La violencia política contra Lula da Silva se convierte en el tema central

El pasado fin de semana un bolsonarista mató a tiros a un militante del PT cuando celebraba su cumpleaños en un local con su familia y amigos.

Ataques, amenazas, tensiones, tiroteos y un muerto. La violencia política reflejada en varios episodios ocurridos en Brasil han encendido las alarmas ante las elecciones de octubre, y agita el fantasma de lo ocurrido en EE.UU., cuando seguidores de Donald Trump asaltaron el Capitolio al rechazar los resultados de las urnas.

El drama más reciente ocurrió el sábado por la noche en Foz de Iguazú, en el sureño estado de Parana, donde un partidario de Bolsonaro irrumpió en la fiesta de cumpleaños de Marcelo Arruda, militante del Partido de los Trabajadores (PT), y lo mató a tiros. La fiesta era de temática petista.

Ese mismo día, en Brasilia, seguidores del ultraderechista celebraban un acto para defender el porte de armas promocionado por el diputado e hijo del mandatario Eduardo Bolsonaro, que el domingo celebró su 38 cumpleaños con una tarta en forma de revólver y balas.

«Con el clima de intolerancia y creciente número de personas autorizadas a comprar y portar armas, fruto de una deliberada política de armas, no será de extrañar que en los próximos meses se produzcan nuevos atentados, agresiones violentas y asesinatos», escribió el profesor Nabil Bonduki en una columna en Folha de Sao Paulo.

Según datos del Anuario Brasileño de Seguridad Pública, las licencias para armas casi se quintuplicaron durante el Gobierno de Bolsonaro. De los 117.500 registros en 2018, en la actualidad ya hay 673.800.

A esto se suma que Bolsonaro sigue repitiendo que el sistema de voto electrónico utilizado desde 1996 se presta al fraude y que las urnas pueden ser pirateadas fácilmente.

Estos reiterados ataques, siempre sin pruebas, son interpretaros por muchos analistas como una peligrosa amenaza si el mandatario llega a perder los comicios.

En declaraciones a la prensa, el mandatario recalcó este lunes que «no tiene nada que ver» con el crimen contra Arruda.

«El increíble caso del gobierno que incentiva la violencia reduciéndola al índice más bajo en 10 años. La sed de poder está llevando a los militantes travestidos de periodistas a un escenario inédito: pelear contra números», dijo en respuesta a las acusaciones de que su retórica estimula la violencia.

Episodios preocupantes

Unos días previos al crimen contra Arruda, en un acto del PT en Río de Janeiro, y justo antes de que llegase Lula, explotaron dos bombas caseras con excrementos en su interior junto al escenario, que generaron momentos de pánico y que obligó al expresidente a utilizar por primera vez un chaleco a prueba de balas durante el acto.

En junio, en Minas Gerias, simpatizantes de Lula fueron alcanzados por «aguas residuales» lanzadas por un dron que sobrevolaba la zona donde horas después del petista tenía previsto acudir.

Ese mismo mes, durante el evento de lanzamiento del programa de gobierno del PT en Sao Paulo, tres bolsonaristas burlaron la seguridad y uno de ellos llegó prácticamente hasta la palestra donde se encontraba Lula.

En mayo, el coche en el que viajaba el patriarca de la izquierda en Brasil, y favorito en las encuestas, fue rodeado por un grupo de bolsonaristas en la ciudad de Campinas, también en Sao Paulo.

También el carro de Renato Borelli, el juez que decretó prisión contra el exministro Milton Ribeiro, sospechoso de liberar fondos públicos para dos pastores próximos de Bolsonaro, fue atacado cuando salía de su domicilio con heces de animales, huevos y tierra.

Sin entrar en detalles, el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE) Edson Fachin, advirtió que Brasil puede vivir en las elecciones un episodio todavía más grave que el del Capitolio.

«Podríamos tener un episodio aún peor el 6 de enero desde aquí en el Capitolio», aseguró Fachin. Para que esto no ocurra -enfatizó- la Justicia Electoral, la sociedad civil, el Parlamento, las Fuerzas Armadas, la prensa y la comunidad internacional deben proteger la democracia brasileña, dentro de los roles que les corresponden.

En medio de esta tensión, el consejo político de precampaña de Lula se reunió este lunes con el objetivo principal de reforzar la seguridad del candidato en vísperas del inicio oficial de la campaña, que arranca el 21 de julio.

«Las instituciones, candidatos y partidos comprometidos con la democracia tienen la obligación de reaccionar ante el avance de la barbarie de Bolsonaro», comentó el senador Randolfe Rodrigues, aliado de Lula.

Marta Miera

Agencia RT