El 21 de junio es espacio tiempo de Solsticio y de celebración

Cada seis meses la tierra en su danza alrededor del sol, nos marca el fin de un ciclo y el inicio de otro. El recorrido elíptico del planeta llega a un día del año que suele ser el más largo por la luz que recibe del sol (21 de junio), para darle la bienvenida al verano en el hemisferio norte y al invierno en el hemisferio sur.

Al revés sucede en diciembre, cuando sucede el día más corto del año y empieza otro ciclo inverso: invierno en el norte y verano en el sur. Entre medio están los equinoccios, que marcan los momentos de mayor cercanía de la tierra con el sol y definen a su vez el otoño y la primavera.

En esa danza de la luz y la oscuridad, de la explosión de la vida en verano y el recogimiento en invierno, hemos participado los seres humanos durante milenios, con culturas que han sido conscientes de la celebración de las distintas fases de la naturaleza.

Con ritos y festejos en verano se realizan las hogueras de la noche de San Juan, tradición para quemar lo viejo y recibir lo nuevo; de la misma forma que en diciembre se entregan regalos para conmemorar el nacimiento de una nueva etapa de la vida. Diferentes momentos para recordarnos que somos parte de la madre tierra, de la pachamama y de su relación con el padre sol, del taita inti que nos ilumina para energizar nuestro cuerpo y alimentar las cosechas.

Celtas, mayas, incas, mapuches, vascos y una larguísima lista de pueblos han celebrado el solsticio en agradecimiento por la cosecha recibida (inti Raymi para los incas y aymaras en Suramérica), y han dado la bienvenida al nuevo tiempo en lugares sagrados como Stonehengem en Escocia o la puerta del sol en el Lago Titicaca.

Esa consciencia del cierre e inicio de ciclos es parte de sabernos UNO con la naturaleza, de SER en conexión con la luz (sol) y con la oscuridad (noche), de festejar en COMUN-UNIDAD, honrando la vida que somos y agradeciendo la que seremos.

Por eso, este pequeño post es solo un recordatorio para que festejemos la vida, honrándola con el cuidado de nuestra tierra y de nuestro cuerpo. De la misma manera que debemos agradecer todo lo vivido en estos seis meses desde diciembre, podemos SENTIPENSAR en lo que deseamos sembrar en nuestros corazones ypensamientos para la nueva etapa que empezamos.

¿Qué mejor forma que hacerla agradeciendo con una pequeña ofrenda a la madre tierra? Pueden hacer un mándala con semillas, o abrazar un árbol, o limpiar una fuente de agua, o darle de comer a un animalito…

Y también puedes prender una vela, simbolizando la luz que empieza a resplandecer en nuestro corazón que se conecta con el corazón de la tierra y con el corazón del sol, porque somos nexos entre el mundo de arriba (Hanan pacha) y el abajo (uku pacha), que habitan en el aquí y el ahora (kay pacha). Somos chakanas, somos puentes que en consciencia hacemos el cambio que el mundo necesita aquí y ahora.

Esta consciencia es la esencia del Buen Vivir y de nuestra capacidad de construir una Vida Plena en armonía con la naturaleza y en sincronía con los ritmos del cosmos.

A festejar gente linda, pues empieza un nuevo tiempo!!! Feliz solsticio

Filosofía del Buen Vivir