Besame y descubriré tu contraseña, por Beatriz Literat

Probablemente el beso es la primera sensación que el bebé humano recibe, apenas nace, como una señal de que no está solo y de que es amado. Ese primer beso activa su sistema nervioso sensorial, convirtiéndolo en un radar que, en los meses sucesivos, le permitirá obtener información acerca de su entorno familiar y social.

Ese primer beso es su pasaporte a las infinitas sensaciones que irá percibiendo hora tras hora y día tras día, con sus sentidos, que conectarán los estímulos exteriores con su cerebro e irán construyendo su capacidad de sentir.

Aprender a sentir no es una tarea fácil, desde el enfoque psico-neurológico y además, es un aprendizaje único para cada ser humano, que depende de la salud de su sistema nervioso, de neurotransmisores, de hormonas y múltiples sustancias químicas de su cuerpo.

También depende de los estímulos que recibe, de quienes lo rodean y de cómo ha venido genéticamente habilitado al mundo para procesar esa información.

¿Significa lo mismo un beso para todas las personas? Como dice Gabriela Mistral en su poema «Besos», «hay besos que se dan con la mirada, hay besos que se dan con la memoria, hay besos que arrebatan los sentidos, hay besos problemáticos y hay besos prohibidos», ya que éstos son portadores de nuestros sentimientos más íntimos.

Históricamente, las diferentes culturas le han dado un significado importante a los besos, aún sin conocer lo que hoy la ciencia nos enseña sobre su poder analgésico, antiestrés, regulador del colesterol, promotor de apego y fidelidad en la pareja y estimulante de la excitación sexual. Es un verdadero regulador de funciones psicofísicas.

Pero los besos tienen una contraseña, una clave secreta que puede ser detectada por el Sistema Límbico, el cerebro emocional. Y esa contraseña no está en la parte tangible del beso, no depende de la estética ni de la técnica del besador.

Las investigaciones muestran que el beso funciona como un verdadero test que permite ir descubriendo la personalidad del/la besador/a y del besado/a gracias a los procesos químicos que se ponen en acción y que se perciben en niveles conscientes e inconscientes.

En medicina sexual, además del Brainspotting y otros tratamientos de avanzada, se utilizan los besos como un tipo de terapia, haciendo que los miembros de una pareja, aprendan a dar los besos que le gustan al/la compañero/a, en lugar de satisfacerse a sí mismos y, en el tratamiento de las fobias sexuales, los besos son fundamentales recursos terapéuticos.

Volviendo a la gran poeta chilena… «en los besos palpita el amor, la traición y los dolores, hay besos enigmáticos, sinceros, hay besos que hieren y hay besos nobles».

Beatriz Literat

Télam