2019: un escenario lábil

Elegimos este adjetivo, que refiere a un contexto frágil y resbaladizo, cuya característica central es la de mutar rápidamente, porque así será el primer trimestre del año económico en la Argentina.

Es tal la inestabilidad de los principales indicadores (tipo de cambio, tasa de interés nominal, inflación, entre otros) que, al igual que el año pasado, resulta imposible la realización de pronósticos certeros de su evolución para el año 2019.

Pero la vida continúa y dejar de trabajar o poner en «pausa» a las empresas no es opción. Es por ello que pusimos a disposición de los lectores la Matriz de Riesgos (MR19), donde se evaluaban distintos resultados posibles, dependiendo del grado de coincidencia entre las decisiones empresarias y los acontecimientos futuros («Primero hay que saber diagnosticar – primera y segunda parte)» (BAE Negocios, 24-12-18 y 31-12-18).

En este marco, continuaremos nuestro trabajo bajo la modalidad de sucesivas prognosis de corto plazo, respecto del comportamiento de algunos indicadores relevantes para la toma de decisiones. En este artículo, por caso, analizaremos el Déficit Fiscal Total (DFT: incluye el de los Tesoros nacional, provinciales y municipales, y el cuasi fiscal generado a partir de la operatoria del BCRA), neto de rentas de propiedad.

La única verdad

La actividad económica en 2018 debiera haber resultado, cuando se publiquen los números finales, más de 3% menor a la de 2017, tal como lo anticipáramos («Panes y peces«, BAE Negocios, 6/8/18) oportunamente.

Causa de ello es la performance desastrosa que exhibe el aparato productivo nacional, que afecta a la totalidad de las compañías, sin importar actividad ni tamaño (salvo escasas excepciones). Por eso, abundan, entre las grandes empresas, los procesos preventivos de crisis, concursos y balances que exhiben cuantiosos quebrantos, así como los ceses de operaciones entre las de menor envergadura.

El indicador sobre la utilización de la capacidad instalada en la industria manufacturera, que alcanzó el 63,3% en noviembre pasado, es una muestra más de la insostenible situación.

Lo mismo se observa en otras actividades como las del comercio mayorista y minorista, hoteles y restaurantes, actividades inmobiliarias, comunicación, transporte, etcétera.

Recaudación con tendencia negativa

Cuando se acelera la inflación, se produce una distorsión en términos nominales en la comparación de cifras en una serie de tiempo. Evitar errores de análisis, exige la utilización de herramientas que aíslen el efecto precio del comportamiento de la variable en estudio.

Para examinar cómo evolucionaron los recursos tributarios, recurrimos al trabajo realizado por nuestro colega Oscar Carreras, que consistió en indexar (utilizando un conjunto representativo de indicadores) la recaudación de diciembre de 2017, obteniendo un valor teórico de los recursos tributarios que debieran haberse alcanzado en el mes de diciembre de 2018 para mantenerla en el mismo nivel del año precedente y que, al compararse contra los pagos efectuados por los contribuyentes en el último mes del año pasado, permitió estimar la magnitud de la pérdida de ingresos acaecida.

La primera conclusión relevante es que en diciembre de 2018 hubo una pérdida interanual de recaudación mensual del 13,5%.

Adicionalmente, aunque no se explicita en la tabla, para el mes estudiado hubo un ingreso extra de aproximadamente $9.400 millones -originado en la modificación del régimen de retenciones- sin el cual, la caída hubiera alcanzado el orden del 16,0%.

Este porcentaje es el que expresa, como proxi, la baja en el nivel de actividad, ya sea por sequía o por recesión.

¡Infinanciable!

Lo observado en diciembre de 2018, en términos de recaudación y su deterioro, es apenas el comienzo de una situación que se profundizará en el primer trimestre de este año.

Esto es así dado que, a pesar de la recuperación en la producción agrícola, la reducción de los ingresos tributarios por la merma de la actividad en el resto de los sectores, será mayor que el ajuste del gasto público reflejado en el presupuesto oportunamente aprobado.

Bajo estas circunstancias, el déficit primario, lejos de acercarse al 0% acordado con el FMI, se mantendrá en el orden del 2,7% al 3% del Producto Interno Bruto (PIB).

El pago de intereses demandará otro 3,3% del PIB que, sumado a lo anterior, genera un déficit financiero de entre 6% y 6,3%.

Pero a ello deben agregarse alrededor de 1% de las jurisdicciones subnacionales y otro 4% (cuasi fiscal) generado por los pasivos remunerados del BCRA.

En síntesis, el DFT, neto de rentas de la propiedad, del primer trimestre de 2019, se ubicará en el entorno del 11% del PIB.

A diferencia de los años anteriores, los problemas de financiamiento son acuciantes, dado que los fondos provenientes del acuerdo alcanzado entre el Gobierno Nacional y el FMI sólo puede destinarse al pago de la deuda en moneda extranjera, por lo que, aun consiguiendo una autorización para la modificación del destino, sólo alcanzaría para financiar la mitad de aquel déficit.

Todo ello se refleja en los exorbitantes niveles de riesgo país (más allá de esporádicas fluctuaciones) y la imposibilidad de acceder al crédito externo voluntario.

Si, por el contrario, la pretensión fuera cubrirlo en el mercado doméstico, dadas las limitaciones establecidas en el último acuerdo con el FMI, ello sólo podría realizarse apelando a créditos y/o activos del Sistema Financiero Ampliado, profundizando el proceso de crowding out (desplazamiento) del sector privado.

Persiste entonces el grave desequilibrio de la situación fiscal, pese a los compromisos asumidos, pero ahora es prácticamente infinanciable, lo que, como venimos alertando desde esta columna, no hace más que consolidar uno de los vectores de la supercrisis.

De este modo, por la inherente labilidad de la situación descripta, aumenta la probabilidad de ocurrencia del escenario de disrupción económica con solución institucional, que contempláramos en la MR19.

Guillermo Moreno, Norberto Itzcovich y Claudio Comari

BAE Negocios