¡Vamos a volver! ¿pero para qué?, por Antonio Muñiz

La derrota del Proyecto Popular en 2015, por primera vez en un marco de elección democrática, marcó un antes y un después. Siempre las derrotas del campo popular se habían producido por golpes militares, más o menos violentos; siempre, también, significaron un retroceso para esos mismos sectores y una entronización de los grandes grupos económicos, la oligarquía agrofinanciera y los intereses de EEUU en la región.

 

Perder una elección ante una coalición de centro derecha, liberal y neoconservadora, aunque sea por un escaso margen, tiene que llevarnos a una profunda autocrítica, No para flagelarnos en público ni para pasar “boletas” a las conducciones que nos llevaron a la derrota, sino para entender los cambios que hubo en nuestra sociedad en la última década, cuáles eran sus aspiraciones y deseos que no pudimos ver y, por supuesto, dar respuesta.

 El peronismo se encuentra en ebullición. Hay numerosos grupos militantes trabajando y debatiendo, haciendo autocrítica y construyendo el futuro. Hemos escrito y dado nuestra opinión, modesta, sobre cómo construir un peronismo victorioso y que recupere el gobierno, pero que por sobre todo pueda cuestionar y acumular poder para construir la sociedad justa y soberana que nosotros ansiamos. Lo hacemos sin una pretensión doctoral y paternalista, sino desde un lugar de militante de base, con muchos años en el peronismo. Es cierto que la antigüedad no da derechos y menos sabiduría, pero desde ese lugar modesto pretendemos aportar ideas para el debate.

García Linera en su lectura sobre el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina dejó una frase que sirve de lección para el resto de los procesos abiertos en América Latina: “El continente está ante una disyuntiva: o profundizar los procesos revolucionarios desde adentro o el regreso de la derecha, sólo hay dos caminos. Argentina ha develado la disyuntiva”.

El líder boliviano destacó tres enseñanzas políticas que deja este cambio de escenario en la región: la importancia de los liderazgos, la estabilidad económica y la profundización de los procesos revolucionarios.

La segunda lección que dejó la derrota del kirchnerismo -según García Linera- es la importancia de la gestión económica para generar “estabilidad y una profundización de justicia e igualdad en los procesos revolucionarios”.

Como tercer aprendizaje evaluó que para los procesos políticos progresistas sólo existen dos alternativas: continuar “impulsando las transformaciones, radicalizando el proceso”, o caso contrario se generará un “retroceso, la derecha, el conservadurismo, la regresión”.

Lamentablemente estos análisis, correctos, llegaron tarde, pero es fácil analizar la historia con el diario del lunes.

Sobre todo en los últimos dos años del gobierno de CFK se mostraron deficiencias graves de gestión y en especial de construcción política. Decíamos en artículos anteriores que desde la creación de Unidos y Organizados y desde el empoderamiento de La Cámpora, se inició un proceso de sectarismo, falta de discusión y debate interno y una lógica amigo-enemigo que fue minando y expulsando sectores que habían acompañado hasta ese momento.

Lejos estamos de demonizar a La Cámpora, por el contrario creemos que fue una experiencia rica que permitió el ingreso a la política y al movimiento nacional de amplios sectores juveniles. Pero quedo demostrado que con eso solo no alcanzaba, que quedaban afuera los sectores gremiales más fuertes, las pymes, muchos movimientos sociales y sobre todo sectores obreros y clase media baja que no fueron tenidos en cuenta.

Toda política de reconstrucción del Movimiento Nacional y Popular debe pasar por volver a ser mayorías, a ser gobierno y reconstruir el país, desde el fracaso de las políticas neoliberales que ya están mostrando sus frutos. Nada bueno sale de los liberales. No son un modelo político, son un programa de saqueo y ruina de nuestros países,

Ahora, volvemos… ¿pero para hacer qué?

De alguna manera se subestimó al adversario. Primero se creyó que no podían ganar una elección y después que no iban a poder avanzar en las reformas estructurales de desmonte de lo construido a lo largo de la década K. Ingenuidad que nos está costando caro. La derecha argentina no es democrática, ni moderna, ni civilizada, es una derecha retrógrada, rapiñera y saqueadora. Va a destruir todo lo bueno que tuvo y tiene la sociedad argentina: la igualdad, el ascenso social, los salarios altos, la industrialización, el trabajo y el estudio para todos, etc.

¿Cómo hacemos para reconstruir sobre lo que quede? ¿Con qué poder y recursos desmontamos la estructura legal y política que nos va a dejar el neoliberalismo?

No es la idea de esta nota discutir un plan de gobierno futuro, sino plantear algunos ejes que creemos son centrales para empezar a pensar una reconstrucción del país.

Construcción de la Patria Grande

Si algo queda claro de esta experiencia histórica, pero también de otros fracasos anteriores, es que no hay destino para nuestros países en forma individual. Sólo son posibles los movimientos populares dentro de un marco regional.

Se avanzó y mucho en la idea de la integración política y regional, tanto el Mercosur, la Unasur, etc. El tándem Néstor-Lula-Chavez marcó un tiempo y tuvo su gran triunfo con el rechazo al ALCA en Mar del Plata en 2005. Sin embargo el proceso quedó trunco, no se pudo avanzar más, quedaron sólo en proyectos objetivos como el Banco del Sur y una mayor integración política y económica del Mercosur.

Debemos comprender que si no nos unimos con los demás países de Latinoamérica no es posible ningún proceso de transformación, inclusión social y liberación nacional. Separados nos comen de a uno. Pasó en los 70, con los golpes militares, y está pasando en este momento. Una tarea clara para la militancia será construir y abonar los lazos de unidad y de integración, no sólo entre los gobiernos, sino sobre todo entre los pueblos.

Construcción de Poder Popular: hacia una democracia social y participativa

“La democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere” Juan Domingo Perón. La verdadera democracia es un proceso en construcción con muchas asignaturas pendientes.

Decíamos en artículos anteriores que el latiguillo “el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” es una sentencia decimonónica, que poco tiene que ver con las democracias modernas. Es necesario reformar nuestra constitución, creada en 1853, y reformada en 1994, siempre de clara lógica y sentido liberal. Es necesario, si queremos reconstruir la patria, desmontar el aparato legal del neoliberalismo, empezando con la Constitución Nacional. Es un debate amplio que nos debemos pero es fundamental que el próximo texto constitucional contenga medidas de democracia directa y democracia social.

Es fundamental que todas las acciones del futuro gobierno popular estén enfocadas en la construcción de poder popular. Sólo un pueblo empoderado, consciente de sus derechos, organizado y movilizado puede ser garantía de la profundización de los proyectos nacionales y populares y sólo este pueblo podrá defender sus derechos ante el avance de los sectores oligárquicos, ligados al imperialismo.

El avance de las corporaciones empresarias, mediáticas y la concentración económica que conlleva la globalización, asfixian a la democracia, convirtiéndola en una mera representación, vacía de contenidos sociales y políticas.

Para ello es necesario, como políticas de estado, fortalecer las “organizaciones libres del pueblo”, favoreciendo la participación activa de los ciudadanos en su organización y dirección. Las organizaciones libres del pueblo son la herramienta básica de una comunidad organizada y son la columna vertebral de una sociedad democrática.

Estas organizaciones deben tener reconocimiento constitucional, desde las simples juntas vecinales o sociedades de fomento, hasta las organizaciones de mayor de alcance nacional como las cámaras empresarias o sindicales, generando las instancias de participación directa en la toma de decisiones comunitarias.

Es necesario articular mecanismos constitucionales que permitan la participación ciudadana hasta los límites posibles de una sociedad moderna.

La democracia directa, en un sentido moderno, consta de variadas herramientas concretas. La democracia directa es entendida como participación del ciudadano mediante consultas, deliberaciones y/o asambleas. Tienen ellos el derecho a juzgar, proponer, aprobar o vetar leyes y son quienes de derecho y de hecho ejercen el poder, así como pueden retirar el apoyo a un funcionario en cualquier momento.

Es necesario que el ciudadano tenga voz y voto siempre, no solo en el momento de emitir un sufragio. La participación ciudadana permitirá democratizar sectores del poder hoy copados por burocracias cerradas. Las herramientas son muchas y hay muchos ejemplos en el mundo:

1. La asamblea como manifestación de la iniciativa popular. Pueden ser a partir de asambleas barriales y desde ahí ir subiendo hasta asambleas de vecinos locales o regionales. Tienen como función la discusión de medidas que los afectan directamente y toda otra propuesta que surja de su seno. Por ejemplo el presupuesto participativo que se aplica en muchos municipios, donde los vecinos discuten y votan cómo se usarán los recursos de la comunidad y seleccionarán las obras y proyectos a llevar a cabo por el municipio

2. Plebiscito

3. Consulta popular

4. Mandato revocable

5. El Juicio por Jurado con vinculación en el Poder Judicial

6. Elección directa de los jueces y funcionarios judiciales

7. Elección directa del comisario o funcionario a cargo de la seguridad y policía

8. Control ciudadano de las empresas de servicios públicos, mediante asambleas de usuarios y consumidores

También los derechos sociales, los nuevos derechos del trabajo, la garantía de acceso a jubilaciones dignas para todos, asignaciones familiares para todos, acceso a la tierra y a la vivienda digna, función social de la propiedad, legislaciones a favor de las cooperativas de trabajo y/o comercialización, desmonopolizar y desconcentrar la economía, legislación a favor de las economía social y popular, propiedad de los recursos naturales por parte del Estado nacional, etc, deben ser parte del futuro texto constitucional o en legislaciones específicas.

Por último, para que además estas instituciones puedan funcionar es necesario profundizar el federalismo, dando poder y descentralizando recursos e instituciones político-administrativas hacia los municipios, regiones y provincias. Pero esto será materia de otro artículo futuro.

Antonio Muñiz

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