En su discurso de triunfo, Kicillof destacó lo desigual que había sido la campaña en cuanto recursos. «No se gastaron millones en publicidad. No se mintió, no se agredió», resaltó, y reiteró los 90 mil kilómetros recorridos en el ya mítico Renault Clío de su amigo Carlos Bianco. Omnipresente en los medios en las semanas previas, ayer Vidal pasó cabizbaja por el búnker de Costa Salguero y no dijo palabra. En su entorno, le apuntaban al jefe de Gabinete, Marcos Peña, por el mal manejo de la campaña. Vidal quería desdoblar la elección para asegurarse otro mandato en la Provincia. Sin embargo, la magnitud de la derrota hace pensar que hubiera perdido de cualquier forma.

En una señal de que ya se empieza a jugar la sucesión en el oficialismo, Rodríguez Larreta dio un discurso de triunfo dedicado exclusivamente a la Ciudad. Su triunfo del 46,4 por ciento contra el muy buen 32 por ciento de Lammens lo dejó cerca de un triunfo en primera vuelta en octubre. Aunque con los resultados generales de ayer, no había que dar nada por sentado.

Polarización extrema 

Entre las dos principales fuerzas se llevaron el 80 por ciento de los votos, lo que dejó poco para repartir entre el resto. Con el 8,3 por ciento, Roberto Lavagna salió a celebrar el módico consuelo de haber convertido a Consenso Federal -a años luz de los dos primeros- en la tercera fuerza del país. Por la noche, Lavagna llamó a Alberto Fernández para felicitarlo, lo que podía anticipar un acercamiento entre ambas fuerzas.

Las otras tres fuerzas que consiguieron superar el piso para competir en las elecciones generales eran el FIT-Unidad con el 2,9 por ciento, el Frente NOS de Juan José Gómez Centurión que obtuvo el 2,6 por ciento y la alianza Unite del mediático economista José Luis Espert, quien luego de tantas dificultades para llevar adelante su postulación, consiguió apenas el 2,2 por ciento, bastante menos de lo que le auguraban los sondeos.