El talón de Aquiles del modelo económico de Alberto, por Enrique de la Calle

La economía sigue creciendo y cae el desempleo. Sin embargo, muchos trabajadores son pobres o indigentes, por salarios que pierden o, con suerte, empatan con la inflación. La necesidad de aumentar ya mismo el salario mínimo, vital y móvil.

El programa económico del gobierno de Alberto Fernández empieza a mostrar algunos resultados positivos pero también su talón de Aquiles. En los últimos días se conocieron diferentes datos alentadores: crecimiento de la actividad y caída del desempleo.

Según Indec, la desocupación alcanza al 7%, el número más bajo desde el último año de Cristina Fernández de Kirchner. Ese descenso se explica por el crecimiento de la economía que subió 10% en todo 2021 y que en enero de 2020 creció un 5%. Entre los sectores más dinámicos se encuentra la industria, que no está lejos de su mejor rendimiento histórico, que ocurrió en 2015.

Otro dato que se conoció en estos días tiene que ver con la situación social. La cifra difundida es positiva pero al mismo tiempo muestra los fuertes límites del programa económico del gobierno nacional. Según el Indec, la pobreza bajó al 37% en el segundo semestre del año pasado.

Medida por ingresos, la pobreza descendió muy lentamente y eso se debe, entre otras cuestiones, a que el salario real de los trabajadores (lo mismo pasa con jubilados y pensionados) está muy golpeado hace por lo menos 6 años. Recién en 2021, el ingreso de los trabajadores formales le ganó a la inflación. Vale recordar que los empleados registrados representan la mitad del total de ocupados en Argentina: el 50% restante se divide en cuentapropistas e informales.

Así las cosas, Argentina presenta un escenario muy complejo: un porcentaje importante de sus trabajadores no pueden cubrir la canasta necesaria para evitar ser pobres o, a veces, indigentes.

El problema, que el Gobierno deberá resolver o paliar si quiere ser competitivo en las elecciones de 2023, tiene que ver con la dinámica de ingresos e inflación. En lo que respecta al segundo ítem, a la inflación acumulada se suman los inconvenientes derivados de la guerra en Ucrania, que encarecieron insumos y alimentos. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, el economista Fabián Amico advirtió: «Si el gobierno no interviene, vamos a tener una inflación del 70%» en el año.

Por el lado de los salarios, el gobierno debería pensar en una suba extraordinaria del salario mínimo, vital y móvil. Según lo acordado el año pasado, el mismo se ubicará en los 38.940 pesos desde el 1 de abril. Cuando se negoció el escenario era muy diferente al actual.

Para hacer números: un hogar de tres integrantes necesitó en febrero de este año 29.800 pesos para no ser indigente y 66.720 para no ser pobre. Por su parte, un hogar de 4 personas necesitó 37 mil y 83.800 pesos, respectivamente: aunque los dos adultos tuvieran un trabajo formal y cobraran el mínimo, no llegarían a evitar la pobreza.

Esa suba del mínimo impactaría sobre la reducción de la pobreza y alentaría la demanda, fortaleciendo el crecimiento económico.

Además, no debería incidir sobre la inflación porque es evidente que los salarios vienen con mucho retraso y hoy no tienen ningún impacto en la suba de los precios.

Enrique de la Calle

AGENCIA PACO URONDO – APU