El trabajo no es cosa de chicos, por Raul Ferrara

Desde hace 17 años, a instancia de la Organización Internacional del Trabajo todos los 12 de Junio se conmemora en el mundo el Dia Internacional contra el Trabajo Infantil con el objeto de concientizar acerca de la magnitud de este problema y aunar esfuerzos para erradicarlo.

En Argentina, el trabajo de menores de 16 años no solo está prohibido por ley sino que desde el año 2008, a partir de la sanción de la Ley 26390, es considerado un delito con el que se penaliza a los empleadores que se aprovechan económicamente del trabajo de niños.

Sin embargo, lo que ya bien entrado el siglo XXI no debería ser materia de cuestionamiento, desde algunos sectores es visto con buenos ojos, destacando las bondades del trabajo temprano “para forjar el espíritu” o incluso señalando que “mejor que trabaje antes de que robe o se drogue”.

Ese mensaje reaccionario proviene incluso de cierta dirigencia política cercana o afín al gobierno. Recordemos el elocuente discurso del Senador por Entre Rios Alfredo De Angeli en el año 2014 pidiendo la legalización del trabajo infantil rural, o la nunca desmentida ni aclarada autorización de trabajo infantil a 45 chicos del recientemente reelecto Gobernador de Jujuy Gerardo Morales en el año 2018.

Lo cierto es esta mirada omite considerar o, lo que es peor, oculta deliberadamente lo evidente: la pobreza que obliga a un niño a trabajar cuando debería estar disfrutando su niñez.

Pero incluso a quienes realizan ese análisis sesgado y simplista de las bondades del trabajo infantil se les dificulta sostenerlo frente a algunos interrogantes.

A quienes le otorgan un rol formador habría que preguntarles ¿cómo inciden las labores desde la edad temprana en la educación del niño.

En los casos en que el niño esta escolarizado ¿tiene el mismo rendimiento ese niño que trabaja? ¿tendrá las mismas oportunidades formativas un niño que trabaja respecto del que no lo hace? ¿Cuál es el nivel de terminalidad escolar de un niño que trabaja?

A quienes le reconocen una función colaborativa con la economía familiar habría que preguntarles: ¿Por qué no se contrata a un adulto para realizar esa tarea? ¿se le paga el mismo salario al niño que trabaja que a un adulto? ¿Por qué no se le paga un mayor salario u horas suplementarias al padre para que ese niño no tenga que trabajar?

Las respuestas a todos estos interrogantes nos llevan nuevamente al lugar donde empezamos: la pobreza. Pobreza que encuentra como aliado de su perpetuación al trabajo infantil.

Aun las mejores herramientas de gestión dirigidas a combatir este flagelo caen en saco roto cuando no existe una política de gobierno direccionada a la eliminación de la pobreza.

Si analizamos aquella promesa de campaña del Presidente Macri denominada “POBREZA CERO” y los resultados de una gestión que ha llevado el desempleo a dos dígitos, ha subsumido a un tercio de los argentinos y a más de la mitad de los pibes en la pobreza, es evidente que hemos transitado el camino inverso al de una lucha real contra el trabajo infantil.

Raúl Ferrara

Abogado laboralista / Docente de Derecho Sindical III UNLZ / Ex Director Nacional de Fiscalización del MTEySS / Ex Director Provincial de Asuntos Legales / Ex Director Provincial de Inspecciones del MTBA / Consultor Externo de la OIT

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