¿Qué reformas son necesarias en la zona euro para hacer viable un Plan Marshall europeo?

La crisis de la covid-19 plantea la necesidad de tomar medidas urgentes para salvaguardar la economía mientras se adoptan medidas de confinamiento. No solo a escala nacional, sino a nivel europeo.

Pero el activismo de algunos ejecutivos –como el español, que a principios de la semana pidió un Plan Marshall para la Unión Europea– contrasta con las reticencias de otros, como el alemán y el holandés, reacios a la emisión de coronabonos que permitan mutualizar la deuda pública de la zona euro.

Preguntamos a los expertos por las modificaciones que la unión monetaria necesita para encajar el aumento del gasto público durante la lucha contra la pandemia.

Joaquín Almunia | Presidente del Centre for European Policy Studies (CEPS)

A mi juicio, un Plan Marshall para impulsar nuestras economías en cuanto se supere el enorme impacto recesivo causado por la crisis del coronavirus, reclamado por Pedro Sánchez, debiera dirigirse a los 27, no sólo a los países de la eurozona.

Necesitará contar con recursos procedentes del presupuesto común, aun pendiente de recibir el visto bueno del Consejo para el periodo 2021-2027. Y este presupuesto debería reasignar sus prioridades por relación al proyecto que hoy está sobre la mesa, además de aumentar su tamaño. ¿Será posible conseguirlo?

Hay que confiar en que las reticencias que hasta ahora han venido bloqueando su aprobación desaparezcan a la vista de los enormes desafíos que toda Europa deberá enfrentar para superar cuanto antes la recesión.

Pero incluso si se consiguiese superar el techo presupuestario exigido por los llamados países “frugales” -con Holanda y los escandinavos al frente-, los recursos asignados no serían capaces por sí solos de actuar al nivel necesario para reactivar las economías y superar cuanto antes la caída de actividad que se está generando.

Esos recursos deberían servir sobre todo para apalancar la financiación procedente del Banco Europeo de Inversiones, cuya capacidad crediticia es sustancial pero escasa por relación a las necesidades de inversión que se plantearán en los próximos años.

Y como se ha venido haciendo con bastante éxito con el llamado Plan Juncker, otros bancos nacionales de titularidad pública, como el ICO en España, y las entidades privadas que deseen sumarse, habrán de reforzar la potencia financiera necesaria. E

se Plan, lanzado a finales del 2014 está siendo una experiencia globalmente positiva, con una arquitectura financiera parecida a la que sugiero. El reto actual va a ser mucho mayor que el que las economías de la UE afrontaban hace seis años.

Marta Domínguez Jiménez | Economista e investigadora en Bruegel

El presidente Sánchez reclama una respuesta europea en el ámbito fiscal, centrada en dos ejes principales: los llamados coronabonos y un Plan Marshall europeo.

Los coronabonos han recibido más atención y nos llevarían por fin a la mutualización de la deuda pública europea, y posiblemente también a las transferencias fiscales explícitas entre países. Un arreglo temporal podría utilizar el MEDE, ampliando sustancialmente su capacidad (y ligando la condicionalidad a hacer frente a la covid-19).

Si todos los países europeos se endeudasen a través del MEDE, que emitiría dicha deuda, podrían hacerlo con un tipo de interés mucho más bajo. La deuda de los países europeos quedaría avalada por todos, pero a priori cubierta con impuestos nacionales.

Un paso más sería que la deuda emitida por el MEDE (eurobonos o coronabonos), correspondiese a los países devolver según su tamaño, pero que el gasto lo determinase las necesidades de cada uno ante la pandemia. Entonces habría una transferencia fiscal directa hacia Italia como el país más afectado: recibirían un porcentaje mayor del gasto de lo que les correspondería devolver.

Este segundo escenario enlaza con la segunda propuesta, el Plan Marshall europeo, lo que viene a ser un gran plan de inversión para reanimar la economía europea tras la debacle (como lo fue el de 1948). Aunque la ejecución podría ser parecida a la de los fondos estructurales y de inversión de la UE, la magnitud reclamada sería sustancialmente mayor (los fondos actuales no llegan al 0,5% del PIB europeo).

En este caso no solo crearíamos coronabonos de manera que conllevasen transferencias fiscales, si no que estas servirían para mucho más que asumir los costes inmediatos de la pandemia. Jugarían el rol de la política fiscal tradicional, proporcionando una importante fuente de fondos para combatir una recesión con inversión estructural.

Es difícil sobreestimar el cambio de paradigma ante el que nos encontraríamos ante cualquiera de estos escenarios, que políticamente aun parecen inviables (Angela Merkel y Mark Rutte se oponen). Aun así, el debate europeo empieza a evolucionar en la dirección correcta.

José Juan Ruiz | Técnico comercial y economista del Estado

Lo del Plan Marshall hace buenos titulares… pero es una mala metáfora.

Para vencer al coronavirus Europa no necesita ni un nuevo plan, ni un General, ni siquiera a Tsun-Zu, ni perderse en ensoñaciones sobre la imposible aparición de un caballero blanco que se haga cargo de la factura de su reconstrucción tras el coronavirus.

Para construir el futuro, Europa debe seguir confiando en sus instituciones, sus ideas y en sus proyectos. No hay que reinventar la rueda, ni apostar todo a que cavar zanjas es lo único que nos aleja del Apocalipsis. Hay alternativas mejores.

Por ejemplo, acelerar el Green Deal europeo que preveía la inversión de un billón de euros para asegurar la transición energética inclusiva de Europa.

Ese debería ser nuestro plan: primero, porque conlleva el estímulo fiscal que necesitamos para mantener la demanda efectiva, segundo, porque exige cambios e innovación que pueden darnos el shock de productividad que restaure el crecimiento potencial y, tercero, porque el coronavirus no ha acabado con la necesidad de seguir luchando contra el cambio climático.

Así que mejor que asaltar los cielos, pongamos los esfuerzos en convertir ese Green Deal europeo en el nuevo Acuerdo europeo del carbón y el acero: el motor de la integración y bienestar de Europa.

Ernest Urtasun | Vicepresidente de Los Verdes en el Parlamento Europeo y miembro de En Comú Podem

Es necesario poner en marcha cuatro medidas inmediatas e imprescindibles: dos en el ámbito fiscal y dos en el monetario.

La primera medida fiscal sería el establecimiento de eurobonos con la misión de emitir deuda compartida, movilizando una cantidad elevada de recursos en el mercado a un tipo de interés extremadamente bajo.

La segunda: a través de un instrumento que ya tenemos –el Mecanismo de Estabilidad Financiera, MEDE–, garantizar líneas de crédito para los sistemas de salud nacionales a tipo de interés cero y sin condicionalidad.

La primera medida monetaria es que el Banco Central Europeo se comporte como la Reserva Federal en Estados Unidos, comprometiéndose a actuar como sostén de último de recurso de la zona euro en cualquier circunstancia.

Y, segundo, más allá de los 750.000 millones de euros que se inyectarán en la economía a través de un programa de compra de bonos, podría estudiar la viabilidad de medidas como el llamado “dinero de helicóptero”: transferir dinero directamente a los ciudadanos, en base a lo que podría ser una renta mínima de subsistencia.

Promovida desde el BCE, esta medida permitiría que el dinero llegase directamente a los hogares para hacer frente a la crisis.

Si se pusieran en marcha estas cuatro medidas podríamos estar hablando de un verdadero Plan Marshall a escala europea.

Estudios de Poĺítica Exterior