La ficha cayó fuera del paño, por Raúl Dellatorre

Como si fuera la última ficha en el bolsillo del apostador en un casino, el Banco Central la revoleó buscando cambiar su suerte, que hasta ahora lo arrastra a una definitiva y final corrida cambiaria.

Pero con tan poca fortuna que la ficha, en vez de caer en el número que vaya a elegir la bolilla cuando deje de rodar, parece haber caído fuera del paño.

Esa es la sensación que deja una jugada desesperada, casi sin sentido, con enormes riesgos en cuanto a sus probables consecuencias para la economía real y resultados más que inciertos para el fin buscado: frenar la fuga de divisas que se lleva el valor del dólar hacia las nubes.

¿Qué significa que el Banco Central autorice a las entidades financieras a “utilizar el 100 por ciento del promedio diario del total de depósitos en pesos” para invertirlo en Leliq? Y, además, el total de su “responsabilidad patrimonial computable del mes anterior” con el mismo fin, es decir, comprar Leliq. Esto es lo que dispuso la Comunicación A 6661 del BCRA de la fecha.

En términos sencillos, singnifica que los bancos podrían tomar el total del dinero que tienen en sus arcas, el propio (patrimonio computable) y el de sus clientes (depósitos en pesos), para prestárselo al Banco Central a siete días, a cambio de una tasa inigualable que ya se acerca al 70 por ciento anual. Un negocio, en números contables, más que redondo para el banco. Pero para el sistema económico, una posible catástrofe.

¿Por qué?: Porque el Banco Central pretende retirar “todo el dinero” que se encuentra en el sistema financiero para evitar que se destine a la compra de dólares, y así sacarle presión a la suba de la divisa por exceso de demanda. El problema es que el dinero que saca del mercado, es el mismo que se destina a la actividad productiva, a créditos para inversiones, para consumo, para pago de salarios, para el pago de las cuentas a un proveedor.

Cuando deja a los bancos “sin recursos prestables”, es decir sin dinero para crédito, lo que está haciendo el Banco Central es clavando los frenos de la actividad económica. Y peor que eso, porque no es sólo la recesión que ya padecemos, sino que expone a la economía al riesgo cierto de una cesación de pagos, en la que no sólo se dejarían de pagar las cuentas con un proveedor sino también los sueldos. ¿No midieron las autoridades ese riesgo?

Supongamos, para no hacerla tan dramática, que los bancos optaran por aceptar el convite de llevarle toda la plata (o buena parte) al Banco Central, a cambio de Leliq, pero sólo por unas semanas, para luego recuperar la liquidez (los billetes) por si los depositantes quisieran retirarlos.

Pero como los bancos bien saben (el público, en general, no), a su vencimiento las leliq no se están pagando en efectivo, sino que el Banco Central las canjea por nuevas leliq.

Y los intereses de las primeras, tampoco se pagan en efectivo, sino con más leliq. ¿Qué pasará cuando los bancos quieran cobrar las leliq para sus depositantes? ¿Aceptará el Central soltar ese dinero, para que vuelva al mercado?

Es decir, ¿permitirá “emitir” para que los depositantes puedan cobrar? No es lo que está haciendo hasta ahora con las leliq que, por un total de UN BILLON de pesos (un uno acompañado de doce ceros), están en manos de los bancos.

Más vale que las autoridades monetarias tengan una respuesta para esa hipotética, pero no improbable, situación.

Porque negarle el retiro de sus depósitos a los ahorristas tiene un nombre de tristísima fama en el argot económico desde 2001: corralito.

Raúl Dellatorre

Motor Económico

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