Triple crímen: Parece que “La Morsa” resultó ser el Tío Sam

Triple crímen: Parece que “La Morsa” resultó ser el Tío Sam

A la DEA le jodía el éxtasis porque decenas de bandas -quizá hasta cientos de minibandas- mexicanas (pero no el Cartel de Sinaloa, que no la traficaba) introducía las pastillas en Estados Unidos, en detrimento directo del consumo de cocaína, que la DEA controlaba.

El éxtasis se hace con efedrina, que los mexicanos importaban legalmente de Argentina. Por eso presionaron al presidente Felipe Calderón hasta lograr en 2006 que prohibiera la importación de efedrina. Entonces los mexicanos comenzaron a viajar a la Argentina en tropel y la pagaban mucho más cara que antes, lo que volvió rápidamente millonarios a los empresarios del rubro droguerías que tenían los permisos de importación.

“Tarde, Pérez Corradi quiso entrar al negocio tarde con su socio, el usurero Martín Lanatta. Sebastián Forza le debía a casa santo una vela, se había vuelto buchón de la DEA y por su orden buscaba asociarse con José Luis Salerno, quien tenía como mano derecha a Santiago Ferrón”, explica José Petrosino.

Para él, está muy claro que según reveló Wikileaks, Aníbal Fernández, de quien teóricamente dependían la Policía Federal, la Prefectura, la Gendarmería y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, era un asiduo concurrente a la Embajada de los Estados Unidos, y cumplía con los pedidos de ésta de combatir sin desmayos los embarques de cocaína hacia su territorio. Pero Fernández no hacía lo mismo con los embarques de efedrina hacia México (por la razón que fuera, recordemos que la importación era un negocio legal) así que le tiraron no uno, sino tres muertos y cortaron de cuajo el tráfico de efedrina hacía México.

Según Petrosino, los cadáveres fueron arrojados en General Rodríguez a pesar de que los asesinatos se habían ejecutado lejos, en la zona sur del Gran Buenos Aires, “porque funcionarios de esa comuna participaban del triangulado de efedrina”, una señal mafiosa.
Petrosino recuerda un investigación de Cristian Alarcón publicada en el diario Crítica de la Argentina a principios de septiembre de 2008.

“Durante sus últimos meses de vida Sebastián Forza fue informante de la DEA en la Argentina. La agencia de drogas de los Estados Unidos lo había reclutado a través de Julio César Posse, su guardaespaldas. Posse es un soplón de los norteamericanos que también trabajó para la SIDE (integró la ya disuelta Sala Patria, directamente a las órdenes de su jefe, el ya fallecido mayor Alejandro Brousson. La Sala Patria fue protagonista tanto del secuestro de Enrique Gorriarán Merlo en México como el de pago ilegal a Carlos Telleldín para que acusara falsamente a un grupo de policías bonaerenses en la causa AMIA. Otro de sus agentes inorgánicos, y a la vez agente de la CIA”, fue Rodolfo Galimberti. N. del E.) y que como Forza, fue aportante de la campaña presidencial de Cristina Fernández de Kirchner.

Conocido como “Gitano” (y también como “El Enano”, N. del E.) Posse estuvo preso por el tráfico de 80 kilos de cocaína en 2004”, reveló Alarcón, y continuaba: “En esa causa, a cargo del juez federal Claudio Bonadío, se confirmó el vínculo de Posse con la DEA.” Bonadío lo excarceló. “El 14 de agosto último, al día siguiente de que aparecieran los cuerpos de los tres fusilados, Posse se comunicó con la embajada de Estados Unidos. En una escucha que figura en el expediente un funcionario norteamericano le dice: “Afuera de la Argentina usted puede recibir el crédito”. Posse le contesta: “Ok, necesito el crédito y una residencia en Miami please”. Hace 12 días le pidió autorización a Bonadío para salir del país”.

Cuando la investigación de Alarcón se publicó, algunos observadores consideraron que un escándalo diplomático entre Estados Unidos y Argentina era inevitable, que Estados. Unidos no podría menos que deshacerse en explicaciones, pero lo cierto es que jamás las hubo.
“Consultada por Crítica de la Argentina sobre el vínculo de Posse con la DEA, la agregaduría de prensa de la embajada norteamericana desvió la consulta hacia dos miembros de la agencia de drogas: en ninguno de los dos números de los Estados Unidos respondieron a los llamados”, explicó Alarcón.

La ansiedad de Posse por viajar a los Estados Unidos y esconderse para iniciar una nueva vida “quedó registrada en una conversación que tuvo con un funcionario de la embajada de los Estados Unidos. A través de dos fuentes que leyeron esas escuchas Crítica reconstruyó el diálogo. Fue al día siguiente del hallazgo de los cuerpos. Llamó él. ‘Hablan de cómo anduvo la cosa. El otro le dice que el día estuvo movido, por lo de los cadáveres. Luego le advierte que se tiene que cuidar. Después charlan con códigos que no se comprenden. Hasta que Posse lo aprieta con que está apurado por lo del dinero'”, reconstruye el investigador.

Algunos textuales:

– Hoy voy a Tribunales. Porque también corre peligro mi vida –le dice Posse al funcionario de la embajada.

– Eso ya va a salir –lo tranquiliza quien parece ser su jefe. Y en el tramo más inquietante, el norteamericano le sugiere:

– Afuera de la Argentina usted puede recibir el crédito.

Posse negocia.

– Ok, necesito el crédito y una residencia en Miami, please.

En el juicio por el Triple Crimen, la esposa de Forza, Solange Bellone, dijo que su marido le tenía “terror” de Ibar Pérez Corradsi pero tambien creer que a su marido (y a, a Leopoldo Bina, y a Damián Ferrón) lo habían matado u ordenado matar la policía.
Según Bellone, Forza era extorsionado por la policía bonarense y su instructor de tiro, Martín Lanatta, era el intermediario.

Dijo que recientemente Forza le había pagado a través de Lanatta 200 mil dólares para garantizar su libertad a un tal “La Morsa”, al que suponía un alto oficial de la policía retirado.

Otros (ver imagen) sostienen que “La morsa” es Posse, un hombre calvo, bajo y de ojos verdes.

No soy un experto en el tema, pero el espectáculo al que asistimos me recuerda a de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, que fueron cometidos por “plumas” vinculados a la Policía Federal y luego (de la ejecución de un plan pergeñado por Carlos Corach) atribuido falsamente a la policía bonaersense. En este caso y a la inversa, responsabilizando a Aníbal Fernández de un crimen cuyo responsable último parece haber sido la policía provincial, bien que en sociedad con la DEA.

Se escuchan opiniones.

Pájaro Rojo