El deporte o el negocio, ¿hacia dónde va el fútbol?

La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda.

La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta. Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer.

Deportes hay de lo más variado. Probablemente hayan surgido como una continuación de la guerra por otros medios. El entrenamiento físico y el enfrentamiento entre competidores.

En la Antigua Grecia surgieron los juegos olímpicos y la célebre Maratón que consistía en una carrera pedestre que hacía referencia directa al trayecto que había emprendido un mensajero del ejército ateniense para comunicar a la ciudad, el triunfo bélico.

Existen deportes en los que la competencia es colectiva y en otros como pueden ser el golf o el tenis que son de tipo individual. Un rasgo de importancia es principalmente la atención que un determinado juego puede producir en personas que precisamente no juegan. El público, los espectadores.

Este último ítem también tiene una larga historia que no es exclusiva de los deportes. El teatro griego o el circo romano son algunos ejemplos, aunque el gran ímpetu que tiene el público en cualquier espectáculo es algo que alcanzó gran relevancia con la irrupción de la sociedad de masas, amplificado eso por la reproducción a través de los medios audiovisuales.

En tanto que el deporte que nos ocupa es el fútbol, intentaremos fijar algunos detalles acerca de su popularidad y la atención que despierta.

Sentido de pertenencia

Todo indica que el fútbol o en todo caso la utilización que se hace de él -para que cada vez sea un negocio mucho más suculento-, tienda a desplazar algunas características que varias décadas atrás eran innegociables. La adhesión o el fanatismo que producen los clubes de fútbol resulta un dato innegable, y esto de una manera peculiar en nuestro país.

El público argentino tiene características bastante especiales que no son propias del fútbol solamente. Los integrantes de la legendaria banda Rolling Stones, señalaron varias veces que cualquier recital que se realice en nuestro país tiene ingredientes, otorgados por la presencia masiva de fans que no existen en ningún otro lugar del mundo.

El famoso pogo fue destacado por innumerables bandas extranjeras de rock. El fenómeno que producía Patricio Rey y sus redonditos de ricota es inhallable fuera de nuestras fronteras.

Por características sociológicas casi no estudiadas el fútbol tiene adhesiones incomparables y especialmente en la Argentina. No tardó tanto la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) en llevar la final de la Copa Libertadores 2018 a Madrid, en tanto la misma fue protagonizada por los superclásicos rivales de nuestro país: River Plate y Boca Juniors. Seguramente un negocio grandilocuente.

La adhesión a un club de fútbol no se puede comparar a las preferencias que tiene un consumidor por un producto especial, aunque se tienda a que eso suceda. La popularidad de un equipo tiene como correlato en los jugadores o los cuerpos técnicos, el sentido de pertenencia a los colores de una camiseta.

Esto también es algo que la mercantilización tiende a hacer desaparecer. Hoy las jóvenes promesas rápidamente quieren emigrar en búsqueda de mercados más redituables.

El periodismo deportivo en general, aprueba y fomenta la idea de que lo mejor que le pueda pasar a los mejores jugadores o directores técnicos de nuestro medio, es emigrar. Resulta curioso que ante la irrupción de Julián Álvarez, joven centrodelantero de River Plate que ya fue convocado a la selección nacional, muchos de los denominados especialistas, digan que el jugador tendría que irse ya a jugar a Europa para adquirir cualidades que en nuestro fútbol nunca va a poder tener. Obviamente no hablan de una cantidad de jugadores que participan en nuestra liga y que habiendo realizado la experiencia europea, no volvieron siendo mucho más que lo que fueron, cuando emigraron. Ejemplos sobran.

El periodismo deportivo da toda la sensación de apuntalar, en primer lugar, los diferentes negocios que informar a los simpatizantes de los clubes. Los jugadores emigran cada vez más jóvenes e incluso sin haber debutado en la primera de las instituciones que los formaron desde niños.

Las convocatorias a la selección argentina desde hace ya varios años sorprenden siempre con jugadores que militan en ligas extranjeras y que ni siquiera son conocidos por los hinchas locales. Vale señalar que los grandes seleccionados, incluso los argentinos que fueron campeones mundiales, siempre fueron la expresión de las competencias locales. Eso hoy acontece con los principales combinados europeos: Inglaterra, Alemania o Italia. Las selecciones sudamericanas se deben contentar con reclutar sus jugadores por diferentes partes del mundo.

Hoy es un lugar común señalar que jugar en la Argentina no ofrece ningún futuro. Que ninguna institución pude pagar lo que se gana en otras ligas.

El problema es que si se ve bien lo que ocurre en los mercados de pases es que hoy los diferentes clubes no venden jugadores a los países considerados como de élite. El joven atacante de Independiente Alan Velasco, considerado como una de las grandes promesas de nuestro fútbol, en estos días sería vendido a un ignoto equipo de la liga estadounidense. De esta forma el club de Avellaneda podría resolver las inhibiciones que tiene y así poder contratar nuevos jugadores.

Otro club inhibido es San Lorenzo de Almagro, aunque en estos días estaría subsanando ese problema. Antes de las privatizaciones que realizara el expresidente Carlos Menem, allá por los primeros ’90, hubo una gran campaña orquestada para desprestigiar a las empresas públicas y mostrar que eran sumamente deficitarias e ineficientes.

No extrañaría que en el fútbol, los grandes empresarios interesados en privatizar las instituciones estén metidos en una estrategia similar, en la que los grandes medios sin ser tan explícitos, van por el mismo camino.

Debieran existir desde el poder político instancias que protejan a los clubes de fútbol, principalmente desde el aspecto económico. No se podía esperar eso del gobierno anterior ya que el ex presidente Mauricio Macri era un ferviente defensor de convertir a las asociaciones deportivas en empresas privadas.

Este gobierno se desentiende de esto, pero cuando más de la mitad de los clubes de primera división pidieron que renuncie Marcelo Tinelli como presidente de la Liga Profesional de Fútbol, fue Mario Alberto Leito, actual presidente de Atlético de Tucumán y diputado nacional por el Frente de Todos quien salió a defender al empresario televisivo. Se interpretó lo de Leito como la respuesta del gobierno.

Se dijo más arriba que esta es una tendencia actual del negocio del fútbol, difícil de revertir pero quedarse con ese realismo no es diferente a lo que hacen esas plataformas políticas que se quedan en el posibilismo y renuncian a llevar adelante lo mejor para un país.

Osvaldo Drozd

Socompa