Argentina: justicialistas vs. republicanos, por José Cornejo

Cuando Jorge Lanata fue contratado por Canal 13, inauguró un concepto: la grieta. La hizo para denunciar que los argentinas y las argentinas estábamos enfrentados y por supuesto, era culpa del gobierno nacional de entonces, es decir, Cristina Fernández de Kirchner.

Pero el término fue exitoso porque señala algo más profundo y real. La división en dos Argentinas. Aquellos y aquellas que priorizan la justicia social, la equidad, que no soportan ver niños y ancianos revolviendo basura. Y los que tienen como prioridad, la república, un conjunto de valores siempre gaseosos pero que implicaría un respeto a rajatabla de leyes perfectas a las que solo resta cumplirlas.

Como dice Alejandro Grimson en su último libro, los justicialistas tendrán mil falencias, pero salvo un enajenado, es decir Fernando Iglesias, hasta los republicanos reconocen que sus adversarios han hecho un esfuerzo por la distribución social, siempre insuficiente por supuesto.

De los republicanos no puede decirse lo mismo: su defensa de las leyes locales y la cosa pública ha sido relativa. Se han apoyado en gobiernos militares y planes económicos importados, cuyo marco legal se establecía y juzgaba en el hemisferio norte. Justo justo los republicanos suelen ser los sectores más acomodados, es decir, aquellos que deberían ceder al menos parte de sus privilegios.

Desde hace 20 años, el devenir político de nuestro país se ha transformado en una sucesión entre una coalición justicialista muy heterogénea pero estable en el tiempo contra una minoría bien compacta de sectores de clase alta y media alta. Luego de un ciclo mediano a largo, esos sectores logran articular un entendimiento con parte de los sectores de menos ingresos. Entendimiento que rápidamente se demuestra impostura y estafa. Así el péndulo vuelve a recomenzar.

En una entrevista reciente, el politógo antiperonista pero inteligente Andrés Malamud señalaba que Argentina entró en un ciclo similar al resto de los países latinoamericanos.

La rica y blanca Ciudad de Buenos Aires contra su opuesto, la plebeya tercera sección electoral, es decir, la mitad sur del Conurbano. Se podría agregar algo más al politólogo olavarriense. Las dos comunas sureñas y populares de la Capital Federal también votaron en contra del macrismo.

Ahora bien, ¿es esto una latinoamericanización de la política argentina? ¿Es el PT brasileño un partido tan representativo de la clase obrera, capaz de ganar todas las presidenciales como lo hizo el kirchnerismo desde 2003 con la ajustadísíma excepción de 2015? ¿Es el partido de Andrés López Obrador de México la representación de los sectores populares como lo es el peronismo acá? Considerando lo que sigue pasando en Chile, ¿representa el Socialismo o la Concertación a los trabajadores trasandinos?

En todo caso, lo que une al peronismo con otros partidos similares de América Latina es la tradición del nacionalismo popular, que no es novedad. Se remonta a los años 40. No hay una nueva latinoamericanización.

Quizás lo que hay es una normalización de los partidos en Argentina, con dos fuerzas bastante estables. Una más social, más laborista pero que puede reunir desde sectores eclesiásticos hasta la militancia por la legalización del aborto. Y otra fuerza, los republicanos, que detrás de la cantinela de la separación de poderes esconde la defensa a ultranza de los ricos.

No debería sorprendernos que una tienda a vencer a la otra.

José Cornejo

Agencia Paco Urondo – APU