Nuestra atención es cada vez más un codiciado bien

Actualmente, la producción, transmisión, difusión y comunicación de piezas textuales, culturales, literarias, audiovisuales, fotográficas, artísticas, auditivas, y culturales, en cualquiera de las cientos de formas que puede adoptar, es mucho mayor de lo que cualquier ser humano puede consumir en su tiempo de vida.

Baste usar un indicador, presentado por Kevin Kelly en su libro “Lo inevitable”, para tratar de tener una idea de lo voluminoso que resulta lo que se publica en la actualidad por todos los medios, idiomas y humanos: una persona contemporánea debería destinar un año completo de su vida si quisiera revisar y consumir todo el material publicado solamente en las más recientes 24 horas, en todo el mundo.

Con el advenimiento y desarrollo de nuevas formas de comunicación originadas e impulsadas por Internet, así como la proliferación de dispositivos y conexiones a la red, y la facilidad para que cualquier persona o entidad publique su producción intelectual, comercial o artística en la web y las redes sociales, la oferta a nuestra disposición crece cada segundo en grandes cantidades, y ese ritmo sigue creciendo.

¿Viste el último meme?

La atención que prestamos a esta miríada de ofertas de comunicación ha debido dividirse aun más de lo que ya estaba, y eso explica en parte por  qué no somos capaces de “estar al día”.

Todos los que publicamos algo, sea breve o largo, superficial o trascendental, personal, familiar, social o laboral, por iniciativa propia o respondiendo a otra comunicación, usando cualquier medio a disposición, estamos compitiendo por ese activo cada vez más precioso, que es la atención.

Hoy en día, no solamente percibimos cada día y todos los días los mensajes que recibimos de nuestra familia, padres, pareja, hijos, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, jefes, proveedores, clientes, encuentros casuales, sino ahora también debemos sumarle a ese ambiente, las comunicaciones por correo electrónico, mensajitos, memes, redes sociales, publicidad en letreros y vallas, pantallas por todos lados, y todas las nuevas formas de comunicación.

Ahora bien, aunque la oferta de comunicación ha crecido exponencialmente, nuestra capacidad de atención se ha mantenido básicamente constante.

No podemos dedicar más de un tiempo finito a cada estímulo sensorial, no sólo porque el día tiene una cantidad fija de minutos, sino porque hay una serie de actividades que demandan sistemáticamente nuestro enfoque, tales como dormir, estudiar y trabajar.

Esta dinámica da como resultado que nuestra atención es un bien de consumo que es cada vez más codiciado y disputado por muchas fuentes de mensajes, y mientras más conectados estamos, mayor es la cantidad de demandantes.

Los filtros de todo tipo, los establecidos por nosotros, los desarrollados usando inteligencia artificial y los basados en estadísticas, recomendaciones de amigos, gustos de personas parecidas a nosotros, y otros muchos más, tratan de ayudarnos en esa navegación.

Ante esta cantidad inmensa de estímulos, cada uno debemos desarrollar nuestra estrategia de selección respecto a cómo enfocamos y dedicamos nuestra atención. Si ha leído hasta acá, significa que ya invirtió unos 10 o 15 minutos en esta lectura, por lo que se lo agradezco.

Considerando los miles de estímulos que han competido por su atención en este lapso, es una especie de triunfo del autor haber logrado que llegara hasta acá. Gracias.

Rafael Lito Ibarra

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