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Cambiemos llegó para quedarse, por Aritz Recalde

Cambiemos llegó para quedarse, por Aritz Recalde

Atribuirle las victorias del oficialismo a la casualidad, al mero fraude electoral o al determinismo de la historia es una simplificación peligrosa para la oposición.

“Desarmados de egoísmos individuales o sectoriales, las conciencias y los actos deben encontrarse en el amplio espacio común de un proyecto nacional que nos contenga. Un espacio donde desde muchas ideas pueda contribuirse a una finalidad común”. Néstor Kirchner

La opinión pública y el neoliberalismo
No es la primera oportunidad en que un gobierno neoliberal llega al poder por intermedio de las urnas. La reelección presidencial de Carlos Menem o el triunfo electoral de 1999 de Fernando De La Rúa son antecedentes a tener en cuenta. Incluso, el riojano ganó la elección nacional del año 2003 y posteriormente y en reiteradas ocasiones se impuso en su provincia.

En la Argentina hay un importante sector de la opinión pública que acompaña las políticas neoliberales o que al menos no las percibe como contrarias a sus intereses. Mauricio Macri tiene la habilidad de organizar a este sector, de darle una estrategia de construcción de poder y de potenciarlo electoralmente.

El gobierno de Cambiemos se integró al actual realineamiento geopolítico internacional. Estados Unidos y los conservadores y liberales europeos apoyan públicamente a los mandatarios como Macri o Michel Temer, que en teoría vendrían a terminar con los modelos de país que bautizaron como “populismo”.

La campaña política de Cambiemos se replica en toda la región y se articula con el accionar de las derechas de Brasil, de Paraguay o de Venezuela. Los grupos de presión multinacional tienen fuerte presencia en la televisión, en las redes sociales y movilizan mucho dinero en fundaciones y partidos políticos.
 
El frente Cambiemos
No fueron casualidad los triunfos de Cambiemos en 2015 y en 2017. Este frente electoral se fortalece por sus aciertos que son potenciados por las incapacidades de la oposición. Macri desarticuló o directamente conduce a la mayoría de la vieja oposición al Frente Para la Victoria (FPV), proveniente de la UCR, el Frente Amplio Progresista o la Coalición Cívica[1].

La acumulación de poder de esta nueva fuerza política fue vertiginosa. Hasta el año 2013 el Partido Propuesta Republicana (PRO) no tenía otro gobierno que el de la Ciudad de Buenos Aires. En 2007 fundaron la Unión-PRO y en 2009 con De Narváez y Felipe Solá se impusieron en la provincia de Buenos Aires (34% de los votos).

En el año 2011 De Narváez se alió con la UCR[2] y tuvo un magro resultado en su candidatura a gobernador (16%) y se fue apartando del centro político. Pese a la pérdida de centralidad de Francisco De Narváez y de la UCR, el PRO mantuvo su estrategia de acumulación de poder y hoy conduce a muchos dirigentes de ambos espacios partidarios.

En el año 2011 el PRO no presentó candidato en las elecciones presidenciales nacionales. En esa oportunidad, Elisa Carrió de la Coalición Cívica obtuvo menos del 2% de los votos del país. Actualmente, la líder de la Coalición Cívica alcanzó 48% de los escaños en Capital Federal. Tal cual ella misma lo manifestó públicamente, es la primera oportunidad en que triunfa en una elección y no es casualidad que lo haga bajo el paraguas de Macri.

De manera opuesta a Carrió, el ministro de Economía de Cristina Kirchner y embajador en los Estados Unidos de Macri, Martín Lousteau, obtuvo un magro 14% en las PASO de Ciudad de Buenos Aires de 2017. Con UNEN[3] había obtenido más de 32% en 2013 y con el Frente ECO casi gana las elecciones en la segunda vuelta de 2015 (48%). Actualmente, enfrentar a Cambiemos no parece ser cosa simple y la estrategia de su conducción nacional le viene dando muy buenos resultados.

En el año 2013 el PRO realizó una importante elección en la provincia de Santa Fe, cuestión anticipatoria del cambio de época que se avecinaba. A partir de allí, Macri se convirtió en el líder de la nueva oposición nacional al FPV y el progresismo socialista iniciaría un paulatino y prolongado relegamiento.

En el año 2015 y desafiando todos los cálculos, Cambiemos triunfó en la provincia de Buenos Aires demostrando gran habilidad política. En las PASO, Vidal había sacado el 29% de los votos y en las generales aumentó al 39%. De manera inversa, el FPV bajó del 40% al 35%.

En las PASO 2017, Cambiemos aumentó su porcentaje al 34% y la Unidad Ciudadana no alcanzó el 40% del 2015. Queda abierta la pregunta sobre si el 34% de Esteban Bullrich es el piso o el techo de Cambiemos y si la Unidad Ciudadana puede alcanzar los 40% con el peronismo dividido.

En 2015 el frente político Cambiemos alcanzó las gobernaciones de Jujuy y de Mendoza, que estaban en manos de candidatos justicialistas. Continuando la tendencia, en 2017 triunfó (en alguna o en las tres listas en juego) en los fundamentales distritos electorales como Mendoza, Córdoba, Santa Cruz o Entre Ríos. Se impuso en provincias con oficialismos consolidados como son los casos de San Luis, La Pampa o Neuquén.

Mauricio Macri conductor político
Cambiemos tiene una conducción política nacional unificada en Mauricio Macri y su tarea se viene ejerciendo con pocas fisuras y de manera exitosa. Por mucho tiempo se subestimó al Presidente por considerarlo incapaz de conducir políticamente. Se sigue diciendo que es un títere de los grupos económicos, lo que lo tornaría un actor carente de capacidad de decisión y de maniobra.

Por el contrario, Macri conduce a un gabinete con los más capacitados cuadros políticos de los CEOs y ello demuestra dotes de dirigente y capacidad de manejo de los grupos de interés.

Macri demostró cualidades de jefe político en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires y ahora lo está evidenciando desde la gestión de la Nación. En cada espacio que gobernó organizó tropa política propia que hoy le reporta lealmente como es el caso de Daniel Angelici, figura central en el armado judicial, político y cultural. Boca Juniors fue la principal referencia de Macri para llegar al poder y hoy sigue controlando el club con mucha habilidad.

El triunfo electoral de María Eugenia Vidal le permitió obtener la primera magistratura y el Presidente le está dando apoyo económico y político para que crezca. Horacio Rodríguez Larreta obtuvo un rotundo triunfo en estas PASO y ello no derivó en públicas rivalidades y disputas como sí ocurrió permanentemente en el FPV.

La conducción de Macri supone nuevos desafíos para el peronismo por el hecho de que a diferencia del ciclo Kirchner, está dispuesto a darle poder económico y político a la provincia de Buenos Aires y a su mandataria. Por el contrario, el FPV se dedicó a debilitar al gobernador y a ejercer la conducción de manera directa entre el Gobierno Nacional y los intendentes.
 
La oposición en la provincia de Buenos Aires
El FPV que obtuvo 55% de votos en la provincia de Buenos Aires en el año 2011 perdió tres elecciones consecutivas: en 2013 contra el Frente Renovador y en 2015 y en 2017 contra Cambiemos (resta ver el recuento de votos en Senadores Nacionales y esperar las elecciones generales de octubre).

Cambiemos mantiene sus votos duros y sale a ampliar su base. Al momento de la elección gobernaba 69 municipios y triunfaban electoralmente en 101. Dejó se ser un partido que tracciona votos meramente en el interior rural y hoy administra localidades urbanas como La Plata, Morón, General Pueyrredón, Tres de Febrero, Lanús o Quilmes.

Cambiemos está construyendo la figura de Vidal recuperando dos valores e imaginarios que fueron propios de la tradición política peronista: el perfil renovador y progresista de Cafiero y la capacidad de gestión de Duhalde.

El Partido Justicialista, que supo ser el centro del dispositivo de poder bonaerense, está en crisis. El peronismo no asimiló las derrotas de 2013 y de 2015 y no se rearmó de cara a ofrecerse como alternativa de poder frente a la sociedad. Su ex presidente Fernando Espinoza se presentó en la Unidad Ciudadana y sigue abierta una pregunta acerca de qué ocurrirá con el Partido.

La crisis actual del justicialismo bonaerense debe analizarse en perspectiva. Néstor Kirchner se propuso cercenar el poder de su anterior aliado Eduardo Duhalde y la estrategia incluyó la disputa electoral de 2005 y la cooptación y asimilación paulatina de la estructura territorial y política justicialista. Implementó la tarea con Alberto Balestrini y con Felipe Sola, entre otros importantes e históricos dirigentes. Desde la muerte de Kirchner y ya sin ambos líderes, se abrió un vacío de conducción cuya primer –y contundente- demostración fue la histórica derrota del 2015 contra María Eugenia Vidal.

El ex FPV está dividido y no consolida fácilmente una conducción que represente a todos los sectores que integraban el espacio. Actualmente la Unidad Ciudadana no pudo contener y organizar el piso electoral del 40% de los electores de 2015 y el peronismo juega dividido en tres sectores (Frente Renovador, CUMPLIR y Unidad Ciudadana). Si bien la Unidad Ciudadana sigue siendo fuerte en la Tercera Sección electoral, no se debe desconocer que Cambiemos aumentó sus votos en prácticamente todos los distritos que la componen. Además y tema no menor, la Tercera Sección electoral la ganó el Frente Renovador en el año 2013 cuestión que da cuenta de una volatilidad de los electores que debe tenerse en cuenta de cara al 2019.

La estrategia electoral bonaerense
Cambiemos representa al poder económico trasnacional y tiene apoyo judicial y mediático y lo utiliza con suma destreza. La comunicación del oficialismo unifica a su electorado de cara a sus adversarios. Por el contrario, la prensa opositora divide, enfrenta y dificulta aún más la unidad del bloque nacional y popular.

Cambiemos, si bien no apela a una épica política movilizadora, tiene un discurso unificado a nivel nacional que convoca al futuro, a la esperanza y a la renovación. Asume que existen problemas económicos y sociales y los atribuye principalmente al gobierno anterior (“pesada herencia”) y también a las incapacidades propias. En este último aspecto aplica la noción de Duran Barba de que los líderes son personas comunes y no mandatarios infalibles.

Cambiemos reitera una estrategia de dividir la política entre “pasado y futuro” que aplicaron Raúl Alfonsín con “Renovación y Cambio” y Antonio Cafiero con la “Renovación Peronista”. Algo similar postuló Néstor Kirchner en el año 2003 cuando sostuvo que venía a “proponer un sueño” (promesa de futuro) y que el “cambio[4] es el nombre del futuro” (evitar la vuelta al pasado).

Macri y Vidal muestran a sus candidatos como personas que traen propuestas para el futuro: Bullrich la educación, Ocaña políticas para la tercera edad y Montenegro la seguridad. Cambiemos tiene una estrategia de poder de mediano y largo plazo y Macri está empoderando a Vidal y a Larreta para garantizar la continuidad del proyecto.

El discurso de la oposición está fragmentado en todas las provincias e incluso es contradictorio y traduce las grietas entre los distintos grupos. La oposición nacional no consigue construir un liderazgo y está en un conflicto interno que no termina de ordenarse en un cambiante, complejo y diverso mapa político.

En cada provincia hay una realidad propia y no se puede explicar la reciente elección con la dicotomía “Cristina vs Macri”. Triunfaron gobernadores cercanos al oficialismo nacional (Urtubey) o enfrentados (Insfran). Perdieron dirigentes que se aproximaron a Cristina (Rodríguez Saa) y también otros que la desafían públicamente (Schiaretti). En la provincia de Buenos Aires Cambiemos se impuso en municipios ultra kirchneristas (Mercedes o 25 de Mayo), massistas (en dos categorías en Tigre) y también en los peronistas randazzistas de Hurlingham y de San Martin.

La Unidad Ciudadana bonaerense hace publicidad sosteniendo que los problemas de la carencia de vida son el resultado de un año y medio de gobierno de Cambiemos. La campaña muestra frustraciones y dolores y en el marco de una deprimente angustia se convoca a volver al pasado idílico de la década ganada. Unidad Ciudadana eliminó a los dirigentes del centro de la escena y puso al frente los problemas de la gente. En las PASO 2017 la estrategia opositora no superó por mucho el piso electoral histórico del justicialismo bonaerense, que lo condujo a las derrotas de 2009 (32%), de 2013 (32%) y de 2015 (35%).
 
Unidos o dominados
“La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde (…) El conductor es un constructor de éxitos”. Juan Perón

El primer paso para enfrentar un problema es asumirlo como tal. Atribuirle el triunfo del oficialismo a la casualidad, al mero fraude electoral o al determinismo de la historia[5] es una simplificación peligrosa para la oposición.

La recesión económica parece ser el principal aliado de la dividida y enfrentada oposición. De modificarse la situación económica y de mantenerse la fortaleza política, Cambiemos llegaría al 2019 con grandes posibilidades de triunfo. Si no se une el bloque nacional y popular, los CEOs extranjeros van a quedarse varios mandatos más al mando del Estado. Como resultado de su gestión, el país va a destruir su estructura productiva y la sociedad va a ir perdiendo el piso de derechos alcanzados.

El frente nacional debe trabajar por la unidad y para eso hay que construir acuerdos básicos y generales sobre lo que queremos para la Argentina. Luego habrá tiempo para la sintonía fina de lo qué vamos hacer y cómo. Recién a partir de acá, puede hablarse de la planificación y de la estrategia de la campaña[6]. La fortaleza del adversario (nacional e internacional) debería concientizarnos de que no hay resto para seguir dividiendo a los dirigentes con ideas similares del peronismo, del progresismo kirchnerista, del Frente Renovador y de las organizaciones de la producción y del trabajo. La división entre la rama política y la sindical de los últimos años es contraproducente e innecesaria.

Si bien no es fácil hacer el “baño de humildad”, no debería descartarse la imperiosa búsqueda de consensos y la necesaria formación de una conducción legitimada. Se puede conducir políticamente persuadiendo (con argumentos o con emociones), contratando (con recursos estatales o privados los “dirigentes se ordenan”) o atendiendo al mensaje de las urnas (llamando a internas partidarias). Si los dirigentes no acuerdan iremos a internas partidarias, lo que no podemos hacer es partir el frente electoral. En política también se puede mandar y exigir que se haga lo que el dirigente pide sin debatirlo (con la fuerza o con el temor). El peligro de ésta última estrategia es la división actual en la que estamos inmersos.

Es imprescindible conformar un peronismo nacional que articule a los gobernadores y a las organizaciones libres del pueblo de la Argentina. Hay experiencias de desarrollo exitosas que pueden tomarse de ejemplo como Formosa, San Juan o San Luis y sus mandatarios y dirigentes de base tienen mucho que aportarle a la refundación del justicialismo.

Además y tema central, hay que reconstruir y fortalecer el peronismo bonaerense, sin el cual cualquier estrategia de política nacional quedará truncada. Para eso hay tres grandes legados históricos de nuestro movimiento provincial que debemos retomar que son la justicia y la igualdad social (Domingo Mercante), la renovación popular y la actualización política del Movimiento (Antonio Cafiero) y la capacidad de gestionar el Estado y de refundar la infraestructura (Eduardo Duhalde).

Aritz Recalde

Revista Zoom

Notas
[1] En el año 2011 Ricardo Alfonsín (UCR) alcanzó alrededor de 10% en las elecciones nacionales. En la misma contienda, el Frente Amplio Progresista de Hermes Binner alcanzó el 12%.
[2] En las PASO del año 2017 Sergio Massa siguió la estrategia de De Narváez de unir progresismo y peronismo y perdió caudal electoral. En el año 2013 Massa obtuvo el 43% de los votos, en 2015 un 19% y ahora solamente el 14%. Su actual aliada Margarita Stolbizer supo tener un piso cercano al 10% de los escaños, que esta vez fueron a CAMBIEMOS. Otro intento de fusionar progresismo y peronismo fue la fórmula del FPV del año 2015 que llevó a un peronista y a un candidato de Nuevo Encuentro. Este último partido venía manteniendo un apoyo del electorado bonaerense cercano al 5%. En el año 2015 perdieron Morón y Nuevo Encuentro no sumó demasiado en la elección al punto tal de que el FPV fue derrotado sin superar el piso mínimo del 35% histórico del justicialismo bonaerense.
[3] UNEN se conformó inicialmente con la Coalición Cívica – ARI (Carrio), Proyecto Sur (Pino Solanas – Argumedo), Libres del Sur (Tumini – Donda), GEN (Margarita Stolbizer), la UCR (Ernesto Sáenz) y con el Partido Socialista (Roy Cortina), entre otros. Los miembros de UNEN y ECO, Carrio, Sáenz, Ocaña o Prat Gay pasaron a CAMBIEMOS. Otras figuras como Solanas y Donda se distanciaron de Macri.
[4] En el discurso de asunción frente al Congreso de mayo de 2003, Kirchner destacó que había que avanzar hacia lo “nuevo” y manifestó que “el pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio”. La palabra “cambio” fue mencionada más de 20 veces en ese discurso.
[5] Alfonsín, Menem y Néstor Kirchner ganaron las primeras elecciones de medio término luego de asumir la Presidencia.
[6] La oposición copió la estrategia comunicacional de Durán Barba y no superó el piso electoral de los votos propios. La propuesta desorientó a la militancia y no atrajo nuevos electores que antes no los votaban y ahora tampoco. El primer paso previo a definir la estrategia de comunicación tiene que ser la unidad.