¿De qué derecha moderna me hablás? por Myriam Duarte

Escuchaba  a Carlos Heller, en su habitual columna en Marca de Radio, el programa de Eduardo Aliverti, preguntándose dónde está la novedad en las prácticas de derecha del grupete de amigotes que nos viene gobernando.

Y me llevó a repensar históricamente quiénes son estos señores y cómo vienen operando. Ver quizá que algunos métodos para definir las políticas han cambiado, pero las políticas no tanto.

Desde el campo popular hemos coincidido en observar que el período de la última dictadura argentina, significó un aumento descomunal de la deuda externa, paralelamente al impudoroso crecimiento en el número de empresas de la familia hoy presidencial. Rara vez atamos de manera directa estos datos, que no son datos aislados que simplemente ocurrieron de manera contemporánea.

No podemos por lo tanto dejar de relacionar la bonanza de esa "empresa familiar" con esa deuda externa, que en gran parte fue engrosada con la estatización de la deuda privada de un puñado de empresas argentinas. De las más notables, esas que podemos fácilmente vislumbrar como grandes corporaciones de base nacional pero sin valores ligados a lo que en la economía en tanto ciencia social se conoce como el "empesariado nacional" o la "burguesía nacional", podemos mencionar a Acindar del ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, a la Compañía Naviera de la familia Pérez Companc y a Loma Negra, de los Fortabat, entre otros. Entre esos otros están Socma, Sideco Americana y Sevel.

Esa estatización de deuda consistió en un perverso plan, en el que dichas empresas pagaban como muestra de "voluntad de pago", el 1% de lo adeudado, y lo demás lo cubría el Estado.

Es decir, esa concepción del Estado en la que, a la hora de pagar las cuentas, somos nosotros, que tenemos que sostener a las empresas para que puedan generar riqueza "para el Estado (que a la hora de generar riqueza son ellos, en nombre del dios competitividad)". Y nosotros que nos asumimos como Estado por lo anterior, más o menos a gusto, más o menos concientes... jugamos el rol que la democracia moderna nos asigna como pueblos, que es el de vivir para ellos. Y por ello más o menos a gusto, más o menos conscientes, morir por ellos.

No es gandilocuencia ni exageración, cada argentino que murió por falta de asistencia del Estado en algún momento, ligado a la falta de recursos, es una vida que se han llevado puestos estos tipos.

También cada uno de los desaparecidos, exiliados, niños apropiados y familias destruidas lo son.

Toda la lucha de los compañeros que nos antecedieron, tenía el objetivo de parar el mismo proceso que vivimos hoy. Y esto no es solamente un hecho histórico ya que hay actores y hacedores, como Domingo Cavallo quien todavía es desconocido para la mayoría de los argentinos en su rol de presidente del Banco Central de la Dictadura Militar durante dos meses en 1982 después de la Guerra de Malvinas, para resolver generosamente bancar la deuda de sus amigos millonarios. ... haciéndonosla pagar a todos los argentinos. En su corta, pero efectiva, gestión el jefe del Departamento Deuda Externa del Banco Central se llamaba Carlos Melconián.

Es decir, un porcentaje importante de esa deuda con cuyo valor per cápita nos despetábamos durante toda la década de los '90, no se la estábamos devolviendo como país a un acreedor externo, sino que le estuvimos haciendo la changa a los patrones... mientras esos mismos patrones, fugaban sus divisas parte de los aportes patronales que descontaban a los trabajadores y no aceditaban en las cuentas correspondientes. Fugaban divisas de dineros ganados a partir de contratos con el Estado, con cuyas condiciones nunca cumplieron... pero se quedaron con la plata... fugaban las divisas a partir del no pago al Estado de cánones y concesiones de obras y servicios públicos. Fugaron mucha plata.

Una década después, un presidente llegado del interior profundo prometiendo salariazo y revolución productiva, incorporó a su gobierno al mismísimo Cavallo, a sugerencia de una parte de la élite financiera local con el objeto de congraciarse tras la triste experiencia de Alfonsín, la recomendación llegó de la mano de la familia Macri. No sólo incorporó a Cavallo como Ministro de Economía, sino también a Melconián, al frente del área del Banco Central responsable de revisar la deuda externa. Vuelve a sonar perverso, porque lo es.

Debe entenderse la finalidad de la llegada de Cavallo. Era el mismo tipo que estuvo una década antes, trabajando para los mismos amigos millonarios.

El Plan de Convertibilidad nunca tuvo como objetivo generar una mejor capacidad económica a los argentinos, sino licuarles nuevamente las deudas a las mismas familias,  generadas en las evasiones y fugas de divisas producto del espeluznante costo del desendeudamiento anterior. Que tipo generoso Cavallo... generoso con plata ajena...

Nuevamente nos la cobraron a todos, nuevamente Cavallo, Melconián y Sturzenegger con la pesificación de deudas para ellos, el Megacanje y el Blindaje para nosotros, y nos metieron directamente las manos en los bolsillos con el corralito. Otra idea genial para saquear al pueblo, y a pesar de ser procesados por esos hechos, pasaron ni un sólo día en cana.

Hoy el amigo ya no está afuera, todos los amigos están juntos ocupando en persona aquellos cargos que les garantizan réditos a sus respectivas empresas... basta de mediar y pagar coimas para que otros hagan algo que tranquilamente podían hacer ellos mismos... y está a las claras que podían.

Ahora bien, es cierto que gran parte de esta información no se discute en ningún lado, pero también es cierto que está guardada en nuestra memoria, individual y colectiva. ¿Pero cómo apelamos a ella?

Recuerdo habitualmente la angustia con que me preguntaba en mi adolescencia cómo era posible que hubiera pasado todo lo que pasó durante la dictadura. Cómo pudo permitirlo el resto de los argentinos. Y recuerdo también el impacto de leer a Edgar Morin, sociólogo francés, diciendo que había dejado de venir a la Argentina (entiendase la  Argentina real, o sea CABA) porque no podía creer que el pueblo argentino actuara como si no pasara nada, que no era verdad que no se sabía lo que pasaba, porque desde todos los rincones de la ciudad se escuchaban los gritos de los torturados.

Entonces digo, te puede faltar información, la pueden ocultar, la pueden tergiversar, y podes tomar decisiones equivocadas por ese desconocimiento. Pero hay un dato que tiene que ser aleccionador: si el que ensalza tu política económica es el mismo Cavallo, si incorporaste a tu gobierno en las mismas áreas por cuyos antecedentes están procesados, a Melconian y Sturzenegger, y si el presidente de tu bloque de diputados se llama Massot, ¡Massot! ... ¡Vergúenza es llamarse Massot! vociferó Alberto Fernández. Pero estos sociópatas perversos no sienten vergüenza.

Ahora vos... vos con tu desprecio a flor de piel, erigiéndote ejemplo de la moral cristiana y por qué no universal... caíste cuando ellos apelaron a lo peor del alma humana, a la peor miseria y podredumbre... caíste a tal punto que el presidente de tu bloque de diputados se llama Massot... No exageramos, no nos equivocamos cuando decimos: Macri, basura, vos sos la dictadura.

Cuando este prontuario lo leen ellos, brindan festejando por su exitosa trayectoria histórica.

Pero no vos. Es demasiada información, y uno es más feliz cuanto menos información tiene... ¿no? Pues feliz revolución.

Myriam Duarte