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Mecanismo de defensa, por Juan Carlos Argüello

Mecanismo de defensa, por Juan Carlos Argüello

“Con el misionerismo nos jugamos el destino de la Provincia”, remarcó el gobernador Hugo Passalacqua en Apóstoles, durante la celebración de los 200 años de la batalla de Mbororé, un hito en la defensa del territorio argentino ante los embates de los bandeirantes.

No es apenas una apelación emotiva. Cobra sentido en medio de un escenario político que reedita una división entre centralismo y federales.

El mismo concepto transmitió el Gobernador a los intendentes de toda la provincia en un encuentro mantenido en San Ignacio, donde los instó a “hacer mucho con poco”. No son tiempos de abundancia. Habrá que apelar al ingenio y el sentido de pertenencia de un electorado que ve cómo los problemas de Buenos Aires arrastran al interior a una crisis que parecía olvidada.

La celebración de un nuevo aniversario de la Declaración de Independencia obliga a repensar las condiciones que empujaron a los líderes de entonces a romper con el yugo español y compararlas con la actualidad.

La Argentina lentamente está volviendo a entrar a un círculo de dependencia del que es muy difícil abstraerse y que compromete no solo al presente, sino a generaciones futuras. La deuda externa -y eterna- ya compromete el presupuesto solo con el pago de intereses y la deuda del Banco Central superó el billón de pesos (1.000.652 millones de pesos).

Después de recomendar durante 18 meses que las provincias imiten la toma de deuda de Nación, ahora el Banco Central cambió las condiciones para autorizar nuevos créditos a las provincias: una condición clave es que el ratio de deuda no debe superar el 20 por ciento de los ingresos. Son varias las provincias que ya superan ese límite y a partir de ahora, varias más se quedarán en la puerta.

Misiones no está en ese lote y es una de las escasas provincias que mantiene su economía saneada. Hoy se percibe con mayor claridad el acierto del desendeudamiento iniciado en 2003. Tiene apenas un cinco por ciento de las exigencias en dólares, por lo que las fluctuaciones financieras no tienen un impacto relevante y se mantiene la previsibilidad.

El estado actual de la economía misionera sirve también para contrastar con los tiempos en los que se creía que no cobrar impuestos alentaba la inversión y generaba un efecto derrame. Durante los 90, Ingresos Brutos significaba el 50 por ciento promedio de la recaudación provincial y el resto se financiaba con el Impuesto Extraordinario Transitorio y de Emergencia (Iete), que reportaba un 25 por ciento, privatizaciones y endeudamiento. La Provincia quedó ahogada en medio de pobreza y desempleo. No hubo derrame ni generación de puestos de trabajo.

Hoy Ingresos Brutos significa el 90 por ciento de la recaudación y la economía de Misiones mantiene cierta robustez pese a la caída generalizada en el país. Los indicadores sociales son mucho mejores que en la última década del siglo pasado.

En octubre de 2015, en plena campaña electoral, el converso impulsor del cambio, Alfonso Prat Gay, pronosticaba que el dólar se iba a mantener, “más cerca de 9,50 pesos, si hacemos las cosas bien” o subir “más cerca de 16 si al que le toca hace las cosas mal”. El dólar esta semana superó los 17 pesos y el Gobierno salió a pedir “calma” y aseguró que “no va a generar más inflación”.

Además del temor por una corrida, se abre un enorme interrogante por la evolución de la deuda en dólares asumida por la Nación y varias provincias. Cada centavo que sube la moneda verde, son cientos de millones de pesos que hipotecan las cuentas públicas de acá a cien años. La provincia de Córdoba, por caso, emitió 1.500 millones de dólares.

El actual ministro, sucesor de Alfonso, no habló demasiado de la suba del dólar y ratificó que “la política económica será la misma” más allá del resultado en octubre. Nicolás Dujovne, quien en su breve paso por Misiones había dicho que los problemas de las asimetrías obedecen a una coyuntura, desde Miami, prefirió no hacer evaluaciones de su gestión y, en cambio, repitió el libreto de futuro contra pasado: “El rechazo a Cristina Fernández es tan grande que no es una alternativa de gobierno”.

Sin embargo, es la economía el talón de Aquiles de un modelo que hasta ahora no ha generado éxitos para ostentar. En paralelo a la corrida del dólar, esta semana subió la nafta y miles de personas quedaron en la calle por el cierre de varias fábricas, principalmente en Buenos Aires. En Posadas las asimetrías “coyunturales”, derivaron en el cierre de más de 200 comercios y la caída de las ventas arrastró incluso a los locales instalados en los dos principales centros comerciales, donde de casi 50 casas, al menos 30 bajaron sus persianas.

Las encuestas que maneja el propio Gobierno muestran que el juego de contraste con el pasado ya no surte el mismo efecto que hace un año y medio. La realidad económica comienza a tener más peso que el “se robaron todo”. Por eso buscará por eso retener a su propio electorado, antes que buscar ampliar una base electoral que ya no lo acompañó en primera instancia. Los más optimistas hablan de una elección de tercios, pero la incógnita es saber quién se quedará con el primero.

Pero los sondeos se enfocan en Buenos Aires, donde, consideran, se define el futuro político. Las provincias tienen otras realidades, donde la pulseada entre Cristina y Cambiemos es prácticamente soslayada. La apelación al misionerismo que hizo Passalacqua se replica en otros estados que también buscan hacer su juego en lugar de ser piezas de un tablero ajeno. “Hay que votar por Río Negro”, dijo el gobernador Alberto Weretlineck, cuyo sello (Juntos Somos Río Negro) debutará en disputas de cargos nacionales (la provincia renueva dos diputados). El mandatario sureño quiere que los diputados que lleguen al Congreso “levanten la mano por la provincia” cuando lo deban hacer.

El de Chubut, Mario Das Neves pidió que el Gobierno nacional “tenga presente que cada provincia tiene su problema” que debe ser atendido de manera particular.
En Santiago del Estero el ex gobernador Gerardo Zamora compartió que hay que sostener la gobernabilidad, pero advirtió que la situación económica está “complicada”, y que se “sufre en las provincias”, donde hay “baja en el consumo, peligra el empleo, el comercio y sus empleados, así como la industria y las pymes”.

Corrientes es excepción. El gobernador Ricardo Colombi, quien disfruta las mieles de ser un socio dilecto del PRO, no tiene problemas de recursos ni de apoyos políticos. Sin embargo, se muestra fastidioso cuando le preguntan quien será su delfin para sucederlo: “Sos un pelotudo”, le respondió a un periodista que le hizo la pregunta obligada. A su lado, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, solo sonreía.

Las reacciones de los gobernadores no son aisladas. Hay una gran dosis de autoprotección. Más allá de garantizar gobernabilidad y de reconocer que mucho peor sería vivir en conflicto permanente, los mandatarios saben que se están jugando su supervivencia y la de sus espacios. Es que los problemas derivados de la crisis nacional, no son únicamente un problema político para la Nación. A la larga, se convierten en problemas locales. Los despedidos de una fábrica o los 5.800 misioneros que dejaron de recibir una pensión, son un problema lejano de Macri, pero muy cercano, de cara a cara, para los gobiernos locales.

Solo las bajas de pensiones significan en Misiones 26.580.000 pesos por mes que desaparecieron del micropresupuesto familiar, generando sí un efecto contagion con la economía del entorno.

Las decisiones tomadas en Buenos Aires tienen efectos inmediatos en el interior. La nueva suba del combustible ahondó la diferencia de precios con Paraguay y la nafta vale en promedio tres pesos más que en el centro del país. El ITC diferenciado, cuya extensión había sido prometida por el ministro del Interior el 16 de mayo, no tiene el decreto correspondiente. Algunas decisiones van a una velocidad inusitada. Otras, en bicicleta.

La lentitud con la que Nación atiende algunos reclamos pone a prueba la paciencia de las provincias.

La crisis yerbatera, extendida en el tiempo, está al borde de desembocar en otra gran protesta, aún mayor que la de marzo. Desde entonces, ninguna de las promesas del Instituto Nacional de la Yerba Mate y de los funcionarios nacionales, se ha cumplido. No llegaron fondos para financiar la cosecha, no hubo cupificación y, por último, el INYM, a pedido especialmente de la industria correntina, decidió autorizar la cosecha en septiembre, con el argumento de que ya no existe la sobreproducción que era la clave de la crisis hace cuatro meses.

La autorización de cosecha frenará el incipiente equilibrio en la oferta y la demanda de hoja verde y simplemente pospondrá el mismo problema de hoy, para la cosecha del año que viene, cuando vuelva a haber stock y no se cumplan los precios.

Los vaivenes del INYM agotaron la capacidad de comprensión de los productores y generaron un repudio casi unánime en la Legislatura provincial. Apenas los diputados radicales defendieron al organismo que conduce el boina blanca Alberto Ré y responsabilizaron a la provincia por los males de la cadena productiva. “No todo lo que pasa en el país es culpa de Macri”, exageró Gustavo González, quien se esfuerza más que los PRO originales.

En cambio, los demás bloques, incluido el Renovador, no ahorraron críticas a la escasa efectividad del INYM. “Es una agencia de turismo”, lanzó el diputado Claudio Wipplinger en obvia referencia a los permanentes viajes del directorio para “promocionar” la yerba. Hace unos días hubo una misión a Estados Unidos y ahora habrá otra a Alemania. Mientras, los mercados externos se caen.

En el Gobierno y algunos espacios opositores coinciden en que hay una deliberada inacción de la Nación –que en definitiva conduce el INYM- para afrontar soluciones para la yerba. Un conflicto social será, nuevamente, problema local.

El misionerismo, entonces, cobra una trascendencia política. La misma autodefensa que ensayan otros gobernadores cuyas realidades políticas no van de la mano de las necesidades del Gobierno nacional.

El presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, fue terminante: se sostendrá la gobernabilidad, pero desde la oposición. “No contestamos agravios ni calumnias, propios de la dirigencia, que no le interesa a la gente. Sino con más esfuerzo y propuestas superadoras”, argumentó.

Closs amplió el concepto: “Queremos que al Presidente le vaya bien, pero con los misioneros adentro”, expresó en una reunión con el Centro de Empleados de Comercio, uno de los gremios más afectados por la crisis, con cientos de despidos.

El concepto gana adeptos incluso entre aquellos que no tendrán, al menos en estas elecciones, representación directa. Los espacios kirchneristas consideraron que es una “responsabilidad histórica” trabajar por una derrota de Cambiemos “para frenar el dramático ajuste”. Por eso, llaman a no dispersar el voto en Misiones . “Bajo ningún punto de vista da lo mismo que el PRO llegue a gobernar en la provincia”, advierten.

Juan Carlos Argüello

Director Economis

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