La trama perversa, por Silvia Torres

Destapada la olla que guarda la trama perversa de la corrupción, del delito, de la indisimulada connivencia de grande o pequeña porción del poder judicial-medios hegemónicos-gobierno, todos unidos y dirigidos por la batuta del imperio, se comprueba que la Argentina se hunde en la inflación, la desocupación, la caída del consumo y el crecimiento de la pobreza, en pleno año electoral.

Con mayor o menor estupor la sociedad argentina observa el escándalo de la estructura delictiva formada por poderes del Estado (gobierno nacional, poder judicial, AFI) y medios de comunicación hegemónicos bajo la batuta de la inefable embajada yanqui, para desplegar el último método de dominación: el lowfear, algo así como la “guerra judicial”, usada para agredir a los gobiernos que se basan en la defensa de los intereses nacionales y populares.

Son las infinitas operaciones que, cual cruzada sagrada –siempre cínica, siempre mentirosa-, tienen lugar contra los populistas, es decir, contra aquellos gobiernos o líderes que no aceptan el papel que los países centrales les imponen en la división internacional del trabajo, que exigen que las periferias descarten la diversificación de su estructura productiva, con la finalidad de sustituir importaciones.

Entonces,  la Argentina, por ejemplo, no debiera fabricar automóviles, camiones, reactores nucleares y, mucho menos, enviar satélites al espacio.

Como mucho, aceptarían que Argentina fuera el “supermercado del mundo”, tal como declaró MM al principio de su gestión, en un rapto de involuntario entusiasmo recitando el libreto, o sea, proveer commodities y, a cambio, importar todo lo demás.

Los gobiernos deben obedecer puntillosamente los mandatos de las embajadas, que son las que se ocupan de reunir a la tropa de cipayos en cada país. Alfombras que no son transitadas por los populistas y, por lo tanto, no reciben las “instrucciones” ineludibles  de la política exterior del imperio.

Para alcanzar sus objetivos, el imperio monta la lowfare, a través de jueces, fiscales y políticos; se organiza y financia la red comunicacional y se lanza a estos esbirros a cumplir con la tarea de desprestigiar y demonizar, mediante la persecución judicial y las fake news –las “noticias falsas”-, a todo lo que sea nacional y popular, sean gobierno u oposición.

Este tipo de acción antidemocrática fue perfeccionada y usada en toda América latina: destitución de Manuel Zelaya (2009), en Honduras; caída de Fernando Lugo (2012), derrocado por inaudito juicio político, en Paraguay; golpe parlamentario contra Dilma Rousseff (2016), en Brasil; persecución a todos los gobiernos “populistas” del continente, incluida lowfare contra los ex presidentes Inacio Lula Da Silva, Cristina Kirchner y Rafael Correa, elegidos por la voluntad mayoritaria de sus pueblos, mediante comicios incuestionables; feroz y constante agresión contra el gobierno de Nicolás Maduro, al frente de la República Bolivariana de Venezuela o contra Evo Morales, en Bolivia.

Mediante la indiscutible valentía de un empresario extorsionado para “salvarlo” de un hipotético caso de corrupción, que graba las conversaciones telefónicas, archiva los whatsapp y toma fotos, se descubre a Marcelo D’Alessio, el operador de un sistema ilegal de espionaje y extorsión, cuyo domicilio fue allanado por el juez federal Alejo Ramos Padilla, de donde se obtuvo impresionante material altamente comprometedor, que desnuda el rol de la embajada yanqui e israelí, en una red de espionaje ilegal contra políticos, empresarios, figuras públicas y hasta en países vecinos, como el Uruguay.

El descubrimiento de esta red delictiva involucra al fiscal Carlos Stornelli y al juez Claudio Bonadío, responsables de la mayoría de las causas en contra de CFK y funcionarios de su gobierno, lo cual  pone bajo sospecha la legitimidad de las mismas, ya que todo el combo conforma un caso típico de lowfare, el método predilecto del neoliberalismo para eliminar adversarios políticos.

El extorsionador D’Alessio tenía estrecha vinculación con todo el sistema de poder de la alianza macrista-radical, tal como lo menciona en audios, whatsapp y fotos que lo retratan con el mismísimo Stornelli, con la ministra Patricia Bullrrich; estaba vinculado a las diputadas de la Coalición Cívica –aliadas del macrismo-, Elisa Carrió y Paula Olivetto, famosas por tener acceso a escuchas ilegales, además de que contaba con la colaboración del periodista Daniel Santoro, jefe de Judiciales del diario Clarín –el mismísimo que denunció en varias tapas sobre cuentas secretas de Máximo Kirchner y Nilda Garré, en los EEUU y, luego, declaradas inexistentes-, entre otros periodistas cuyos nombres el juez Ramos Padilla, aún no dio a conocer.

Se supone que este caso, que disparó un pedido de destitución contra el juez Ramos Padilla por parte del propio presidente Mauricio Macri –a quien D’Alessio pretende convocar telefónicamente, cuando es allanado-, sería la punta del iceberg de una trama perversa, montada para combatir y eliminar la injerencia de los temibles populistas en la conducción de los estados.

Nada de distribución equitativa de la riqueza, nada de hambre cero, nada de garantizar puestos de trabajo con salarios dignos, nada de justicia eficiente y efectiva para los pueblos, nada de desarrollo económico social autónomo es lo que tiene el neoliberalismo para ofrecer a la Humanidad…

Y ahí va la Argentina.

Silvia Torres

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