La feminización de la lucha contra las drogas, por Maby Sosa

«Cambiemos las leyes, por favor», dice una mujer desesperada ante al menos diez micrófonos de canales de televisión. Su hijo, cuenta, tiene 41 años y se droga desde los 14. Ahora está en el hospital, entubado, luego de que ella lo haya desmayado en el piso de la cocina.

Los testimonios en la tevé se suceden, la mayoría son de mujeres. Ahora habla Daniela, tiene en sus brazos una nena de cuatro meses y está en la puerta del hospital esperando el traslado de su marido al Posadas.

Lo encontró tirado en el piso y lograron llevarlo al hospital. «Le pedí muchas veces que hiciera algo, pero no puede», dice la pareja del joven al que todas las cámaras mostraron llevado en brazos de su vecino.

A la espera y ante los micrófonos están las madres, hermanas y parejas que hace tiempo vienen denunciando la ausencia de Estado en materia de prevención y erradicación de un consumo problemático que se ha expandido mucho más en la pandemia.

La Justicia, según los relatos, tampoco es eficaz en este sentido: cuando las mujeres llegan a los juzgados para pedir una internación se encuentran con que les toman los pedidos pero luego no hay avances. Las historias de estas mujeres cuentan un largo peregrinaje pidiendo ayuda para que sus hijos salgan de las adicciones.

En muchos de estos casos, el consumo problemático está intimamente ligado al hambre, la falta de trabajo, el acceso irregular a la educación, además de las historias familiares. Esas falencias socioeconómicas repercuten sobre las mujeres, saqueadas por sus propios hijos o enfrentadas a la violencia provocada por las crisis de abstinencia. Son las que cuidan, las que reclaman y las que buscan ayuda.

En los barrios hay organizaciones creadas para contener. Siempre encabezadas por mujeres. En los 90 se fundó la ONG Madres del Paco. Fueron ellas quienes pusieron palabras y cuerpo a un problema que se expandía en los barrios. En ese momento no tuvieron respuesta.

Como ahora. Las Madres del Paco ya denunciaban que la cocaína se vendía adulterada. La ONG hoy trabaja en los barrios junto a la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). En 2013 aparecieron las Madres Territoriales, en Rosario.

El consumo problemático no sólo se ubica en un sector social. «Podría haber sido mi hijo», dice Marina Charpentier en referencia a Chano, el cantante. Ella se comunicó con algunas de las madres que perdieron a sus hijos esta semana. Todas piden rever la Ley de Salud Mental que requiere de consentimiento del paciente para la internación.

Terminar con la prohibición es una de las demandas de expertos en el tema. Ponen como ejemplo la legalización del aborto, que sacó de la clandestinidad a miles de mujeres. Su aplicación tuvo un marco normativo que puso especial eje en la salud sexual.

La regulación de las drogas necesita de una articulación estatal enorme pero no imposible, que demanda un mayor presupuesto en materia de salud mental.

«La regulación integral radica en la necesidad de salvar vidas, dice Guillermina Ferraris, comunicadora social especialista en la temática. Las personas no van a dejar de usar drogas sólo porque estén prohibidas», concluye.