En el ataque en Congreso no hubo mafia ni sicarios

Los dos atacantes están identificados y todo indica que se trató de un ajuste de cuentas con Yadón, por cuestiones personales. Olivares estaba grave anoche. Patricia Bullrich presentó el ataque como «la constatación del las mafias que trabajan en nuestro país».

Pocas horas después de que el diputado radical por La Rioja Héctor Olivares fuera herido y su asesor Miguel Marcelo Yadón fuera asesinado a balazos a metros del Congreso, la imagen que recorrió el país desarmó las elucubraciones sobre un crimen político, las mafias, el delito organizado y todo lo que se quiso instalar durante la mañana.

En los minutos previos ya había circulado la información de que el Volkswagen Vento gris, patente LYS656, desde el que salieron los disparos, no tenía pedido de captura ni había sido robado. Eso empezaba a descartar que el hecho fuera un asesinato sofisticado.

Pero cuando las cámaras mostraron a un hombre voluminoso, en visible estado de ebriedad, moviéndose dificultosamente al disparar, las especulaciones políticas quedaron casi en la nada. El homicida, Juan Jesús Fernández, a quien llaman El Gitano, se subió lentamente al Vento, que figura a su nombre, y se alejó sin apuro. No fue muy lejos: dejó el auto a pocas cuadras en el estacionamiento donde deja el vehículo desde hace años.

Los empleados del lugar testimoniaron que estaba borracho y que iba acompañado por alguien que siempre conocieron como su hijo y que también se llama Juan Jesús.

Después se supo que el arma calibre 40 usada para el crimen estaba registrada a nombre de Fernández padre, por lo cual se derrumbó en forma definitiva la hipótesis del sicario: ningún asesino a sueldo usa su propio auto, su arma y se exhibe a cara descubierta.

Dos más dos. Con algo de vergüenza, hubo un conato de politizar lo sucedido desde el primer momento.

La Casa Rosada trató de instalar las palabras «mafia», «sicarios», «crimen político». Como el fallecido y el herido eran de origen radical y miembros de Cambiemos, sólo había que sumar dos más dos. El peronismo quedaba en la mira, sin demasiadas sutilezas.

Hubo algún canal oficialista que se despachó con una comparación de lo ocurrido en Plaza Congreso con el caso Nisman, aunque rápidamente ahogaron el disparate.

La ministra Patricia Bullrich, al mediodía, no se sonrojó cuando hablo de «mafia» al presentar el video de los hechos. Sin embargo, a primera vista, se pudo percibir que el supuesto «sicario» era un torpe que apenas podía caminar.

Las imágenes no dejaban duda: el sujeto empezó disparando desde adentro del auto, luego se bajó con dificultad, se concentró en Yadón –a quien mató– y no le prestó la menor atención a Olivares. El diputado resultó impactado porque quedó en la línea de tiro, pero el objetivo era el funcionario de origen catamarqueño. Es más, El Gitano pudo haber rematado a Olivares, pero no le dirigió ni siquiera una mirada.

Disparos 

Según las pericias, los disparos fueron cuatro y uno atravesó el cuerpo de Olivares y dio en Yadón. Los otros tres disparos fueron directamente para Yadón.

Las vainas se correspondieron con un calibre 40, un arma letal. Fernández tiene un arma registrada a su nombre, justamente calibre 40, comprada de forma legal, pero con permiso ya vencido. Ese dato suma a descartar la hipótesis del sicario o la mafia: el crimen organizado no suele registrar armas a nombre de los ejecutores.

En principio el homicida es Fernández, pero no está del todo claro si el que dispara es El Gitano o su hijo o sobrino.

Los empleados del estacionamiento dijeron que siempre conocieron al joven como hijo de Fernández, pero que no hay certeza. Lo cierto es que el joven que aparece en las imágenes, que se llamaría también Juan Jesús, salió del auto del lado en que cayeron las víctimas, lo que hace pensar que se pasó desde el asiento del acompañante, pero tampoco se puede descartar que haya estado sentado en el asiento de atrás y que haya sido el que disparó.

Lo asombroso es que se ve que le quedaron proyectiles, porque cruzó la calle y arrojó las balas en un tacho de basura. La escena fue captada por una cámara de seguridad.

En algún momento volvió al vehículo porque Fernández y su hijo o sobrino llegaron al estacionamiento ubicado a pocas cuadras, en Bartolomé Mitre al 1400, unos seis minutos después del homicidio. La empleada del estacionamiento mencionó que los dos estaban en visible estado de ebriedad.

Móvil 

Tempranito, los medios arrancaron diciendo que tal vez habían apuntando contra Olivares porque se opuso a la reelección del gobernador Sergio Casas en su provincia. Cualquiera con un mínimo conocimiento sabe que la jugada contra Casas fue esencialmente de la Casa Rosada.

Olivares era una persona de perfil bajo y poca confrontación. Luego fueron para el lado de las barras bravas, señalando que Olivares tenía algún protagonismo en la llamada ley anti-barras. Lo cierto es que el diputado no era ni siquiera de la Comisión de Legislación Penal y tampoco tuvo un rol de importancia en el debate de la norma.

Después de ver las imágenes, la fiscal Estela Segura de Andrades y el juez Mariano Iturralde descartaron el móvil político y se concentraron en dos aspectos. En primer lugar, ubicar al homicida y su cómplice. En segundo lugar, buscarle una explicación más real al crimen.

El Gitano aparentemente se dedicaba a vender perfumes truchos, ropa y, tal vez, autos usados. En la AFIP figura en el rubro de venta ambulante o en gastronomía, siempre con montos muy bajos.

Aparece con domicilios fiscales en Puerto San Julián, en Santa Cruz, y en la avenida Belgrano al 1700 en CABA. Este último domicilio fue allanado durante muchas horas sin resultados concretos. La hipótesis de la existencia de una deuda no puede ser descartada, pero por el encono del asesinato los criminalistas creen que hay una cuestión de infidelidad de por medio.

Por supuesto que la clave estará en la detención de los Fernández. A la tarde fue apresado un familiar, Rafael Cano Carmona, que tenía una tarjeta azul del Vento.

En fuentes policiales es unánime el diagnóstico de que Carmona no tuvo nada que ver con el homicidio, pero que la intención fue interrogarlo y, al mismo tiempo, poner presión sobre los prófugos. Seguramente le preguntaron dónde pueden estar escondidos sus parientes.

No da la impresión de que los Fernández tengan mucha capacidad ni económica ni logística para escapar de los organismos de seguridad. Al atardecer se mencionaba que habían huido hacia una ciudad bonaerense o que estaban refugiados en el conurbano. El foco de atención está en su captura y también en la recuperación de Olivares, internado en grave estado en el Hospital Ramos Mejía.

Todo indica que el asesinato de Yadón es una novela macabra que tendrá un final a corto plazo con la detención de los Fernández.

Claro que mientras tanto, con el aliento del aparato político-judicial-mediático de Cambiemos, se trató de darle a la historia un tinte electoral para contrarrestar las malas noticias de la economía y las encuestas.

Raúl Kollmann

Página/12

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