Carlos Baca «Las comunidades al no obtener respuesta comenzaron a buscar sus soluciones»

Carlos Baca forma parte del equipo de Rhizomatica, una de las experiencias más paradigmáticas en América Latina de redes comunitarias indígenas en México, y aprovechamos para conversar sobre el desarrollo y la evolución de las redes comunitarias en América Latina y el Caribe.

Baca, es Doctor en Sociología por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, allí desarrolló sus estudios de Maestría en Sociología y, previamente, la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de las Américas de Puebla. Fue profesor en diferentes universidades de la ciudad de Puebla y publicó diversos textos sobre la comunicación comunitaria en México. Coordina el área de Investigación de REDES AC.

 – Considerando que son muchas las definiciones ¿qué es para vos una red comunitaria?

– Tratar de definir una red comunitaria sería quitarle lo comunitario a la red ¿No? Es decir, si pensamos en qué es una comunidad y decimos “la comunidad tiene estas características” y no se puede salir de eso, eso ya no es comunidad. Le quitamos lo comunitario, lo vivo.

Hay algunas cosas esenciales que hacen que se diferencien de otros proyectos de construcción de redes o de conectividad y, el más importante, es que están fuertemente ancladas en modos organizativos y políticos del lugar en donde surgen. Probablemente, una pregunta bastante difícil de responder es si las redes comunitarias surgen de la propia comunidad o si viene un proyecto externo a poner la red comunitaria.

La necesidad existe, la gente sabe que un buen acceso a Internet o a telefonía los va a beneficiar en lo económico, en lo político, pero muchas veces no saben cómo hacerlo y, sin embargo, no ha sido impedimento para que las soluciones tecnológicas se den. Son redes en las que la gente decide qué quiere, cómo quiere conectarse y a partir de ello surge un fenómeno: la brecha digital se convierte en una oportunidad.

Las comunidades que estuvieron desconectadas y de repente empiezan a generar proyectos comunitarios tienen la misma capacidad que tuvieron los hackers de los 70’ que iniciaron “la Red”: pensar qué es lo que quieren hacer con ella.

En el caso de la telefonía celular hay comunidades que han pensado si es necesario que a los cinco minutos de una llamada se corte; entonces podrías hablar cuatro horas si quisieras, pero cada cinco minutos tendrías que volver a marcar. ¿Por qué lo harían? Para que la gente no esté todo el tiempo pegada al celular. En cuestiones de Intranet, por ejemplo, se ha discutido habilitar modelos similares de limitaciones en el uso de la red.

Un caso que me parece que tiene que ver con esto es uno de los proyectos que estamos apoyando en México: las Intranet Comunitarias. La de Abasolo, Chiapas, surgió gracias a un chico que pagaba mucho dinero por tener Internet satelital de muy mala calidad. Entonces, con lo que pudo aprender en la red, desarrolló una aplicación para vender fichas y que la gente se conectara a WhatsApp o a Facebook y, poco a poco, fue generando el proyecto. Ahora tiene conexiones mucho más estables y equilibradas, enlaces punto a punto.

Tiene un esquema en el que la Intranet es un banco de contenidos propio de la comunidad o de lo que la comunidad quiere tener en términos de entretenimiento, educación, entre otros. Y es gratuito. Entonces, uno llega a la comunidad, se conecta a WiFi abierto y puede acceder a Wikipedia, a documentales, a cursos en Moodle, y si alguno quiere entrar a Internet puede pagar por hora, por día o por mes.

 – ¿Cuáles son las principales características de las redes comunitarias de la región? ¿Con qué barreras y desafíos se encuentran?

– Si bien en todos los continentes aparecen redes tanto rurales como urbanas, y de diversas envergaduras, la primera característica del contexto latinoamericano es que predominan las comunidades apartadas que no habían sido conectadas que, en la mayoría de los casos, habían solicitado el servicio y al no obtener respuesta comenzaron a buscar soluciones.

Otra característica es que están relacionadas con otro tipo de tecnología y de medios, así como su generación en contextos tanto rurales como urbanos, situación que también se da en África, Europa o en otras regiones. También tienen un modelo de sustentabilidad económico bastante colectivizado que permite el sostenimiento de la red pero no necesariamente que la gente que trabaja en la red pueda sobrevivir de ello.

A nivel tecnológico, hay muchos tipos: satelitales, de enlace punto a punto, otras que utilizamos bandas GSM. El hecho de que hayan existido Telecentros ha facilitado o generado la idea de que se podían generar algunos proyectos colectivos.

 – ¿Qué es Rhizomatica y de qué manera ayuda a las comunidades a crear su propia infraestructura de telecomunicaciones?

– Rhizomatica es una organización que desarrolla software y tecnología. Por otro lado esta Redes AC -Redes por la diversidad, equidad y sustentabilidad AC- y nos dedicamos más al tema de sostenibilidad, de formación y del ámbito legal. De estas dos organizaciones surge un concesionario que es TIC AC -Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias- que es el encargado de operar las comunidades.

El proceso generalmente funciona de esta manera: un representante de la comunidad se acerca a TIC AC donde se le explica cuáles son las lógicas, cómo funciona la telefonía a nivel económico, político, tecnológico, etcétera-. Esta persona regresa a su comunidad y lo somete a asamblea. Si la misma decide que quiere la telefonía, entonces alguien de TIC va a la siguiente asamblea y se le explica de nuevo todo a toda la comunidad. Ahí es donde se quedan muchas de las comunidades, porque las decisiones en la asamblea siempre son muy complicadas, pero si dicen que sí, entonces lo que sigue es explicarles que la infraestructura tiene un costo. Es muy económica ya que va entre los 5.000 y 8.000 dólares de base, pero la tienen que comprar.

Nosotros podríamos regalarla, pero el hecho de que la compren significa que es de la comunidad, entonces nadie puede deshacer la red. Si hay problemas legales en algún momento y los tuvieran que embargar, no hay nada que embargar porque todo es de las comunidades. Eso es lo que pensamos que ha permitido parte de la sustentabilidad en el tiempo. Luego, deben designar al equipo de personas que va a operar la red, se les da capacitación y se realiza la instalación. A partir de ahí, ellos ya forman parte del concejo.

Porque TIC es la operadora, pero por sobre TIC está la asamblea de asociados que toma todas las decisiones y cuenta con un representante de cada una de las comunidades. Tratamos de hacer lo mismo que sucede en las comunidades y aplicarlo a la toma de decisiones y a la forma de trabajar directamente en la red. En México tenemos una figura legal que se llama “Usos y Costumbres”.

Esa figura que está en el artículo 2 de la Constitución permite que los pueblos indígenas puedan tener sus propias formas de gobierno. Entonces no hay partidos políticos, no hay elecciones, sino que cada pueblo decide cómo quiere organizarse y en esos pueblos normalmente la asamblea es el máximo poder de decisión, por eso es el modelo que hemos elegido. Nosotros recibimos la concesión en el año 2014 para poder ampliarnos a otros seis estados del país pero hasta la fecha no lo hemos hecho porque este modelo no se puede replicar en todos esos Estados, es muy particular. La forma en que funcionan otras organizaciones como Alter Mundi, Colnodo o Guifi.net, o el Instituto Nupef en Brasil son muy diferentes, entonces tienen que particularizarse.

 – ¿Cuáles son las problemáticas típicas a las que se enfrentan al llevar a cabo este proceso?

– Hay muchísimas. Lograr la figura legal de «concesiones de uso social comunitario e indígena» fue una lucha de 20 años, sobre todo para las radios comunitarias, que después facilitó que se diera la concesión a TIC para proveer de servicios de telecomunicaciones. La asignación de espectro ha sido también históricamente muy extensa. Y todavía seguimos con problemas, ya no de ley, ahora la ley los ampara, pero sí en la ejecución aparecen conflictos. Otro de los problemas ha sido que algunos operadores nos veían como competencia, entonces decidieron hacer una especie de telefonía rural que llevaron a una de las comunidades: no lo han vuelto a hacer porque no les funcionó como negocio, pero políticamente fue muy importante porque mucha gente decidió pagar la telefonía aunque les cueste casi un cuarto del salario que reciben.

Al interior de las comunidades también hay muchos conflictos: hay comunidades que cambian año a año de autoridad, y con ello también cambian las personas que operan la red, o sea, que hay que volver a capacitarlos.

Otras cosas internas son las contradicciones que se dan en las propias comunidades. Por ejemplo, es bastante común que los señores se acerquen a la red pidiendo los datos de con quién habló su esposa, es así cómo el machismo se refleja muy claramente. Un gran reto fue desarrollar el software. El software libre da una base, pero nosotros tuvimos que desarrollar muchos otros programas ya que todo lo que se ocupa en telefonía celular es privativo, es de las compañías, y no podemos saber cómo está compuesto.

Ha sido un gran reto que va solucionándose pero al mismo tiempo es lo que ha impedido que no tengamos señal de Internet: somos 2G. Empezamos con llamadas, después pudimos habilitar mensajes de texto, y así. Hace unos dos años un mensaje de texto podía demorar una semana en llegar. Ahora ya funciona bastante bien. Muy recientemente por el pedido de las comunidades se hizo un programa similar a WhatsApp, y ha sido otro gran reto. Pero vamos sorteando los problemas.

También, ya hace algunos meses que realizamos un acuerdo con Gobierno Federal para poder obtener capacidad satelital. A partir de ello nos estamos encaminando a poder brindar servicio de datos y ya no necesitaremos del servicio de los pequeños proveedores de Internet en las comunidades para poder establecer una red.

 – ¿Cómo logran dar origen a un sistema completo de red de telefonía móvil gestionado por comunidades indígenas integradas por personas que no poseen conocimientos técnicos?

– Tenés que generar capacidades. Me tocó coordinar el primer diplomado para formación de técnicos comunitarios en México. La primera edición fue de octubre de 2016 a mayo de 2017 y eran ocho módulos: Comunicación comunitaria y tecnología, electricidad, electrónica, software libre, tres especialidades en radiodifusión, en telefonía celular comunitaria y en redes comunitarias de Internet y al final un módulo de sostenibilidad y marco legal.

Fueron ocho meses, un módulo por mes, y presencial. Participaron 36 personas de seis Estados del país, y ahora hay una red de técnicos en las comunidades bastante buena que trabajan a través de WhatsApp. De repente, había radios que no funcionaban por meses porque no llamaban al técnico, o porque tardaba mucho en ir, o pagaban hasta 300 dólares por algo que era muy sencillo: un tornillo mal puesto, un cable quemado. Ahora pueden solucionarlo ellos mismos.

Es generar una comunidad de técnicos que muchas veces tienen ciertos conocimientos. Muchos de ellos, por ejemplo, son los que reparan electrodomésticos y que aprendieron a reparar electrodomésticos quemando electrodomésticos. Entonces son los técnicos de la radio pero no tienen un conocimiento más formal. En ese ámbito, a los egresados de la primera generación les vamos a dar un módulo sobre energía solar ya que lo estuvieron pidiendo para las radios, sobre todo.

 – ¿De qué manera el Estado y los demás sectores pueden trabajar de manera colaborativa y sinérgicamente para favorecer el desarrollo de las redes comunitarias?

– Yo creo que allí reside el éxito del proyecto de la telefonía celular comunitaria en México: en el hecho de haber tenido muchos actores involucrados en el proceso. Gracias a los pequeños operadores que llevan Internet a una comunidad cercana es que podemos existir. El conjunto de los actores tiene que trabajar. La academia también ha sido muy importante en la formación de capacidades: el diplomado es un equipo multidisciplinario de personas con visiones muy diferentes y eso es muy enriquecedor.

 – ¿En qué medida los debates que se dan en los espacios dedicados a la Gobernanza de Internet poseen un grado de incidencia en la labor que realizan?

– Sin duda, hay que resaltar la labor que hace la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones – APC que es la que nos pone en esos lugares. A partir de nuestra participación en estos espacios es que se ha logrado una incidencia mayor en la región: hemos logrado por lo menos que casi todos los países sepan que existen redes comunitarias, algo que hace 5 años no ocurría.

Estar en estos espacios no solo es difusión de una alternativa sino también tocar fibras sensibles. No sé cómo se podría medir el impacto concreto.

Por lo menos, ese posicionamiento en la cabeza, va generando ciertas cosas y de repente alguien nos llama y nos dice “en Brasil estamos comenzando a hacer esto, ¿cómo lo hacemos?, yo los escuche en el IGF” y esto nos permite relacionarnos con personas.

Nic Argentina

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