Maquillando, por Silvia Torres

El gobierno nacional busca maquillar el desastre económico imperante, cuya magnitud es noticia en medios de prensa internacionales, en los que se puntualiza el nivel de endeudamiento externo y el gigantesco empobrecimiento de la población.

El desastre económico imperante en el país, provocado por más de tres años de políticas centradas en un modelo solo propicio para la timba financiera, con la única finalidad de concentrar la riqueza, conforme los índices que publican organismos públicos y privados, que dan cuenta de la caída de la actividad económica en general, el aumento de la desocupación y de millones de ciudadanos –incluido niños y ancianos-, que recurren a comederos públicos, para recibir un plato de comida diario.

Este último fenómeno castiga no solo a las regiones más pobres del país, sino también a la CABA y a otros distritos de la pampa húmeda, productoras de alimentos.

El gobierno de la alianza macrista-radical desmanteló toda la estructura estatal que sostenía el proyecto anterior al servicio del consumo interno y el desarrollo de todo el potencial productivo, industrial, de servicios, científico y tecnológico, con la finalidad de crear y sostener puestos de trabajo con salarios dignos, conforme el interés histórico de los argentinos y la proverbial capacidad de sus recursos humanos.

Al hacerlo, se retrotrajo la situación a los peores años no solo de los que corresponden al período democrático, sino también a los anteriores, cuando la oligarquía, gobernando en consonancia y al servicio de intereses espurios de los imperios –anglófilo y yanqui-, organizaba el Estado para ser un eslabón más en la distribución internacional de roles productivos: los países centrales, con desarrollo sin límites de ninguna índole –ni siquiera de aquellos que lesionaban sus estándares ambientales-, y los periféricos –entre los que debía ubicarse la Argentina-, como proveedor de materias primas y comprador de todo lo demás, es decir, de todo lo que tuviera valor agregado, con lo cual, también debía ingresar al club de los deudores crónicos.

Es lo que logró MM, en sus tres años y cuatro meses de gobierno y, ante el año electoral que corre, ante el caos económico social que arrasa el país, desespera por desplegar algunas medidas que maquillen la realidad, ya que su verdadera intención ante su reelección, fue expresada contundentemente frente al ultra neoliberal Mario Vargas Llosa: “Seguir por el mismo camino, pero más rápido”.

Se habla de un “control de precios”, de un “congelamiento de precios”, de una especie de plan de compra como el otrora “ahora 12”, se convoca a una cruzada heroica y solidaria a los empresarios, a los cuales se los vapuleó con calificativos de ineficientes y con escandalosos tarifazos… ¡Algo!

Maquillaje, puro maquillaje de mala calidad, en un país que destruyó su organización burocrática para ampliar y mejorar su producción industrial, dotándola de los recursos tecnológicos y de un mercado interno imprescindibles para el despegue.

El FMI azuza el peligro del cambio de modelo, como defensores a ultranza del proceso de endeudamiento sobre las espaldas del pueblo y en defensa de la timba financiera. Sin embargo, en raptos de mínima seriedad, informa sobre la sostenida inflación, la pavorosa caída de las inversiones, el creciente desempleo, la imposibilidad del crédito y la caída del PBI, entre otros flagelos que azotan a la economía nacional, en medio de una también crítica situación mundial.

En apariencia, el gobierno de la alianza macrista-radical está acabado, finiquitado en medio de su inoperancia para gobernar para todos los argentinos. Pero eso no implica que el peligro para la recuperación argentina desaparezca: los poderes fácticos son especialistas en maquillar candidatos que sirvan a su exclusivo interés y cuentan con toda la estructura comunicacional para imponerlo.

Es el riesgo que pesa sobre la cabeza de los argentinos, que deben decidir sobre su gobierno para los próximos cuatro años. Aparecen mixturas de toda índole, pero que no logran eliminar la ligazón de los candidatos con el modelo vigente, a pesar del maquillaje y el ropaje populista con el que se los trata de presentar.

Hay que estar muy atentos sobre quiénes los rodean, en algunas imágenes que tenderán a desaparecer de la opinión pública y, también, observar con atención cómo los tratan los medios hegemónicos, que fueron responsables de montar el fenómeno Cambiemos.

Silvia Torres

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