Hugo Pasalacqua «El mi­sio­ne­ro es una per­so­na em­pren­de­do­ra que sólo quie­re tra­ba­jar y no pe­lear­se»

Inau­gu­ró la real­po­li­tik en la Tie­rra Sin Mal, atra­ve­só la cri­sis eco­nó­mi­ca, y bus­có mos­trar la cara hu­ma­na de la mo­ne­da po­lí­ti­ca. Su re­la­ción con el go­bierno de Mau­ri­cio Ma­cri, su cam­pa­ña por la bo­le­ta cor­ta, sus erro­res, sus do­lo­res, y su fu­tu­ro. Una en­tre­vis­ta de fin de ci­clo.

«No está fá­cil la cosa…y no está fá­cil mis­mo”, se­gu­ra­men­te esa fue la fra­se que más re­pi­tió el go­ber­na­dor Hugo Pas­sa­lac­qua a lo lar­go de su ges­tión. Ese era el men­sa­je que de­ja­ba en cada pue­blo, en cada reunión, en cada acto pú­bli­co, pero tam­bién in­yec­ta­ba la do­sis ne­ce­sa­ria de esperan­za para que to­dos si­gan ca­mi­na­do a su lado. Real­men­te fue­ron tiem­pos di­fí­ci­les.

Tuvo que li­diar con un go­bierno na­cio­nal con­tra­rio a su co­lor po­lí­ti­co, a su pen­sa­mien­to y a los ob­je­ti­vos del Fren­te Re­no­va­dor de la Con­cor­dia, par­ti­do del que fue uno de sus fun­da­do­res. Fren­te al desa­fío eli­gió una pos­tu­ra di­plo­má­ti­ca, prag­má­ti­ca, una suer­te de real­po­li­tik de subsistencia. “Go­ber­na­bi­li­dad con go­ber­na­bi­li­dad se paga”, dijo cuan­do co­men­zó su go­bierno, esa fue la se­ñal que en­vió al go­bierno de Mau­ri­cio Ma­cri en di­ciem­bre de 2015. Fue­ron cua­tro años de ne­go­cia­cio­nes, de de­silu­sio­nes, de tire y aflo­je.

Se­gún di­fe­ren­tes en­cues­tas, el sa­lien­te man­da­ta­rio pro­vin­cial tie­ne una ima­gen po­si­ti­va que va en­tre el 60 y el 75 por cien­to. Es ló­gi­co, du­ran­te su ges­tión puso en mar­cha una se­rie de me­di­das eco­nó­mi­cas y so­cia­les para amor­ti­guar la cri­sis, hizo ma­la­ba­res para que la es­ca­sa obra pú­bli­ca no se de­rrum­ba­ra del todo, au­men­tó al­gu­nos pun­tos el sa­la­rio de los es­ta­ta­les y no se re­tra­só en los pa­gos, man­tu­vo equi­li­bra­do el dé­fi­cit, no endeudo la pro­vin­cia, y se la pasó co­rrien­do como bom­be­ro para con­te­ner cual­quier con­flic­to so­cial. Pero, tal vez, la ges­tión del pi­lo­to de tor­men­tas se ca­rac­te­ri­zó por hu­ma­ni­zar la po­lí­ti­ca de la Tie­rra Sin Mal.

Pas­sa­lac­qua, Hugo, el pro­fe­sor, el go­ber, el tío, o sim­ple­men­te el go­ber­na­dor, ca­mi­na­ba en­tre los ve­ci­nos como uno más, sin cor­ba­ta, sin séquito, sin cus­to­dios. Ver­lo to­man­do una bi­rra en cual­quier lu­gar, era algo co­mún. Así fue él, así si­gue sien­do.

Pas­sa­lac­qua re­ci­bió a #Puen­teAe­reo el mar­tes pa­sa­do en el quin­cho de la Re­si­den­cia Ofi­cial. Re­me­ra ne­gra, za­pa­ti­llas Con­ver­se del mis­mo color, y su tí­pi­co blue jean de grue­sas bo­ta­man­gas arre­man­ga­das. Se en­con­tra­ba be­bien­do un jugo de na­ran­ja y su cara se ilu­mi­nó cuan­do una se­ño­ra in­gre­só con un pla­to de enor­mes tor­tas fri­tas. “Me vas a dis­cul­par pero es­toy me­ren­dan­do”, dijo an­tes de ata­car el pla­to y com­par­tir la me­rien­da. No pa­re­cía un buen mo­men­to para em­pe­zar con las pre­gun­tas, pero sí para que el arri­ba fir­man­te pro­pon­ga las re­glas de la en­tre­vis­ta: Tre­ce pre­gun­tas, de ser ne­ce­sa­rio dos re­pre­gun­tas, y un gra­ba­dor como tes­ti­go. “No hay pro­ble­ma”, con­tes­tó mien­tras mas­ti­ca­ba su se­gun­da tor­ta fri­ta.

 – ¿Cómo eva­lúa su ges­tión?

– Los in­gle­ses in­ven­ta­ron la eva­lua­ción del 0 al 10 que to­da­vía se ocu­pa en la edu­ca­ción, nun­ca creí en eso. Lo que sen­tís es la reali­dad, es qué sien­te tu in­te­rior. La eva­lua­ción es bue­na, así la sen­tí. Me es­for­cé, me equi­vo­qué, hay co­sas que hice bien, otras que hice mal. Pero siem­pre, siem­pre me es­for­cé y eso a mí ya me da tran­qui­li­dad es­pi­ri­tual. Esa es mi eva­lua­ción.

 – ¿No cree que du­ran­te los pri­me­ros tres años de ges­tión tuvo un acer­ca­mien­to al ma­cris­mo que fue un poco más allá de lo me­ra­men­te institucional?

– Yo lo dije el día que asu­mí: go­ber­na­bi­li­dad con go­ber­na­bi­li­dad se paga. Hoy sigo sos­te­nien­do lo mis­mo. No­so­tros so­mos una pro­vin­cia pequeña y des­de nues­tro es­pa­cio nun­ca nos ha­bía to­ca­do go­ber­nar con un co­lor po­lí­ti­co dis­tin­to en lo na­cio­nal, en­ton­ces ha­bía que bus­car una ma­ne­ra in­ge­nio­sa, no­ve­do­sa, y no hay un ma­nual. Ha­bía que ha­cer­se res­pe­tar, no en­tor­pe­cer ni que te en­tor­pez­can, para la­bu­rar tran­qui­lo. Yo soy una per­so­na de bue­nas for­mas, en­ton­ces por ahí la gen­te se con­fun­de. Era el go­bierno de la Na­ción, no del ma­cris­mo.

Hay que go­ber­nar con un opo­si­tor más gran­de en fren­te, hay otra agi­li­dad, otra ma­ne­ra, otro for­ma­to. Soy una per­so­na muy sen­ci­lla y creo que ha­blan­do la gen­te se en­tien­de. Vos po­dés de­cir la cosa más dura del mun­do, si la de­cís de for­ma his­té­ri­ca es una cosa y si esa mis­ma cosa la decís de for­ma ele­gan­te es dis­tin­to, y no por eso per­dés fir­me­za y ca­rác­ter.

 – ¿Qué fue lo que más le cos­tó? ¿Cuál fue ese mo­men­to? 

–El tema de las in­ver­sio­nes. Fue un mun­do que no in­vir­tió en Ar­gen­ti­na, que no cre­yó en Ar­gen­ti­na. Fue una gran opor­tu­ni­dad la que se per­dió Ma­cri. Se per­dió dos gran­des opor­tu­ni­da­des: ter­mi­nar la grie­ta, que no hizo, y traer las in­ver­sio­nes, que no lo hizo. No­so­tros hi­ci­mos un esfuerzo enor­me para traer in­ver­sio­nes, tra­ji­mos al­gu­nas, pero la si­tua­ción del país no era atrac­ti­va. An­du­ve dan­do vuel­tas, soy un sa­bue­so, y lo que tra­ji­mos cos­tó un baño de lá­gri­mas. No es­ta­ban da­das las con­di­cio­nes por lo que to­dos sa­be­mos, por el tema po­lí­ti­co, por el tema financiero, so­cial. Eso me cos­tó un hue­vo.

 – Iba a pre­gun­tar­le qué aná­li­sis hace de la ges­tión de Ma­cri, pero con lo que dijo creo que es su­fi­cien­te.

– Creo que se per­dió esas dos co­sas. No es que te­nía que crear­se la opor­tu­ni­dad, es­ta­ba dada la opor­tu­ni­dad. Bus­car un ca­mino eco­nó­mi­co de in­ver­sión muy fuer­te y sal­var la grie­ta que era fun­da­men­tal, in­clu­si­ve para las in­ver­sio­nes. Es muy di­fí­cil ve­nir a in­ver­tir en un lu­gar don­de hay ten­sión to­dos los días. Acá, no sé si es por mi for­ma de ser, pero el mi­sio­ne­ro es una per­so­na em­pren­de­do­ra que sólo quie­re tra­ba­jar y no pelearse, el mi­sio­ne­ro quie­re tra­ba­jar, el mi­sio­ne­ro va para ade­lan­te, y no por el go­bierno sino por­que el mi­sio­ne­ro es em­pren­de­dor y vanguardista.

Un acier­to que yo siem­pre re­mar­co son las low cost, eso nos hizo un gran bien para el tu­ris­mo y hay que re­co­no­cer­lo. El ae­ro­puer­to de Igua­zú, que era in­ter­na­cio­nal pero no ha­bía vue­los in­ter­na­cio­na­les, ha­bía que con­ver­tir­lo en in­ter­na­cio­nal con vue­los a Eu­ro­pa, por ejem­plo, y hoy estamos co­nec­ta­dos; tam­bién hay vue­los a Lima, a Chi­le; in­ter­na­men­te a Ro­sa­rio, a Cór­do­ba. To­dos eso es tu­ris­mo, el tu­ris­mo es di­ne­ro, es trabajo.

 – ¿En qué cree que se equi­vo­có en la re­la­ción con el Go­bierno na­cio­nal? ¿De qué se arre­pien­te?

– Co­me­to un error por día, aho­ra es­toy pen­san­do que en mil qui­nien­tos días son mil qui­nien­tos erro­res. Otra fal­ta del Go­bierno na­cio­nal, fue el tema de la in­te­gra­ción y los puen­tes. Algo en lo que me ilu­sio­né es en po­der con­for­mar una zona, una re­gión, con el orien­te pa­ra­gua­yo, los tres Es­ta­dos del sur de Bra­sil, y Mi­sio­nes. Ha­cer un con­ve­nio im­por­tan­te, vi­vi­mos mu­cha gen­te en ese en­torno, me ilu­sio­ne con los puen­tes que no ocu­rrie­ron.

 – ¿Se arre­pien­te de ha­ber­se ilu­sio­na­do?

– Sí, me arre­pien­to de ha­ber­me ilu­sio­na­do. Yo pedí los puen­tes, lo hice in­sis­ten­te­men­te, como co­rres­pon­de, de to­das las for­mas, de toda las ma­ne­ras. Para el desa­rro­llo de Mi­sio­nes los puen­tes son cla­ve.

 – Pien­so que debe ser poca la gen­te que se arre­pien­te de una ilu­sión.

– Sí, pue­de so­nar raro. Era una ilu­sión, tam­po­co una fan­ta­sía, era algo que se po­día ha­cer.

 – Di­ga­mos que le ge­ne­ró una ex­pec­ta­ti­va.

– Ex­pec­ta­ti­va, esa es la pa­la­bra, ilu­sión sue­na a una cria­tu­ra y a Papá Noel. No sé si puse lo su­fi­cien­te yo tam­bién, creo ha­ber he­cho todo el esfuerzo, pero tal vez no lo hice. Esos puen­tes eran cla­ve para Can­de­la­ria, para El­do­ra­do, otros dos puen­tes con Bra­sil.

 – ¿En qué cree que ha evo­lu­cio­na­do la re­no­va­ción des­de sus inicios has­ta el pre­sen­te?

– Hay mu­ta­cio­nes que son inevi­ta­bles. Yo creo que un par­ti­do po­lí­ti­co, un es­pa­cio po­lí­ti­co, un mo­vi­mien­to po­lí­ti­co, es una cosa que está en mo­vi­mien­to, en per­pe­tuo cam­bio. Cuan­do nace la re­no­va­ción, acá en éste lu­gar, cuan­do nos con­vo­ca (Car­los) Ro­vi­ra, se plan­tea una rup­tu­ra con el pa­sa­do, un em­pe­zar de nue­vo des­de lo lo­cal y de­jar los par­ti­dos na­cio­na­les que fue­ron un fias­co so­cial mar­ca ca­ñón. Ese fue el gé­ne­sis.

Ha­bía ra­di­ca­les, pe­ro­nis­tas, in­de­pen­dien­tes. Des­pués fui­mos tor­cién­do­nos, lo digo des­de un sen­ti­do po­si­ti­vo. No ha­bía doc­tri­na, todo fue velocidad, en­tre que nos jun­ta­mos y las elec­cio­nes pa­sa­ron tres me­ses. Me acuer­do que cuan­do yo asu­mí como mi­nis­tro de Edu­ca­ción, subí a un es­ce­na­rio y ha­bía gen­te a la que no co­no­cía y eran mi­nis­tros. Em­pe­za­mos de cero y en me­dio de una cri­sis des­co­mu­nal.

Des­pués fui­mos virando ha­cia, no voy a de­cir doc­tri­na ni mu­cho me­nos ideo­lo­gía, una nue­va lí­nea de pen­sa­mien­to muy afin­ca­da en lo mi­sio­ne­ro, en lo bien misionerista, des­de lo iden­ti­ta­rio con lo pro­pio, des­de lo his­tó­ri­co has­ta lo gas­tro­nó­mi­co, des­de lo ener­gé­ti­co has­ta lo eco­ló­gi­co.

Des­pués nos dimos cuen­ta que go­ber­nan­do con un es­ti­lo pro­pio y con lo nues­tro, no nos iba tan mal. Siem­pre me mo­les­tó que si vos no va­li­das el pensamiento del país cen­tral, tu pen­sa­mien­to no vale. Es como que no te per­mi­ten pen­sar des­de un tér­mino mi­sio­ne­ro. Siem­pre es­ta­mos tributando al país cen­tral. Creo que la evo­lu­ción de no­so­tros es esa, mu­cho más con lo pro­pio, mu­cho más con lo nues­tro, mu­cho más fe­de­ral.

 – ¿El re­fresh oca­sio­nó al­gún tipo de ero­sión o grie­ta den­tro de la re­no­va­ción?

– Creo que Car­los (Ro­vi­ra) fue muy in­te­li­gen­te ahí. Si la gen­te has­ta aho­ra nos ha acom­pa­ña­do, es­ti­mu­lan­do y tam­bién mar­can­do los erro­res, es por­que evi­den­te­men­te tie­ne una pers­pec­ti­va de cam­bio. Hay gen­te que se can­só, otros se fue­ron a la casa, y te­nés que po­ner nom­bres nuevos; no por un tema de mar­ke­ting, sino has­ta por un tema de ener­gía. Hay mu­cha gen­te que se can­sa rá­pi­do. Yo ave­ces me enojo y lo digo pú­bli­ca­men­te, se que­dan en los des­pa­chos con el aire. Yo aho­ra ven­go de Ya­pe­yú y ma­ña­na a la ma­dru­ga­da me voy a Co­lo­nia Au­ro­ra, no me can­so, me en­can­ta es­tar con la gen­te.

 – ¿Puer­tas aden­tro hubo al­gún tipo de ero­sión?

– Creo que no, no sé. Yo su­pon­go que al que le tocó irse se pudo ha­ber ido amar­ga­do o fe­liz, no lo sé. Yo a eso no lo per­ci­bo, al con­tra­rio, te juro que yo veo muy bue­na onda en­tre los com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo, pero es lo que veo.

 – En­tien­do que el de­no­mi­na­do Pac­to Fis­cal sig­ni­fi­có una pér­di­da de 2.000 mi­llo­nes de pe­sos anua­les para Mi­sio­nes. ¿Por qué lo fir­mó? 

– Esa es la pér­di­da im­po­si­ti­va, pero ha­bía com­pen­sa­cio­nes en la pér­di­da fis­cal. Fir­ma­mos casi to­dos los go­ber­na­do­res. Lo que vos per­días por la baja de in­gre­sos bru­tos –este es un tema de arit­mé­ti­ca– iba a ser com­pen­sa­do por Na­ción y de he­cho, de al­gu­na ma­ne­ra, lo fue. Lo que pasa es que cuan­do vos ba­jas los im­pues­tos, a la lar­ga la Na­ción no te va a ir com­pen­san­do. Es de­cir que a la lar­ga el efec­to no es bueno. Lo que pasa es que Na­ción co­me­te un gran error con no­so­tros cuan­do nos saca el fon­do fe­de­ral de la soja. Eso no es­ta­ba en los pla­nes, eso no es lo que fir­ma­mos. Cuan­do em­pie­za a ha­ber in­cum­pli­mien­to de lo fir­ma­do todo co­mien­za a tras­ta­bi­llar, des­pués vie­ne la de­mo­ra con el FET y to­das las otras co­sas.

 – Es de­cir que por un lado us­ted re­co­no­ce la pér­di­da, pero ob­ser­va que por otro lado ha­bía una com­pen­sa­ción.

– Ha­bía una com­pen­sa­ción que a la lar­ga no era bue­na, pero era una for­ma de sa­lir en ese mo­men­to del lío. Acor­da­te que es­tá­ba­mos con el tema del dé­fi­cit y a las pro­vin­cias tam­bién les con­ve­nía que el dé­fi­cit no se des­ba­rran­que, ade­más al mis­mo país, por­que sino nos íba­mos to­dos al bom­bo. Yo sigo sos­te­nien­do que lo que nos di­fe­ren­cia enor­me­men­te de Ma­cri –yo era el úni­co go­ber­na­dor que le de­cía las co­sas de fren­te, no soy cons­pi­ra­dor– es que la po­lí­ti­ca fis­cal del Go­bierno na­cio­nal es muy mala para la gen­te. Eso de ba­jar im­pues­tos sue­na her­mo­so, pero el Es­ta­do se vuel­ve ra­quí­ti­co y no pue­de dar res­pues­ta, so­bre­to­do al que me­nos tie­ne.

Te di­cen que si no ba­jas los im­pues­tos el em­pre­sa­rio no viene a in­ver­tir, pero si ba­jas im­pues­tos no ha­ces ca­mi­nos, no ha­ces es­cue­las para que los hi­jos del obre­ro pue­da ir a es­tu­diar o pue­da ir a curarse a un hos­pi­tal. La pre­gun­ta es cuán­to te da el Es­ta­do por tus im­pues­tos, no si ese im­pues­to es alto o bajo. Si el Es­ta­do no te da un ca­ra­jo, el 0,01 es mu­chí­si­mo, si te da mu­cho el 50 % es poco. Nues­tra teo­ría fis­cal dice que no hay que en­deu­dar­nos y re­cau­dar lo más que se pue­da, siem­pre fue muy rí­gi­da y te­nía­mos que ba­jar unos es­ca­lo­nes y no lo hi­ci­mos por­que veía­mos que Na­ción iba a de­jar de com­pen­sar, ahí blo­quea­mos la baja de im­pues­tos.

 – En Ju­nio la re­no­va­ción tuvo el 75% de los vo­tos y en oc­tu­bre sa­lie­ron ter­ce­ros. ¿Qué aná­li­sis hace?

– Yo sos­ten­go y sos­ten­dré que la bo­le­ta cor­ta es una enor­me sa­li­da, es la úni­ca sa­li­da, des­de el pun­to de vis­ta elec­to­ral. La sa­li­da es im­po­si­ti­va, que la Ar­gen­ti­na re­plan­tee sus im­pues­tos. Que va­yan tres pe­sos y vuel­va uno, no hay for­ma, no hay pac­to, no hay nada, más allá de lo cul­tu­ral o lo co­mu­ni­ca­cio­nal. Hay un con­cep­to erra­do, es co­lo­nial, es vie­jo, ha­gá­mo­nos car­go, hay algo que des­de Bue­nos Ai­res no está fun­cio­na­do. La bo­le­ta cor­ta es tu for­ma de in­de­pen­di­zar­te. Va en ca­mino de esa evo­lu­ción, de la que te de­cía que es lo pro­pio.

Los dipu­tados na­cio­na­les son dipu­tados del pue­blo de Mi­sio­nes ante la Na­ción y voy a lu­char para que sal­gan del fue­ro Fe­de­ral, no sé si lo lle­ga­ré a ver. Los dipu­tados Na­cio­na­les son de la pro­vin­cia, no son de la Na­ción. No pue­de el Pre­si­den­te y la jus­ti­cia Fe­de­ral in­ter­ve­nir en tus dipu­tados na­cio­na­les, sí en el caso del Pre­si­den­te por­que es dis­tri­to úni­co. A los dipu­tados na­cio­na­les los ele­gís vos cuan­do que­rés y don­de que­rés. La bo­le­ta cor­ta te da esa in­de­pen­den­cia. Se armó toda una en­sa­la­da con la grie­ta, las bo­le­tas, pero bueno, lo que quie­ro de­cir es que es­toy a fa­vor de la bo­le­ta cor­ta, oja­lá que nun­ca ter­mi­ne y que to­das las pro­vin­cias va­yan ha­cía la bo­le­ta cor­ta.

 – ¿Us­ted dice que la pér­di­da de ese cau­dal de vo­tos es como con­se­cuen­cia de la bo­le­ta cor­ta?

– Me ibas a ha­cer dos re­pre­gun­tas y ya vas por la ter­ce­ra.

– Me pre­gun­ta­ba si hubo al­gu­na otra cosa que haya in­ci­di­do.

– No. No­so­tros creí­mos, tal vez un acto de jac­tan­cia, ha­ber lle­ga­do a un pun­to de ma­du­rez en la que Mi­sio­nes pue­da te­ner su pro­pia iden­ti­dad de dipu­tados tan­to en lo pro­vin­cial como en lo na­cio­nal. Pudo ha­ber sido un acto de arro­gan­cia po­lí­ti­ca, no lo sé. No­so­tros es­ta­mos con­ven­ci­dos en que la cosa debe ir ha­cia la bo­le­ta cor­ta, tie­ne que ser cor­ta, tie­ne que ser cor­ta. Ya nos sa­ca­ron el Co­le­gio Elec­to­ral en el 94, de a poco te van sa­can­do he­rra­mien­tas po­lí­ti­cas. ¿Por­qué un go­ber­na­dor no pue­de con­vo­car a los dipu­tados que van a re­pre­sen­tar a los mi­sio­ne­ros ante la Na­ción?

 – Hay un vi­deo suyo, he­cho du­ran­te la cam­pa­ña, en don­de dice que los tres can­di­da­tos a la pre­si­den­cia eran igua­les y que lo que im­por­ta­ba era vo­tar a los dipu­tados de la re­no­va­ción. ¿Hoy si­gue pen­san­do que Ma­cri es igual a Fer­nán­dez?

– No, no, no. Yo no dije lo que yo pen­sa­ba, yo dije lo que la gen­te po­día vo­tar. Yo voté a Al­ber­to, no­so­tros siem­pre vo­ta­mos a Nés­tor, a Cris­ti­na, a Da­niel (Scio­li). Lo que no­so­tros di­ji­mos, pudo ha­ber sido un acto de jac­tan­cia, es que la gen­te se­pa­re lo que es el ám­bi­to na­cio­nal y que vo­te­mos…

 – Fue una mala ex­pli­ca­ción, en todo caso.

– Yo creo que no es un error con­cep­tual.

 – En el vi­deo fue cla­ro, dijo que los tres eran igua­les.

– No, no, no. En­ton­ces fue un error mío. Lo con­té para el ca­ra­jo. No era la idea.

 – En­ton­ces que­da cla­ro que no era la idea.

– No, cla­ro. Vo­ten a quien corno quie­ran en lo na­cio­nal. Si yo lo pu­die­ra ex­pli­car bien, una cosa así como el slo­gan `La cosa no está fá­cil´. Lo que quie­ro ex­pli­car es que hay que rom­per con Bue­nos Ai­res, hay que ani­mar­se a rom­per aún a cos­ta de… Pero lo del vi­deo te la pon­go como mala mía, si sonó así sos el pri­me­ro que me lo dice.

 – ¿Cuá­les son sus nue­vos ob­je­ti­vos po­lí­ti­cos y qué apor­ta­ría a la le­gis­la­tu­ra?

– Yo fui dos años dipu­tado y la ver­dad es que apren­dí mu­chí­si­mo, fue una es­cue­la fan­tás­ti­ca; soy de los que creen que se apren­de toda la vida. No sé qué es lo que pue­da apor­tar, no hay nin­gu­na ex­pe­rien­cia de un go­ber­na­dor que vaya de dipu­tado al re­cin­to, así que voy a dar todo lo que pue­da. Yo tra­té de ser un dipu­tado se­rio, me es­me­ra­ba mu­cho, es­tu­dia­ba como en la es­cue­la.

En ese mo­men­to no ha­bía nin­gún mé­di­co en el blo­que y me tocó de­fen­der el Par­que de la Sa­lud, la opo­si­ción es­ta­ba con­ven­ci­da de que los po­bres no iban a po­der en­trar si no te­nían obra so­cial, que era una cosa de­ma­sia­da fa­bu­lo­sa para ser ver­dad, que casi la mi­tad de los mi­sio­ne­ros no iban a po­der ac­ce­der a la sa­lud, des­pués la his­to­ria de­mos­tró que no fue así. La cues­tión es que lo tuve que de­fen­der yo, en­ton­ces me puse a es­tu­diar, esos son los desa­fíos que me gus­tan. Yo es­toy muy en­tu­sias­ma­do, oja­lá pue­da apor­tar, no lo sé.

 – Me da pié para la pró­xi­ma pre­gun­ta que jus­ta­men­te tie­ne que ver con la sa­lud pú­bli­ca. ¿Cuál es su opi­nión res­pec­to a la in­te­rrup­ción vo­lun­ta­ria del em­ba­ra­zo no desea­do?

– Yo me re­ser­vo la res­pues­ta.

 – ¿Por qué? 

– Des­pués te lo cuen­to. Ten­go una opi­nión pero me la re­ser­vo.

 – En su mo­men­to Car­los Ro­vi­ra, pa­la­bras más o me­nos, dijo que a la gen­te le que­dó como un gus­ti­to a poco, con más ga­nas de Pas­sa­lac­qua. Como que al elec­to­ra­do le hu­bie­se gus­ta­do cua­tro años más de su ges­tión. ¿Y a us­ted le hu­bie­se gus­ta­do?

– Ni asu­mió Os­car (He­rre­ra Ahuad), qué se yo.

– Eso dijo Ro­vi­ra. Me gus­ta­ría sa­ber qué opi­na Pas­sa­lac­qua.

– No sé, fue­ra de joda, me pa­re­ce tan ex­tem­po­rá­neo. No lo sé, aho­ra quie­ro ser un buen dipu­tado. To­da­vía me fal­tan cin­co días y es una in­men­si­dad de tiem­po, en una hora pue­den pa­sar tan­tas co­sas. Yo creo en la con­duc­ción po­lí­ti­ca, y creo en que hay una ha­bi­li­dad po­lí­ti­ca de nues­tro es­pa­cio en in­ter­pre­tar vo­lun­ta­des, sin­ce­rar, sin­te­ti­zar, ver qué es lo que le con­vie­ne a la pro­vin­cia. Lo que con­vie­ne hoy no lo sé, quién sabe de acá a cua­tro años, yo no lo sé.

 – Pero no des­car­ta vol­ver.

– No, no, cla­ro, eso no. Pero tam­po­co mue­vo un dedo para nada.

 – Per­fec­to, pero es una po­si­bi­li­dad que no la des­car­ta.

– No, pero aho­ra quie­ro ser buen dipu­tado. Y de úl­ti­ma me iré al aula que es lo más her­mo­so que me pue­de pa­sar, yo dudo mu­cho de no es­tar en el aula, a mi me en­can­ta dar cla­ses.

 – Pero no des­car­ta el día de ma­ña­na que­rer vol­ver.

– No.

 – Voy a ha­cer una sola re­pre­gun­ta. Cuan­do ha­bla­mos de la evo­lu­ción de la re­no­va­ción us­ted tiró al­gu­nos con­cep­tos in­tere­san­tes. Dijo que no hay una doc­tri­na, algo que ven­go ad­vir­tien­do des­de mis es­cri­tos. Des­de hace un tiem­po me da la im­pre­sión que a la re­no­va­ción le fal­ta vol­car el pen­sa­mien­to en pa­pel, es­ta­ble­cer una doc­tri­na pro­pia. Es de­cir, en ma­te­ria eco­nó­mi­ca pen­sa­mos tal cosa, en lo fis­cal x cosa, en lo so­cial tal otra, so­bre la re­gión cree­mos tal cosa, del mun­do tal otra, so­bre el país y el fe­de­ra­lis­mo pen­sa­mos lo si­guien­te. Me da la sen­sa­ción que la re­no­va­ción de­be­ría tra­ba­jar en es­ta­ble­cer sus ba­ses y pa­rá­me­tros doc­tri­na­rios. La re­no­va­ción ya tie­ne una his­to­ria que le es pro­pia, tie­ne un sen­ti­mien­to te­rri­to­rial, tie­ne un cuer­po, apren­dió a ca­mi­nar, hoy tro­ta. Aquel pen­sa­mien­to, al igual que otros que tie­nen que ver con la his­to­ria de los mo­vi­mien­tos po­lí­ti­cos, de­be­ría es­tar plas­ma­do, ex­pues­to, pre­sen­ta­do ante la so­cie­dad y la his­to­ria, e in­clu­so ex­por­tar­lo al res­to del país. 

– ¿Ex­por­tar­lo?

 – Por qué no. El pen­sa­mien­to se com­par­te. 

– El día que al­guien pien­se en ex­por­tar­lo, na­cio­na­li­zar­lo…

 – Ha­blo de ex­por­tar el mo­de­lo, de com­par­tir co­no­ci­mien­to. Mu­chas pro­vin­cias pue­den apren­der co­sas po­si­ti­vas de la re­no­va­ción, al país no se le pue­de ne­gar eso.

– Eso te lo pue­do re­co­no­cer. Te doy la de­re­cha con el tema. Te­ne­mos po­cos años; el ra­di­ca­lis­mo, por po­ner un ejem­plo, es 1906, no­so­tros es­ta­mos em­pe­zan­do la se­cun­da­ria. Hay un dé­fi­cit en la po­lí­ti­ca na­cio­nal del país, no se es­cri­be, hay una fa­len­cia in­te­lec­tual fa­bu­lo­sa. Des­pués de los 80, que fue el úl­ti­mo bum de la in­te­li­gen­cia, del tea­tro, del cine, de la fi­lo­so­fía, de la li­te­ra­tu­ra. Hoy na­die es­cri­be, na­die se sien­ta a re­fle­xio­nar, a de­ba­tir, lo ha­cía­mos en la ju­ven­tud con do­cu­men­tos de po­lí­ti­ca na­cio­nal, in­ter­na­cio­nal, de de­re­chos hu­ma­nos, ha­bía mu­cho que leer y hoy esa exi­gen­cia no está. La pre­gun­ta me in­ter­pe­la.

Hoy eso no lo hace na­die, hace vein­te años que na­die lo pien­sa en esos tér­mi­nos, en la pro­vin­cia tam­po­co. No­so­tros te­ne­mos un pro­to­pen­sa­mien­to que no lle­ga a ser doc­tri­na, en todo caso te­ne­mos una sola doc­tri­na que es mi­sio­ne­ris­mo, que es de múl­ti­ple in­ter­pre­ta­ción, que es lo úni­co que se apro­xi­ma. Cla­ro que hay que desa­rro­llar­lo más. No­so­tros so­mos un pro­yec­to mi­sio­ne­ris­ta y po­pu­lar.

 – ¿Qué le due­le?

–Me due­le la inequi­dad, la im­po­ten­cia de no te­ner los re­cur­sos ne­ce­sa­rios. El sis­te­ma está ar­ma­do así, co­mu­ni­ca­cio­nal, vial, fe­rro­via­rio, aé­reo, fi­nan­cie­ro, cul­tu­ral, mien­tras eso ocu­rra va­mos a es­tar así. A mi Al­ber­to (Fer­nán­dez), en lo per­so­nal, me con­ven­ció cuan­do él plan­teó que él iba a go­ber­nar con 24 go­ber­na­do­res, eso fue mú­si­ca. Eso nos ilu­sio­na mu­cho. En un acto en Cha­co, él dijo: “yo soy por­te­ño, na­ci­do en una ciu­dad lle­na de pri­vi­le­gios, y la ver­dad es que no está bien”. Cla­ro, no está bien que ellos ten­gan todo y ven­gan acá y la gen­te esté como está.

La en­tre­vis­ta ter­mi­nó pero Pas­sa­lac­qua si­gue ha­blan­do, ex­pla­ya sus con­cep­tos, acu­de a la his­to­ria y a los pró­ce­res, se irri­ta con el fal­so fe­de­ra­lis­mo que hay en el país. Man­tie­ne un tono pau­sa­do y cuan­do se enoja se ace­le­ra y las pa­la­bras se amon­to­nan en su boca, res­pi­ra y vuel­ve a la car­ga. Su cuer­po si­gue es­tan­do en el mis­mo si­llón des­de hace dos ho­ras, en el quin­cho de la Re­si­den­cia ofi­cial, pero pa­re­ce que su men­te está en un aula don­de anida el pen­sa­mien­to. El go­ber­na­dor vuel­ve a ser pro­fe­sor, vuel­ve a dar cá­te­dra. Le­van­ta la voz para que es­cu­chen los del fon­do, pero el úni­co alumno que hay en ese mo­men­to es el arri­ba fir­man­te.

Fernando OZ

Puente Aéreo