Sobre los incendios en Misiones y la región, por Cooperativa ÑANDE Soluciones Sostenibles

Te levantas, apagas el aire o el ventilador, son las 7am y el calor no se aguanta, empezas a chivar. Agarras el cel, en las redes ves fotos del monte prendiéndose fuego, mientras que en WhatsApp te llega un flyer de una campaña solidaria para ayudar a bomberos, vecinos y animales.

Juntas tus cosas y salís, afuera el barrio está gris, humo, te pican los ojos, hay olor a quemado, la temperatura siempre roza o supera los 40°.

En Corrientes se incendiaron cerca de 900.000 hectáreas, lo que representa un 10% de su territorio.

Mientras que en Misiones en la semana tuvimos focos de incendio en Apóstoles, Cerro Corá, Montecarlo, Salto Encantado, Posadas, entre otras ciudades que han padecido lo mismo este verano.

Pero ¿Cómo se crearon las condiciones de este presente distópico?

Sintéticamente, podemos decir que en las últimas décadas, la acción humana sobre el ambiente ha modificado el entorno en el que habitamos.

La selva paranaense y su diversidad paulatinamente fue reemplazada por bosques de especies exóticas como lo son pinos y eucaliptus.

En Corrientes, las prácticas productivas forestales, ganaderas y arroceras han avanzado sobre los Esteros del Iberá, debilitando sus funciones de retención de agua en períodos de abundancia de lluvias, y de cortafuegos natural en casos de incendio.

A su vez desde mediados de 2019 el fenómeno cíclico conocido como «la Niña» sumado al cambio climático, han generado una sequía sin precedentes en nuestra región.

Los efectos de la falta de precipitaciones los podemos ver en la bajante histórica de los ríos Paraná e Iguazú, y en otro afluentes de la Cuenca del Plata.

La falta de agua, inusual para quienes vivimos en Misiones, se ha sentido en las zonas rurales, con arroyos y vertientes secas, lo que trajo pérdidas en diferentes producciones agropecuarias.

En los pueblos y ciudades fue una constante el corte de suministro del agua, al punto que en el transcurso del 2021 la provincia y varias localidades han declarado la emergencia hídrica.

Hace muy pocas semanas por tercera vez, la Ley de Humedales perdió estado parlamentario. Sin esta ley no podemos tener un ordenamiento territorial que proteja y restaure los recursos naturales y la biodiversidad de estos ecosistemas, así como regular las prácticas productivas ligadas a ellos.

En este contexto, prácticas productivas tradicionales de uso del fuego como la quema de capuera para limpiar rozados, o de pastizales para promover el rebrote, entre otras, aumentan el riesgo de incendios difíciles de controlar.

Estos son algunos de los indicadores que nos muestran que el problema es complejo y multidimensional, y que implica un abordaje con diagnósticos profundos, evaluaciones rigurosas, planificaciones detalladas, y planes de acción eficientes que consideren cuestiones climáticas, ambientales, económicas, sociales, políticas y técnicas a nivel micro y macro.

En la catástrofe también pudimos observar la gran solidaridad del pueblo, que lejos de mostrarse apático se movilizó y generó una gran red de ayuda y colaboración.

El cuidado del medioambiente se hace lugar en la conciencia ciudadana, y toma fuerza en la agenda política.

Es por esto que creemos necesario un cambio de paradigma en la relación humanidad-ambiente, y además un tratamiento inmediato de la Ley de Humedales, regulación y control de prácticas productivas nocivas, aumento de presupuesto para la protección y restauración de la fauna, flora y sus ecosistemas, aumento del presupuesto para el Plan del Fuego Provincial, inversión en infraestructura, transporte, logística para bomberos y guarda parques, inversión en programas de comunicación y educación ambiental para el cuidado de los recursos y la prevención de incendios, formación y capacitación para la confirmación de brigadas comunitarias, y protocolos de emergencia.

Lo que no queremos está a la vista hoy.

Cooperativa ÑANDE Soluciones Sostenibles