mié. Oct 23rd, 2019

La Masacre de Napalpí: Cuando el Estado arremete.

El 19 de julio de 1924, aproximadamente 200 Indígenas de los Pueblos Qom y Mocoví fueron asesinados a manos de la policía chaqueña y demás grupos estancieros.

Los Originarios reclamaban una paga justa por la cosecha de algodón a los grandes terratenientes de la provincia. Como justificación de la matanza, la versión oficial indicó que hubo una «sublevación indígena».

Fue una de las masacres de mayor magnitud cometida en Argentina. Desde 2014 el Estado argentino, a través del Ministerio Público, investigó durante cuatro años los eventuales delitos de lesa humanidad cometidos en Napalpí, para luego solicitar la apertura de un juicio por la verdad, puesto que todos los culpables ya habían muerto.

Bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear el Territorio Nacional del Chaco se perfilaba como el primer productor nacional de algodón. El presidente nombró como gobernador del Territorio Nacional del Chaco al estanciero algodonero y político radical Fernando Centeno.

La Comunidad Aborigen de Napalpí, en ese contexto productivo, era un espacio de sometimiento donde los Indígenas eran obligados a trabajar en condiciones de semi esclavitud. Dada las extremas condiciones laborales, en julio de 1924, los miembros de los Pueblos Qom y Mocoví se declararon en huelga.

Denunciaban los maltratos y la explotación de los terratenientes. Pero el gobernador Fernando Centeno les prohibió abandonar Chaco y, ante la persistencia Indígena, ordenó la represión.

La mañana fatídica

El día 19 de julio, muy temprano, un grupo de unos 130 hombres, entre policías, estancieros y civiles de la zona, fuertemente armados, rodearon el campamento donde se habían reunido los Indígenas en protesta, y que armados tan solo con palos, bailaban en una fiesta religiosa en la zona del Aguará, un área considerada sagrada.

Los despiadados entraron a la albergada para rematar a machetazos y hachazos a los Originarios que quedaban vivos, muchos moribundos, en su mayoría mujeres y niños. Los heridos fueron degollados, amputados y algunos colgados.

Sin duda alguna, este hecho representó una de las acciones más atroces por parte del Estado argentino hacia un Pueblo Indígena, que no hizo más que reclamar por los derechos que le correspondían.

Joselo Riedel

ENDEPA