlético Paranaense, que en la noche del martes eliminó, por la otra semifinal, a su también compatriota, el bicampeón Palmeiras.

Vélez jugó en el Maracaná con un equipo alternativo de la manera que debió hacerlo como local con los titulares en la ida, porque seguramente así podría haber afrontado una serie más pareja y habría llegado con alguna chance cierta a esta revancha.

Quizás el atenuante fue que esta noche conocía de su rival lo que desconocía siete días atrás, además de que los dirigidos por Dorival Junior también salieron a jugar con algunas ausencias importantes, como por ejemplo la de Gabriel Barbosa «Gabigol».

Dentro de ese panorama entonces, los dirigidos por el uruguayo Alexander Medina no privilegiaron el juego defensivo del primer encuentro sino que trataron de darle equilibrio al desarrollo de su juego, buscando atacar, bien que por inexcusable necesidad, pero también por una convicción para animarse a disputarle la pelota, los espacios y el consecuente protagonismo a su encumbrado adversario.

Esto era, por otra parte, lo mínimo que se merecían los más de 4.000 hinchas velezanos que se llegaron hasta Río de Janeiro, muchos de ellos viajando dos días en ómnibus para ver a su equipo, según ellos mismos confesaron antes del encuentro, «por amor a los colores», única síntesis posible para justificar semejante periplo después del 0-4 de la ida.

Y por eso el gol de Lucas Pratto a los 21 minutos de la etapa inicial al mejor estilo del «Oso», de anticipo tras un centro bajo y preciso de Nicolás Garayalde luego de despojar del balón al uruguayo Giorgian De Arrascaeta fue como una caricia al alma y el corazón de los hinchas ‘forttineros’, que hasta se animaron a celebrar como si el sueño de una remontada que hubiese pasado a los anales de la historia de la Libertadores todavía fuera posible.

Y por más de 20 minutos después de esa conquista esa titilante esperanza se mantuvo viva, hasta que el «verdugo de Liniers», Pedro, autor de tres de los cuatro tantos en el primer partido y máximo anotador de este certamen con 12 tantos, cabeceó una pelota «imposible» para doblegar a Leonardo Burián, el uruguayo ex Colón, reemplazante de Lucas Hoyos.

Por eso Vélez, pese a salir a jugar casi sin chances al segundo tiempo, nunca desvaneció sus intenciones de ir en pos del arco defendido por Santos, como si sus jugadores tuvieran anteojeras para no fijarse en el resultado ni en el entorno de más de 60.000 flamenguistas que no paraban de gritar.

Esa nobleza e hidalguía de los chicos (en su mayoría) de Vélez para no recurrir a las malas artes ni al resentimiento del «perdido por perdido», merecían también algún otro guiño de las circunstancias como para congraciarse con su gente, que ya no estaba sola en las amplias tribunas del Maracaná, sino que tenían el apoyo virtual del clásico rival de Flamengo, el Fluminense que dio origen a los colores de su tricolor camiseta alternativa, a través de varias banderas rojas, verdes y blancas.

Pero al promediar esta etapa final volvió a inspirarse Pedro y le permitió al ingresado Marinho, ex Santos, lucirse con un zurdazo alto, ingresando al área grande, que se clavó contra el ángulo superior derecho del arco defendido por Burián.

No se arredró Vélez sin embargo y siguió yendo con máxima dignidad hasta el final, que lo sorprendió recibiendo la gratitud y el reconocimiento de su gente, que por algunos instantes terminó copando el ambiente del «estadio máis grande do mundo» con un reconocible canto de amor por su club, por su equipo y por los colores azul y blanco.

«Yo soy de Vélez, es un sentimiento, no puedo parar…», fue lo que terminó cerrando la noche en el Maracaná conjuntamente con el gol anulado a Pablo (marcó de cabeza) por posición adelantada a instancias del VAR.

Y así se cerró también la participación de Vélez en esta Copa Libertadores. El equipo argentino que más lejos llegó en esta edición 2022.

Aunque las finales se siguen repitiendo entre equipos brasileños desde hace tres años y esto ya marca una tendencia que resulta preocupante para el fútbol argentino.

Télam