Claves para leer el 2-1 sobre Nigeria y la clasificación a octavos

Los jugadores sacaron a relucir el orgullo herido y jugaron el partido como si fuera el último, sabiendo que podía ser el último del Mundial. Estas primeras líneas fueron escritas un par de horas antes del inicio del partido.

Y sirven para hacer la confesión de que nos paramos a pensar por qué queremos obsesivamente la victoria. Algunas explicaciones hay.

Es tan perverso el sistema, son tan miserables los dueños de la pelota, son tan jodidos los titiriteros, son tan funcionales los periodistas, que nos hacen esperar el partido con el urgente deseo de una victoria para tapar las bocas de los que revuelven las aguas para pescar sus infames réditos.

Y ahí es donde frenamos y nos preguntamos. ¿Qué cambia en la mirada si se gana o se pierde? ¿No sabemos, acaso, que el éxito y el fracaso son dos impostores? ¿Tiene sentido enfrentar desde el resultado de un partido a esa construcción maléfica de los poderosos? Decididamente no.

Está fenómeno desear el triunfo, porque por algo somos argentinos, pero sabiendo siempre que un triunfo no será otra cosa que una contingencia, un hecho circunstancial.

Una potencial derrota debería tener los mismos efectos fugaces. ¿Y entonces? Entonces lo que de verdad hay que esperar es que estos pibes que van a salir a la cancha en un rato jueguen, se entreguen,  intenten, dejen el alma, recuerden que hay una historia del fútbol que los ampara, se olviden de las operaciones despiadados de los últimos días y no pretendan demostrar nada a nadie más que a ellos mismos. Ojalá puedan hacerlo. Ojalá les de para hacerlo. Si ganan mejor, pero si toca perder que sea con el orgullo intacto. Fin del prólogo.

Y a la hora de la verdad, el límite entre la posibilidad de pasar a los octavos de final fue una línea pequeña, casi invisible. Un buen centro, una buena volea y adentro. Pudo haber pegado en el palo el remate de Rojo, se pudo haber ido afuera y con esa pelota se desvanecían todas las ilusiones.

¿Y eso debía cambiarlo todo? ¿Y eso debía modificar todos los análisis? De ningún modo. Lo que sí pasó en la cancha fue que los jugadores sacaron a relucir el orgullo herido y jugaron el partido como si fuera el último, sabiendo en realidad, que podía ser el último, de este campeonato y de esta generación de jugadores.

¿Jugaron bien? No, solo de ratos. ¿Jugaron su mejor partido en el campeonato? Y, si, pero fundamentalmente porque las otras dos actuaciones habían sido malísimas. Contra Islandia porque no se supo cómo ganar y contra Croacia porque hicieron todo para perder.

¿Fueron superiores a Nigeria? En el balance de los 90 minutos fueron superiores, generaron más situaciones de gol, llegaron más, manejaron mejor la pelota. ¿Pudieron reponerse a la adversidad? Sí, lo hicieron. Les cobraron un penal que dio toda la sensación de que no existió, empataron un partido que hasta ahí ganaban bien y fueron a buscar el gol, sin el orden ideal, sin apabullar al rival, sin la pimienta que se necesitaba, pero fueron y tuvieron la recompensa que se merecían porque el empate no hubiera sido lo más justo.

¿Y de ahora en más qué? ¿Hay que ilusionarse con lo que se viene? ¿La victoria abre nuevos caminos? Es difícil decirlo, pero en un rápido repaso sobre los demás equipos que pasaron la segunda fase, Argentina está un par de escalones por debajo de Francia (el próximo rival), Bélgica, Uruguay, Inglaterra, Alemania, España y Brasil. Se juega a un partido a todo o nada, pero la chapa de candidato de otras ocasiones aquí no se verá. Habrá que ir bien de punto.

Se logró el objetivo de la clasificación y los jugadores se sacaron un peso tremendo de encima. Se venía la guillotina. Este paso por Rusia inevitablemente iba a ser comparado con anteriores fracasos resonantes de la historia: Suecia en 1958 y Corea-Japón en el 2002, fundamentalmente. Es muy probable que en el fuero íntimo, los futbolistas argentinos sientan que ya está, que lo fundamental se logró, que la explosión de la bomba se va a demorar unos días. Físicamente terminaron extenuados y futbolísticamente juegan a una velocidad diferente a todos los otros. Costó y fue casi milagrosa la clasificación para el Mundial en la última fecha. Costó y fue milagrosa la clasificación para la segunda fase del Mundial. Todo cuesta demasiado y ellos mismos son conscientes de ello.

Volvamos a las primeras líneas a las que se escribieron antes de empezar el partido, a las que se le debe agregar ahora una certeza: en la próxima parada Messi y compañía van a volver a poner todo, como no lo hicieron contra Croacia, como si lo hicieron ante Nigeria. El triunfo o la derrota en lo que viene será sólo una circunstancia.

Juan José Panno
Página12