Las futbolistas encabezan la lucha contra el acoso sexual

“Ten cuidado, porque te voy a robar un beso”. Carolina Rozo, una fisioterapeuta que trabajó para la selección colombiana de fútbol femenino sub-17, dice que esas fueron las palabras de Didier Luna, entonces director técnico del equipo, cuando la abordó en enero de 2018, en Bogotá, en un salón lleno de jugadoras y de miembros del cuerpo técnico.

Durante todo ese mes y desde diciembre de 2017, Rozo asegura que el director técnico tuvo hacia ella gestos que la incomodaron: abrazos apretados, piropos y algunas frases al oído.

“Me decía que quería tener algo conmigo. Y que él podía llevarme a grandes cosas en el fútbol”, dice la fisioterapeuta, quien denunció también haber visto cómo Luna tocaba a las jugadoras y que ellas le contaron que intentaba besarlas durante los entrenamientos. Meses más tarde, en septiembre, Rozo acudió a la Fiscalía General para formalizar su acusación.

Los reportes de acoso y abuso sexual en Colombia han ido en aumento en los últimos meses. Entre enero y agosto de 2018, el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses recibió 15.408 denuncias por delitos sexuales contra menores de edad. En Colombia, según dijo el exdirector de ese instituto durante un debate en el congreso, el promedio de impunidad de estas denuncias supera el 90 por ciento.

De forma verbal, la fisioterapeuta Carolina Rozo había informado de este caso a su jefe, Carlos Ulloa, entonces coordinador médico de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF). “Pero no pasó nada”, dice. Hoy, Ulloa admite que recibió la denuncia y recuerda el incidente con claridad, pero prefiere no comentar sobre este asunto. “Ya no trabajo allá. Todas las declaraciones tienen que salir de la federación”, dice.

El de Rozo no era el primer caso dentro de la federación. En junio de 2018, John Cano, padre de una jugadora menor de edad, interpuso en el ministerio público una denuncia contra Sigifredo Alonso, entonces preparador deportivo de la selección femenina sub-17, por presunto acoso contra su hija. En una entrevista radial, Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, dijo que Alonso ya fue separado de su cargo.

Ambas historias llamaron la atención a partir del 18 de febrero, cuando dos jugadoras de la selección nacional de mayores denunciaron maltratos, nóminas paralelas, salarios sin pagar y otros problemas en el manejo del equipo. Juntas, Isabella Echeverri y Melissa Ortiz revelaron las denuncias en un video que se hizo viral en las redes sociales con la etiqueta #MenosMiedoMásFútbol.

Estas primeras noticias sobre irregularidades en la selección de mujeres fueron publicadas por muchos medios en Colombia y fuera del país. El revuelo público animó a Carolina Rozo y a John Cano a dejar el anonimato y respaldar sus denuncias de acoso sexual, el problema más grave que se ha revelado dentro del fútbol femenino.

Como reacción, el ministerio público anunció este lunes que el ex director técnico de la selección femenina de fútbol sub-17, Didier Luna, será imputado como posible responsable de acoso sexual en una audiencia que se celebrará el 22 de abril en Bogotá. Mientras tanto, avanzan también las indagaciones contra Sigifredo Alonso por el mismo delito.

La Procuraduría General y la Defensoría del Pueblo también iniciaron procedimientos, mientras que la Vicepresidencia de la República, junto con otras instituciones, firmaron un pacto con la Federación Colombiana de Fútbol para garantizar la protección de los niños y las mujeres en el deporte colombiano.

Álvaro González Alzate, vicepresidente de la federación, ha dicho que nunca han recibido denuncias de acoso. Sin embargo, varias jugadoras publicaron una carta fechada en febrero de 2012 en la que reclamaron distintas irregularidades. La federación, en paralelo, emitió un comunicado con la promesa de “cero tolerancia con el acoso”. Su presidente, Ramón Jesurún, dio una entrevista en la que prometió que escucharía los reclamos de las deportistas.

Este miércoles 6 de marzo, la FIFA y la CONMEBOL emitieron un comunicado conjunto en el que “condenan enérgicamente cualquier tipo de acoso sexual o laboral, violencia de género y/o violación de los derechos de la mujer o la niñez”, y ofrecieron a la federación colombiana asistencia para prevenir o sancionar en estos casos.

El presidente Iván Duque quiere promover a Colombia como sede del Mundial de fútbol femenino en 2023, pero la administración de este deporte no parece estar en su mejor momento. Esta semana la FCF anunció un revés para la liga femenina, al comunicar la decisión de convertir el torneo profesional en semiprofesional y con jugadoras sub-23.

En Colombia, distintos diarios de circulación nacional y emisoras de radio han publicado reacciones a este caso. Columnistas de opinión se han sumado a la ola de indignación y algunos han pedido a las estrellas del fútbol masculino, como James Rodríguez o Radamel Falcao, que apoyen a sus colegas discriminadas. El 5 de marzo, los futbolistas de la selección masculina finalmente compartieron en sus redes un comunicado de respaldo a sus colegas. La Liga Contra el Silencio, una alianza que incluye a catorce medios de comunicación en Colombia, destapó esta historia cuando publicó los dos primeros reportes sobre las denuncias.

El 7 de marzo, un grupo de jugadoras de la selección de mayores ofreció una rueda de prensa “para aclarar muchas informaciones y datos que han expresado los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol en los últimos días”, dijo la capitana del equipo, Natalia Gaitán. “Acá la invitación clara es a que no nos callemos”, agregó Isabella Echeverri, una de las jugadoras que apareció en el primer video que expuso la situación ante la opinión pública.

Carolina Rozo piensa que el escándalo actual es apenas el principio. “Los abusos son más frecuentes en el fútbol femenino. Los hombres ven a las mujeres más vulnerables y se aprovechan de ellas”, dice.

La fisioterapeuta explica que se animó a denunciar porque consideró que había llegado el momento de detener los abusos. Después de seis meses bajo tratamiento psicológico, después de recibir amenazas anónimas al teléfono, después de semanas sin animarse a salir de casa, decidió hablar ante los medios y dar la cara. “La forma de actuar ahí dentro es la amenaza: si usted habla, sale y no vuelve a jugar. Ellos creyeron que podían callar a las jugadoras, pero no pudieron”, dice.

Sinar Alvarado

The New York Times

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